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Las propuestas de Kalisher y Herzl regreso a Palestina

En 1896, Theodor Herzl, periodista húngaro, se encargó de solventar el “Problema de los Judíos” para los europeos. Para el periodista, la solución al supuesto problema de la presencia judía en el continente europeo, era la creación de un Estado independiente solo para los judíos en la Palestina. Pero primero, era necesario solventar un pequeño problema en la religión judía: la prohibición del regreso de los judíos a la Palestina hasta la llegada del Mesías Judío (tal cual como está expuesto en el Talmud y el Midrash, libros sagrados del judaísmo) y quien obviamente no fue Jesús de Nazaret, ya que los judíos mismos participaron en su juicio y crucifixión (concepto de Deicida).

Para los judíos ortodoxos, el regreso de los mismos a la Palestina antes de la llegada de su Mesías era un acto de herejía. Para este pequeño problema, Herzl consiguió a unos Jajam (jefe espiritual, como un rabino) entre ellos Tzvi Hirsch Kalisher, quienes introdujeron modificaciones substanciales a la religión judía, argumentando que la llegada del Mesías debe ser “apurada” mediante la presencia de los judíos en la tierra de la Palestina. En el mismo orden de ideas, a lo largo de la historia europea, varios líderes de ese continente no le agradaban la presencia de los judíos en Europa, lideres como los Reyes Catolicos, Federico II de Prusia, Napoleón Bonaparte y Arthur Balfour (Primer Ministro Británico quien prometió la Palestina para los judíos - 1917).

Este último consideró las propuestas de Kalisher y Herzl como positivas en vista de que tenían el doble propósito de sacar a los judíos de Europa y a la vez crear una entidad que divide las tierras de los sarracenos. De esta manera nació el Sionismo…

Desde 1910, la población judía inició un proceso de inmigración masiva hacia la Palestina. Entre 1920 y 1948, dicha población judía organizó un grupo paramilitar, denominado la Haganá (la Defensa), para defender sus recientes ocupaciones de territorios árabes. Aunque en el mito de la creación del estado de Israel, que tanto se ha utilizado para darle dimensión histórica a la misma, se habla de la larga lucha de los judíos contra las fuerzas británicas en la Palestina, en realidad la Haganá se fortaleció como una banda armada gracias a la estrecha cooperación entre las fuerzas británicas y los colonos judíos.

La Gran Revuelta Árabe (1936-1939), la rebelión de los árabes contra los británicos en respuesta a las políticas de estimular la inmigración masiva de los judíos a la Palestina, no pudo ser aplastada si no después de tres años y con la colaboración entre 20.000 soldados británicos y 14.500 hombres de la Haganá, armados y entrenados por los mismos británicos.

Solo en ese conflicto murieron 400 judíos y 200 británicos, y más de 5000 palestinos. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, el Mandato Británico en la Palestina autorizó y financió la creación de la “Brigada Judía”, compuesta de 5000 soldados judíos, y el Palmach (Compañías de Ataque) de 2000 hombres con entrenamiento británico (como el del General británico Charles Orde Wingate), todos elementos que luego se incorporaron a la Haganá.

En 1942, Reinhard Heydrich Karl y Adolf Eichmann, General y Comandante respectivamente de los escuadrones de defensa (Schutzstaffel - SS) del partido fascista en Alemania, estaban encargados operativamente del Endlösung (Solución Final), el proceso de deportación y luego exterminación de los judíos europeos (askenazíes), a la vez de varias etnias y grupos como los polacos, los eslavos en general, los gitanos, los homosexuales, los comunistas y los Bibelforscher (testigos de Jehová), en los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, el programa tenía como objetivo expulsar, mediante el terror, las masacres y las deportaciones, a la población judía de Alemania y luego de los países ocupados por el Tercer Reich.

Karl y Eichmann, siguiendo las órdenes del verdadero arquitecto del Endlösung, Comandante en Jefe de las SS Heinrich Himmler, se encargaron de exterminar entre 9 y 11 millones de personas, muchos de ellos en campos de concentración como el de Auschwitz-Birkenau, cerca de la ciudad de Oswiecim en Polonia. En esta gigantesca cárcel, solamente de la población judía murieron 1.5 millones de personas.

En 1948, luego de la Resolución No. 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que declaró la partición de la Palestina entre dos estados, la Haganá empezó con el proceso de establecer el estado Israelí mediante la “deportación” de los indeseables (la población árabe) por métodos semejantes a los utilizados por los escuadrones alemanes SS en los ghettos de Varsovia y Budapest. Los líderes de la Haganá impulsaron el Plan Dalet, implementado entre 1947 y 1948, con el supuesto objetivo de “defender” el naciente estado de Israel de la invasión árabe. En realidad, “nuevos historiadores” como Benny Morris, Avi Shlaim, Ilan Pappe y Walid Khalidi, utilizando documentos sobre la Haganá recientemente desclasificados por parte del Ministerio de la Defensa Israelí, aseguran que el Plan Dalet tenía como objetivo claro la expulsión de la población árabe de los territorios palestinos mediante masacres sistemáticas.

Ya desde la década de los 1930 líderes del Sionismo como Jaim Weizmann y David Ben-Gurion hablaban abiertamente de la necesidad de “transferir” a los palestinos. Existen varios ejemplos de dicha ”transferencia”: las masacres de Deir Yassin, Al Dawayima y Eilabun, en donde bandas armadas como Irgun, Stern y Lehi (grupos considerados terroristas por los mismos británicos), masacraron y violaron a centenares de árabes. Estos grupos pasaron a ser componentes principales de la Haganá. Más de 914.000 palestinos fueron expulsados de los pueblos de Tibireus, Haifa, Jaffa, Acre y Safed, como de otros pueblos con mayorías árabes, basados en cifras de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).

La nación hebrea se fundó adoptando varios mitos, ya mencionamos el de la “resistencia” heroica a la ocupación británica, ahora continuamos con el mito de David y Goliat. El mito de la Haganá habla de un ejército disminuido, con pocos armamentos y sin control del terreno, pudo derrocar los ejércitos combinados de todos los países árabes de la manera más heroica, pues fue un David judío contra un Goliat árabe.

La realidad se puede encontrar en un informe de la Inteligencia norteamericana de fecha 27 de julio de 1948, que estima que los beligerantes estaban distribuidos de la siguiente manera: 27,000 Árabes (con la capacidad de incrementar sus soldados con 19,800 adicionales), y la Haganá con 97,800. El armamento de la Haganá y su capacidad de combate provenían directamente de los aliados de la Segunda Guerra Mundial, mientras que la gran mayoría de los países árabes estaban aún bajo el yugo del colonialismo británico o francés, sometido a las restricciones impuestas por las potencias coloniales que severamente limitaban la logística y el armamento de dichos ejércitos.

En 1950, el Estado de Israel, luego de la expulsión y las masacres, redactó una serie de leyes como la Ley de Propiedad del Ausente, que formó parte del marco legal para proclamar los territorios árabes abandonados luego de las expulsiones o las masacres perpetradas por la Haganá como propiedad del estado hebreo y luego como espacio para los judíos provenientes de otras partes del mundo. Es estimado por el Custodio de Propiedad del Ausente del Estado de Israel que más de 70% del territorio del actual estado de Israel está basado en tierras abandonadas por palestinos mediante la limpieza étnica.

En 1967, se repitió el mito. Una vez más el estado hebreo, presentándose inicialmente como una pequeña isla en un océano hostil de árabes, pudo derrocar fácilmente al ejército de Egipto y Siria, y a la vez ocupando los territorios palestinos que quedaban del mandato de la Naciones Unidas de 1948. Este milagro militar se realizó en pocos días del mes de junio de 1967. Como justificación, el gobierno israelí de Levi Eshkolargumentó que no existía otra solución salvo atacar a todos los países árabes (Egipto, Jordania, Siria y lo que quedaba de la Palestina) en vista de sus “posturas agresivas”, era la “única solución”.

Sus aliados en el departamento de estado norteamericano y la agencia de inteligencia del mismo gobierno, tenían una percepción radicalmente diferente: Nicholas Katzenbach, subsecretario de estado de la administración del Presidente Lyndon B. Johnson, argumentó que todos los informes de inteligencia de su país indicaban claramente que Israel tenía la ventaja cualitativa y cuantitativa sobre todos los árabes en armamento y preparación, y que a la vez no existía intenciones por parte de los egipcios de atacar a Israel, en virtud de la presencia de sus mejores tropas en la Guerra Civil de Yemen del Norte (con mas de 55.000 tropas egipcias para el 5 de junio del 1967).

En esta guerra, como en las dos anteriores (1948 y 1956), la Haganá, desde entonces adquiriendo el nombre sofisticado de las “Fuerzas de Defensa Israelí”, aún cuando sigue siendo las mismas bandas de la Haganá, Irgun, Stern y Lehi, triunfó contundentemente contra los ejércitos árabes. Solo que en este conflicto se hizo un poco mas difícil insistir en el mito de David y Goliat.

En 1973, la guerra de Youm Kippur, así llamada por la Haganá, o la Guerra de Ramadan (nombre para los árabes), no le fue muy bien a la Haganá, por lo cual no le haremos mucha referencia en este ensayo.

En 1982, la Haganá siguió siendo el elemento principal de este conflicto árabe-israelí. Menajem Beguin, ex líder del Irgun, la organización terrorista mencionada anteriormente, llegó a ser el Primer Ministro de Israel de 1977 a 1983. Beguin, junto a su ministro de defensa (es decir, jefe de la Haganá en esa instancia), el famoso Ariel Sharon (miembro de la Haganá desde 1942), decidieron invadir el Líbano en 1982 bajo las directrices de un plan denominado “Paz para Galilea”, con el objetivo de expulsar a los mismos “indeseables” del 1948 pero ahora en territorio libanés.

Para poder cumplir con este objetivo, el líder de la Haganá, junto a sus aliados en las “Fuerzas Libanesas”, una milicia cristiano-falangista, y bajo las órdenes directas de Ariel Sharon, tuvieron que aplicar la “única solución” al problema palestino, “transfiriendo” los refugiados palestinos de los campos de Sabra y Chatila en las afueras de Beirut, mediante la exterminación sistemática de aproximadamente 3000 refugiados en un breve periodo de 30 horas, del 16 al 17 de septiembre de 1982.

Una comisión propia del gobierno de la Haganá-el gobierno israelí- denominada la Comisión Kahan, aseguró la responsabilidad indirecta del Ministro de la Defensa en la masacre. Como siempre, la Comunidad Internacional respondió fuertemente a la masacre: Sharon renunció como Ministro de la Defensa, y posteriormente, del 2001 al 2006, fue premiado con el puesto de Primer Ministro de Israel.

En 1996, empezó el declive. En el mismo año de la masacre de Sabra y Chatila, se creó en el Líbano una organización islamista denominada “El Partido de Dios (Hezbolá)” que cuenta con un brazo político y otro paramilitar. Este pequeño grupo, que nunca se puede comparar con “el ejercito que no puede ser vencido” (eslogan de la Haganá después de la euforia de 1967), mantuvo una descarga de cohetes Katyusha y actividades de guerrilla contra la Haganá en territorio libanes e israelí desde la década de los 1980 y hasta el año 2000. En abril del 1996, la Haganá decidió poner fin a los ataques de Hezbolá en el norte de sus territorios impulsando la operación Uvas de la Ira, llevando a cabo más de 1.100 incursiones aéreas, bombardeando intensamente el Líbano con unos 25.132 proyectiles.

Lo único que la Haganá pudo lograr con un éxito espectacular fue la masacre de 106 refugiados palestinos, más de la mitad de ese número fueron niños, que estaban en un campo de refugiados de la Naciones Unidas en el pueblo de Qana. Los propios soldados de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) confirmaron con pruebas irrefutables que la Haganá estaba bien informada que el campo de refugiados solo tenía civiles, y que de todas maneras fue bombardeado.

Como consecuencia para Israel, las Naciones Unidas decidió “castigar” a Israel por masacrar a los refugiados mediante el cobro de los costos de reparación de la sede del campo de refugiados que su Haganá destruyó. Luego de varias discusiones en la Asamblea General de la o­nU, los EE.UU. argumentó que Israel no debe ser responsable de sus acciones si el objetivo de la mima es perseguir el “terrorismo árabe”. Naturalmente, no se pago ni un centavo. Pero sí siguieron los ataques de Hezbolá contra Israel, y las Katyushas, y los secuestros de soldados, y las guerras asimétricas de baja intensidad. En el año 2000, el “ejército que no puede ser vencido” se tuvo que retirar unilateralmente del Líbano, sin un acuerdo previo con Siria, sin desmantelar a Hezbolá, sin poder parar los Katyushas.

En 2006, la Haganá tuvo que regresar al Sur del Líbano. Este debacle empezó cuando Hezbolá, respondiendo a una incursión de la Haganá en la frontera con el Líbano, atacó una patrulla israelí, resultando muertos ocho soldados de la Haganá, mientras que otros dos fueron capturados. Complicando los asuntos aún más para la Haganá, un mes antes de la operación de Hezbolá, los grupos palestinos Hamas y Al Jihad el Islamy, mediante un túnel de 250 metros, atacaron un puesto de la Haganá fuera de la franja de Gaza. Durante este ataque murieron dos soldados de la Haganá, mientras que cuatro soldados más fueron heridos, y el cabo Gilaad Shalit fue secuestrado. Hasta hoy (17 de enero del 2009), el cabo sigue en manos de Hamas.

El gobierno de Israel respondió contundentemente con una operación que conllevó el bombardeo de instalaciones de transportes, comunicaciones, energéticas y militares del Líbano, así como cuarteles de Hezbolá y zonas urbanas. Aparentemente, la Haganá no pudo resistir la tentación de regresar al pueblo de Qana, esta vez con un bombardeo que dejó un saldo de 28 muertos, 16 de ellos niños. La bomba utilizada, recién llegada de los EE.UU., aún tenía las insignias de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América. Como todos los conflictos en donde participa la Haganá, el saldo total del conflicto refleja como la población civil árabe sigue siendo el objetivo preferido de esta banda armada: 1.187 libaneses muertos, 4.060 heridos, 256.000 desplazados y 15.000 viviendas destruidas. Israel sufrió 51 fatalidades (la mayoría soldados), impactaron unos 3526 misiles Katyusha modificados de Hezbolá en territorio israelí, perdió docenas de tanques Merkavá (de producción israelí), y sufrió un ataque a un buque de guerra apostado en aguas territoriales libanesas, realizado con un misil antibuque moderno.

Los resultados para el Haganá no fueron muy positivos: los soldados no fueron rescatados, y Hezbolá no fue neutralizada, el grupo sigue armado y con más influencia dentro y fuera del Líbano que lo que ya tenía antes del conflicto.

Desde el 2007, la franja de Gaza se ha transformado en la prisión más grande del planeta, con la mayor densidad de población por kilómetro cuadrado del mundo. Es tan obvio el infierno que es Gaza, que hasta los sectores más conservadores del mundo se han pronunciado al respecto: el cardenal Renato Martino, principal funcionario del papa Benedicto XVI, señaló el 9 de enero del 2009 que Gaza se asemeja ahora a un "gran campo de concentración”. Un muro de hormigón armado, de nueve metros de alto, separa la franja de Gaza de Israel, todo producto del plan del Kenesset (parlamento) de Israel para la desconexión de Gaza, aprobado en octubre del 2004. Luego vino el bloqueo al tránsito de personas y bienes de primera necesidad por tierra, mar y aire, acto que castiga atoda la población de Gaza, que depende directamente del reparto de alimentos y de los servicios básicos a cargo de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA).

Desde octubre del 2007, el gobierno de la Haganá decidió interrumpir el abastecimiento de energía (electricidad y combustible) a la Franja de Gaza, declarando a la Franja como “entidad hostil” desde mediados del 2007, terminología que simplemente indica que Israel tiene el derecho de hacer lo que otro estado no puede hacer con una población acorralada.

Las imágenes de lo que pasa en Gaza desde el 27 de diciembre del 2008 y hasta hoy, bajo el nombre de “Operación Plomo Endurecido” de la Haganá, hablan por sí mismas. No exploraremos aquí un tema que casi todos los habitantes del planeta están bien al tanto. Pero si es conveniente mencionar unas cuantas observaciones. El actual Primer Ministro del estado de la Haganá, Ehud Olmert (alumno del famoso Ariel Sharon), indicó poco después del inicio de esta nueva aventura de la Haganá, que dicha respuesta militar es “la única solución” que existe al problema palestino, frase que tantas veces ha utilizado la Haganá como justificación a sus acciones desde 1936.

Aquí vemos pocas diferencias entre la Solución Final en Alemania y la Única Solución en la Palestina. Ambas tenían sus justificaciones: los judíos, supuestamente, llevaron a los europeos a dos guerras mundiales. En el Oriente Próximo, los palestinos causaron inmensas devastaciones y masacres a la población judía con sus cohetes caseros de poca exactitud y carga explosiva, los fuegos artificiales de Hamas (cohetes Qassam) que no usan ningún sistema de guía (mortalidad <0.4%). Misiles verdaderos, al impactar en zonas pobladas, tienen el efecto que los misiles de la Haganá demuestran en Gaza (1200 muertos y 6000 heridos en solo 22 días).

Las razones siempre existen, pero el resultado es el mismo: Auschwitz-Birkenau, el Sur del Líbano y la Franja de Gaza. Y como siempre, después de la masacre, la respuesta del agresor es la misma: es culpa de los judíos, pues querían destruir a Europa; o es culpa de los palestinos, pues quieren acabar con la Haganá-quienes poseen meramente 200 bombas nucleares y lo mejor del arsenal militar estadounidense-con esos “temibles” Qassams.

Pero me permito resaltar una verdadera diferencia entre los argumentos del Partido Fascista en Alemania y la Haganá en el fabricado estado de Israel, un diferencia que es un poco controversial: mientras que la Solución Final al “problema judío” era una solución a un problema que no existía, pues solo los europeos eran responsable de sus propias miserias, la única solución de la Haganá aplicada recientemente en Gaza es, verdaderamente, la única solución que le queda a la Haganá y su estado. En eso, el Primer Ministro Ehud Olmert, no miente.

Las masacres como instrumento de política y dominio es la única alternativa que le queda a la Haganá, la evolución histórica detallada en este artículo demuestra el porqué. Es la única solución, no para el problema palestino, sino al predicamento histórico de la Haganá, la razón propia de su auge y ahora de su declive. No tiene nada que ver con las razones que dan los defensores de Israel; terrorismo, extremismo, Qassams, etc. La razón es simple. El líder egipcio Gamal Abdel Nasser proclamó, después del desastre del 1967, que “lo que se toma por la fuerza no se puede restaurar sino por la fuerza”, en referencia a los territorios ocupados por la Haganá.
Me permito presentar un corolario a la idea de Nasser: lo que se toma por la fuerza no se puede mantener sino por la fuerza. Desde que empezó el flujo de judíos a la Palestina y hasta 1967, la Haganá se dedicó a robarle la tierra al pueblo que ya existía sobre las mismas. Ese era la raison d'être de la Haganá: robar tierra, utilizando todos los métodos disponibles para realizar lo que probablemente fue, y sigue siendo, el atraco a mano armada más grande de la historia moderna. La Haganá tiene el labor casi infinito de continuamente someter a los dueños de las tierras de lo que ellos llaman Israel para que paren de reclamar por lo que es justamente de ellos.

Lamentablemente para los atracadores, que ahora y desde sus inicios no pueden dormir bien, lo que robaron lo van a tener que defender a fuerza de armas por el resto de sus vidas y las vidas de las siguientes generaciones.

La Haganá no tiene otra opción que seguir con lo que está haciendo en Gaza: lo hizo antes, es como se creó, es como nació y es como sigue existiendo, es la naturaleza de la bestia. No tiene opción porque cada ciudadano del estado artificial de Israel sabe muy bien que vive sobre tierras robadas, y la sangre de los verdaderos propietarios aún sigue fresca dentro de las grietas y los espacios que le dan vida a esas tierras.

Seguirán bombardeando y masacrando, es lo único que sabe hacer la Haganá, porque todos los esfuerzos globales de legitimación del estado hebreo, toda la defensa y la ilusión de respeto que le presta la supuesta comunidad internacional, todas las organizaciones internacionales y no gubernamentales que le prestan prestigio a dicho estado, y todas las leyes de propiedad del ausente, no pueden ocultar la simple y vulgar realidad que Israel es producto de un atraco y que los verdaderos dueños de dichas tierras siguen como refugiados.

Es por esa realidad que cuando los “humanitarios” de la Haganá le informan a la población palestina en Gaza por mensajes de texto de celulares que van a bombardear para que evacúen sus hogares, el palestino no sale, se queda en lo que es suyo. Durante la guerra contra el Líbano en 2006 y ahora en el conflicto de Gaza, los colonos judíos salen corriendo al escuchar los Qassams de Hamas, desplazados de sus supuestos hogares. No van a arriesgar la vida por tierra robada.

¿Qué le pasó al ejército que no puede ser vencido? En 1948, 1956 y 1967 derrocó a los ejércitos combinados del Gran Goliat Árabe. Pero ahora unas milicias “terroristas” como ellos la llaman, un grupo de chiitas pobres del Líbano, obliga a la Haganá a retirarse, ¡y dos veces! Peor aún, un pueblo al punto del colapso por un embargo más cruel que el que sufre Cuba, con cohetes caseros y unas cuantas Kalashnikov, sin gasolina, sin electricidad, sin apoyo de ningún gobierno, y a los 22 días del inicio del genocidio aún no pueden concretar sus objetivos, que Dios sabe cuáles son ya que nunca los anunciaron para poder esconder el inevitable fracaso. ¿Qué le pasa a la Haganá? Como caen los poderosos…

Ciudadanos árabes han sido electos en cada Parlamento israelì

Escribe: Carlos Braverman*

La globalización, la mundialización y la posmodernidad, dieron lugar al protagonismo de múltiples colectivos, en la dinámica de las sociedades.
Tanto el concepto de ciudadanía, como el de identidades culturales, comenzaron a tener otra dimensión en las luchas por un una sociedad mejor.
Surgieron las denominadas “otras voces”.

La abundancia de actores como etnias, minorías diversas, conjuntos de género, las llamadas subculturas, migrantes económicos y otros, conforman un conjunto lábil y complejo que reclaman un merecido espacio en los escenarios nacionales. La gestión de los conflictos de la sociedad civil frente a los intereses estatales exige una geometría del poder que contemple la cooperación y la interdependencia, más que la coerción.
La coexistencia se define como la existencia de dos entidades o más, en forma simultánea.

Los partidos progresistas actualizados deben anotar en su agenda este item. En Israel tenemos todos estos colectivos, pero indudablemente por el peso de la cuestión nacional, la coexistencia es por excelencia, la coexistencia judeo-árabe o viceversa.

En función de estos fenómenos posnacionales, el teórico neomarxista Ernesto Laclau, señala que en las sociedades se dan múltiples tensiones y son para él sin límite, no tienen solución de continuidad.
Entiende que estos colectivos son sujetos políticos fundamentales y constituyen el motor de ellas, como así, junto a la “categoría” de clases sociales son parte indiscutible de la lucha social.
No imagina a estos, fuera de la estrategia para el cambio social.
Revisa así el pensamiento central de Marx, donde la lucha de clases es la contradicción por excelencia y a su vez, según su criterio, tiene una connotación determinista.
Aclara que las tensiones pueden ser “contradicciones”, “oposiciones reales” y “antagonismos”. A las dos primeras, las posiciona como tensiones objetivas (entre objetos conceptuales una y objetos reales, la otra) y a la tercera, como producto del fin de la objetividad. Donde el antagonista no es algo o alguien específico que complementa con su presencia nuestra identidad y para alcanzarla, debemos pujar con el otro.
Por el contrario, pensamos que con el otro, nuestra identidad es imposible y no se puede concretar.
Ésta es una hipótesis subjetiva que no favorece las solidaridades y alianzas para los cambios.
La pluralidad pasa a ser segmentación pura y contribuye a lo reaccionario.
Desde otra perspectiva de análisis, digo que no es lo mismo multiculturalismo que multiculturalidad.
Esta última es la presencia de multiplicidad y diversidad cultural en una sociedad y el primero invita a la diagramación política de la multiculuralidad, dándole una categoría explícita y pública, junto a un programa político para la sociedad.
Y de eso trata nuestra lucha por una mutua coexistencia en la sociedad israelí: que todas las pluralidades encuentren interrelación y contexto.
De esto hablamos con reciprocidad, de alcanzar un estatus claro donde el antagonismo no imponga su perspectiva, es decir, que uno impida al otro la existencia de su identidad. Esta tarea, es una larga lucha en el seno de la sociedad civil y en las estructuras estatales.
El debate societario hacia una constitución, permitiría profundizar estas contradicciones hasta encontrar un camino sustentable.
Porque de eso trata una constitución, de reflejar una realidad, de orientar por el beneficio del derecho su dinámica y generar con mecanismos de enmienda los re-acomodamientos necesarios para su actualización.
A nivel jurídico, existen algunas cuestiones sobre la Ley de Ciudadanía, relacionadas a la población árabe que deben ajustarse para mejor.
Por lo demás, la ley israelí garantiza a los ciudadanos árabes el derecho a expresarse públicamente y a participar en el proceso político.
Ciudadanos árabes han sido electos en cada Parlamento, desde el establecimiento del Estado de Israel. En la actualidad, los árabes constituyen el 10 por ciento del Parlamento, que consta de 120 miembros.
Pero, trabajar por nuestra coexistencia, es analizar el conflicto desde su perspectiva geopolítica, histórica, religiosa, legal, económica, humanitaria y de seguridad, para entender su complejidad y posibles evoluciones.
Es también conocerse mutuamente: ambos pueblos y culturas para entender las oportunidades de lo que representa la diversidad.
Es evaluar las propuestas de solución para la coexistencia y presentar distintas iniciativas ciudadanas que inspiren el activismo, para alejar las trabas no explícitas para ella.
Y debe ser mutuo, de hecho en partidos políticos diversos, como en la Asociación de Derechos Civiles y en institutos como el Israelí por la Democracia, o internacionales como el Centro Toledo por la Paz, hay convergencia de integrantes de ambos pueblos para atender estas cuestiones.
Pero no es suficiente.
Debemos interrelacionarnos más y estimo que judíos y árabes, tenemos que responsabilizarnos de esa iniciativa.
Con el antagonismo, ni la sociedad civil garantiza los logros jurídicos, ni los avances legales pueden a la inversa, promover la extinción de los conflictos en ella.
También la lucha social por el cambio, sufre graves perturbaciones y profundos retrasos.
No somos la única sociedad que vivimos este desdichado drama, pero hoy y aquí, nosotros debemos atenderlo.
Luchar por la coexistencia es legitimar en términos jurídicos y societarios, un pluralismo tajante.
La ilusión de la totalidad como unidad es ya bastante antigua.
Como dicen Diego Bermejo y Patxi López, en su libro Posmodernidad: ”…no debe confundirse totalidad con unidad, es posible la totalidad con pluralidad”.
Y a esto nos obliga la pluralidad, a conjugar las aspiraciones de todos los actores sociales y colectivos de la sociedad.
La coexistencia en la nuestra, es importante para enfrentar el conflicto geopolítico zonal.
Van a existir por fin, dos estados para dos pueblos, entiendo que el futuro Estado Palestino, no será étnicamente puro.
Tampoco lo es el Estado de Israel y habrá judíos como árabes, viviendo en uno y otro.
Otra hipótesis contraria, es dar lugar a teorías fundamentalistas.
Si me preguntan si es posible esta lucha, digo que sí.
Imposible es la palabra de los derrotados antes de tiempo.
Nosotros tenemos otro credo, el que entiende que otro mundo es posible.
El de los que nunca vamos a caminar con el horizonte a nuestras espaldas, pues siempre estará por delante nuestro, siendo éste de extensión y amplitud generosa.
Con nuestras convicciones lo veremos diáfano y claro, considerando en todo momento que para otro mundo son necesarios otros caminos.
Los actuales, estoy seguro que no.

*Carlos Braverman ( Versión en español)
Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-arabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Haifa).
Presidente del Instituto Campos Abiertos.

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