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Linc Principales ciudades de Grecia

Aquí os dejamos una relación de las ciudades de Grecia de las que hasta el momento os dejamos información:

Las propuestas de Kalisher y Herzl regreso a Palestina

En 1896, Theodor Herzl, periodista húngaro, se encargó de solventar el “Problema de los Judíos” para los europeos. Para el periodista, la solución al supuesto problema de la presencia judía en el continente europeo, era la creación de un Estado independiente solo para los judíos en la Palestina. Pero primero, era necesario solventar un pequeño problema en la religión judía: la prohibición del regreso de los judíos a la Palestina hasta la llegada del Mesías Judío (tal cual como está expuesto en el Talmud y el Midrash, libros sagrados del judaísmo) y quien obviamente no fue Jesús de Nazaret, ya que los judíos mismos participaron en su juicio y crucifixión (concepto de Deicida).

Para los judíos ortodoxos, el regreso de los mismos a la Palestina antes de la llegada de su Mesías era un acto de herejía. Para este pequeño problema, Herzl consiguió a unos Jajam (jefe espiritual, como un rabino) entre ellos Tzvi Hirsch Kalisher, quienes introdujeron modificaciones substanciales a la religión judía, argumentando que la llegada del Mesías debe ser “apurada” mediante la presencia de los judíos en la tierra de la Palestina. En el mismo orden de ideas, a lo largo de la historia europea, varios líderes de ese continente no le agradaban la presencia de los judíos en Europa, lideres como los Reyes Catolicos, Federico II de Prusia, Napoleón Bonaparte y Arthur Balfour (Primer Ministro Británico quien prometió la Palestina para los judíos - 1917).

Este último consideró las propuestas de Kalisher y Herzl como positivas en vista de que tenían el doble propósito de sacar a los judíos de Europa y a la vez crear una entidad que divide las tierras de los sarracenos. De esta manera nació el Sionismo…

Desde 1910, la población judía inició un proceso de inmigración masiva hacia la Palestina. Entre 1920 y 1948, dicha población judía organizó un grupo paramilitar, denominado la Haganá (la Defensa), para defender sus recientes ocupaciones de territorios árabes. Aunque en el mito de la creación del estado de Israel, que tanto se ha utilizado para darle dimensión histórica a la misma, se habla de la larga lucha de los judíos contra las fuerzas británicas en la Palestina, en realidad la Haganá se fortaleció como una banda armada gracias a la estrecha cooperación entre las fuerzas británicas y los colonos judíos.

La Gran Revuelta Árabe (1936-1939), la rebelión de los árabes contra los británicos en respuesta a las políticas de estimular la inmigración masiva de los judíos a la Palestina, no pudo ser aplastada si no después de tres años y con la colaboración entre 20.000 soldados británicos y 14.500 hombres de la Haganá, armados y entrenados por los mismos británicos.

Solo en ese conflicto murieron 400 judíos y 200 británicos, y más de 5000 palestinos. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, el Mandato Británico en la Palestina autorizó y financió la creación de la “Brigada Judía”, compuesta de 5000 soldados judíos, y el Palmach (Compañías de Ataque) de 2000 hombres con entrenamiento británico (como el del General británico Charles Orde Wingate), todos elementos que luego se incorporaron a la Haganá.

En 1942, Reinhard Heydrich Karl y Adolf Eichmann, General y Comandante respectivamente de los escuadrones de defensa (Schutzstaffel - SS) del partido fascista en Alemania, estaban encargados operativamente del Endlösung (Solución Final), el proceso de deportación y luego exterminación de los judíos europeos (askenazíes), a la vez de varias etnias y grupos como los polacos, los eslavos en general, los gitanos, los homosexuales, los comunistas y los Bibelforscher (testigos de Jehová), en los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, el programa tenía como objetivo expulsar, mediante el terror, las masacres y las deportaciones, a la población judía de Alemania y luego de los países ocupados por el Tercer Reich.

Karl y Eichmann, siguiendo las órdenes del verdadero arquitecto del Endlösung, Comandante en Jefe de las SS Heinrich Himmler, se encargaron de exterminar entre 9 y 11 millones de personas, muchos de ellos en campos de concentración como el de Auschwitz-Birkenau, cerca de la ciudad de Oswiecim en Polonia. En esta gigantesca cárcel, solamente de la población judía murieron 1.5 millones de personas.

En 1948, luego de la Resolución No. 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que declaró la partición de la Palestina entre dos estados, la Haganá empezó con el proceso de establecer el estado Israelí mediante la “deportación” de los indeseables (la población árabe) por métodos semejantes a los utilizados por los escuadrones alemanes SS en los ghettos de Varsovia y Budapest. Los líderes de la Haganá impulsaron el Plan Dalet, implementado entre 1947 y 1948, con el supuesto objetivo de “defender” el naciente estado de Israel de la invasión árabe. En realidad, “nuevos historiadores” como Benny Morris, Avi Shlaim, Ilan Pappe y Walid Khalidi, utilizando documentos sobre la Haganá recientemente desclasificados por parte del Ministerio de la Defensa Israelí, aseguran que el Plan Dalet tenía como objetivo claro la expulsión de la población árabe de los territorios palestinos mediante masacres sistemáticas.

Ya desde la década de los 1930 líderes del Sionismo como Jaim Weizmann y David Ben-Gurion hablaban abiertamente de la necesidad de “transferir” a los palestinos. Existen varios ejemplos de dicha ”transferencia”: las masacres de Deir Yassin, Al Dawayima y Eilabun, en donde bandas armadas como Irgun, Stern y Lehi (grupos considerados terroristas por los mismos británicos), masacraron y violaron a centenares de árabes. Estos grupos pasaron a ser componentes principales de la Haganá. Más de 914.000 palestinos fueron expulsados de los pueblos de Tibireus, Haifa, Jaffa, Acre y Safed, como de otros pueblos con mayorías árabes, basados en cifras de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).

La nación hebrea se fundó adoptando varios mitos, ya mencionamos el de la “resistencia” heroica a la ocupación británica, ahora continuamos con el mito de David y Goliat. El mito de la Haganá habla de un ejército disminuido, con pocos armamentos y sin control del terreno, pudo derrocar los ejércitos combinados de todos los países árabes de la manera más heroica, pues fue un David judío contra un Goliat árabe.

La realidad se puede encontrar en un informe de la Inteligencia norteamericana de fecha 27 de julio de 1948, que estima que los beligerantes estaban distribuidos de la siguiente manera: 27,000 Árabes (con la capacidad de incrementar sus soldados con 19,800 adicionales), y la Haganá con 97,800. El armamento de la Haganá y su capacidad de combate provenían directamente de los aliados de la Segunda Guerra Mundial, mientras que la gran mayoría de los países árabes estaban aún bajo el yugo del colonialismo británico o francés, sometido a las restricciones impuestas por las potencias coloniales que severamente limitaban la logística y el armamento de dichos ejércitos.

En 1950, el Estado de Israel, luego de la expulsión y las masacres, redactó una serie de leyes como la Ley de Propiedad del Ausente, que formó parte del marco legal para proclamar los territorios árabes abandonados luego de las expulsiones o las masacres perpetradas por la Haganá como propiedad del estado hebreo y luego como espacio para los judíos provenientes de otras partes del mundo. Es estimado por el Custodio de Propiedad del Ausente del Estado de Israel que más de 70% del territorio del actual estado de Israel está basado en tierras abandonadas por palestinos mediante la limpieza étnica.

En 1967, se repitió el mito. Una vez más el estado hebreo, presentándose inicialmente como una pequeña isla en un océano hostil de árabes, pudo derrocar fácilmente al ejército de Egipto y Siria, y a la vez ocupando los territorios palestinos que quedaban del mandato de la Naciones Unidas de 1948. Este milagro militar se realizó en pocos días del mes de junio de 1967. Como justificación, el gobierno israelí de Levi Eshkolargumentó que no existía otra solución salvo atacar a todos los países árabes (Egipto, Jordania, Siria y lo que quedaba de la Palestina) en vista de sus “posturas agresivas”, era la “única solución”.

Sus aliados en el departamento de estado norteamericano y la agencia de inteligencia del mismo gobierno, tenían una percepción radicalmente diferente: Nicholas Katzenbach, subsecretario de estado de la administración del Presidente Lyndon B. Johnson, argumentó que todos los informes de inteligencia de su país indicaban claramente que Israel tenía la ventaja cualitativa y cuantitativa sobre todos los árabes en armamento y preparación, y que a la vez no existía intenciones por parte de los egipcios de atacar a Israel, en virtud de la presencia de sus mejores tropas en la Guerra Civil de Yemen del Norte (con mas de 55.000 tropas egipcias para el 5 de junio del 1967).

En esta guerra, como en las dos anteriores (1948 y 1956), la Haganá, desde entonces adquiriendo el nombre sofisticado de las “Fuerzas de Defensa Israelí”, aún cuando sigue siendo las mismas bandas de la Haganá, Irgun, Stern y Lehi, triunfó contundentemente contra los ejércitos árabes. Solo que en este conflicto se hizo un poco mas difícil insistir en el mito de David y Goliat.

En 1973, la guerra de Youm Kippur, así llamada por la Haganá, o la Guerra de Ramadan (nombre para los árabes), no le fue muy bien a la Haganá, por lo cual no le haremos mucha referencia en este ensayo.

En 1982, la Haganá siguió siendo el elemento principal de este conflicto árabe-israelí. Menajem Beguin, ex líder del Irgun, la organización terrorista mencionada anteriormente, llegó a ser el Primer Ministro de Israel de 1977 a 1983. Beguin, junto a su ministro de defensa (es decir, jefe de la Haganá en esa instancia), el famoso Ariel Sharon (miembro de la Haganá desde 1942), decidieron invadir el Líbano en 1982 bajo las directrices de un plan denominado “Paz para Galilea”, con el objetivo de expulsar a los mismos “indeseables” del 1948 pero ahora en territorio libanés.

Para poder cumplir con este objetivo, el líder de la Haganá, junto a sus aliados en las “Fuerzas Libanesas”, una milicia cristiano-falangista, y bajo las órdenes directas de Ariel Sharon, tuvieron que aplicar la “única solución” al problema palestino, “transfiriendo” los refugiados palestinos de los campos de Sabra y Chatila en las afueras de Beirut, mediante la exterminación sistemática de aproximadamente 3000 refugiados en un breve periodo de 30 horas, del 16 al 17 de septiembre de 1982.

Una comisión propia del gobierno de la Haganá-el gobierno israelí- denominada la Comisión Kahan, aseguró la responsabilidad indirecta del Ministro de la Defensa en la masacre. Como siempre, la Comunidad Internacional respondió fuertemente a la masacre: Sharon renunció como Ministro de la Defensa, y posteriormente, del 2001 al 2006, fue premiado con el puesto de Primer Ministro de Israel.

En 1996, empezó el declive. En el mismo año de la masacre de Sabra y Chatila, se creó en el Líbano una organización islamista denominada “El Partido de Dios (Hezbolá)” que cuenta con un brazo político y otro paramilitar. Este pequeño grupo, que nunca se puede comparar con “el ejercito que no puede ser vencido” (eslogan de la Haganá después de la euforia de 1967), mantuvo una descarga de cohetes Katyusha y actividades de guerrilla contra la Haganá en territorio libanes e israelí desde la década de los 1980 y hasta el año 2000. En abril del 1996, la Haganá decidió poner fin a los ataques de Hezbolá en el norte de sus territorios impulsando la operación Uvas de la Ira, llevando a cabo más de 1.100 incursiones aéreas, bombardeando intensamente el Líbano con unos 25.132 proyectiles.

Lo único que la Haganá pudo lograr con un éxito espectacular fue la masacre de 106 refugiados palestinos, más de la mitad de ese número fueron niños, que estaban en un campo de refugiados de la Naciones Unidas en el pueblo de Qana. Los propios soldados de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) confirmaron con pruebas irrefutables que la Haganá estaba bien informada que el campo de refugiados solo tenía civiles, y que de todas maneras fue bombardeado.

Como consecuencia para Israel, las Naciones Unidas decidió “castigar” a Israel por masacrar a los refugiados mediante el cobro de los costos de reparación de la sede del campo de refugiados que su Haganá destruyó. Luego de varias discusiones en la Asamblea General de la o­nU, los EE.UU. argumentó que Israel no debe ser responsable de sus acciones si el objetivo de la mima es perseguir el “terrorismo árabe”. Naturalmente, no se pago ni un centavo. Pero sí siguieron los ataques de Hezbolá contra Israel, y las Katyushas, y los secuestros de soldados, y las guerras asimétricas de baja intensidad. En el año 2000, el “ejército que no puede ser vencido” se tuvo que retirar unilateralmente del Líbano, sin un acuerdo previo con Siria, sin desmantelar a Hezbolá, sin poder parar los Katyushas.

En 2006, la Haganá tuvo que regresar al Sur del Líbano. Este debacle empezó cuando Hezbolá, respondiendo a una incursión de la Haganá en la frontera con el Líbano, atacó una patrulla israelí, resultando muertos ocho soldados de la Haganá, mientras que otros dos fueron capturados. Complicando los asuntos aún más para la Haganá, un mes antes de la operación de Hezbolá, los grupos palestinos Hamas y Al Jihad el Islamy, mediante un túnel de 250 metros, atacaron un puesto de la Haganá fuera de la franja de Gaza. Durante este ataque murieron dos soldados de la Haganá, mientras que cuatro soldados más fueron heridos, y el cabo Gilaad Shalit fue secuestrado. Hasta hoy (17 de enero del 2009), el cabo sigue en manos de Hamas.

El gobierno de Israel respondió contundentemente con una operación que conllevó el bombardeo de instalaciones de transportes, comunicaciones, energéticas y militares del Líbano, así como cuarteles de Hezbolá y zonas urbanas. Aparentemente, la Haganá no pudo resistir la tentación de regresar al pueblo de Qana, esta vez con un bombardeo que dejó un saldo de 28 muertos, 16 de ellos niños. La bomba utilizada, recién llegada de los EE.UU., aún tenía las insignias de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América. Como todos los conflictos en donde participa la Haganá, el saldo total del conflicto refleja como la población civil árabe sigue siendo el objetivo preferido de esta banda armada: 1.187 libaneses muertos, 4.060 heridos, 256.000 desplazados y 15.000 viviendas destruidas. Israel sufrió 51 fatalidades (la mayoría soldados), impactaron unos 3526 misiles Katyusha modificados de Hezbolá en territorio israelí, perdió docenas de tanques Merkavá (de producción israelí), y sufrió un ataque a un buque de guerra apostado en aguas territoriales libanesas, realizado con un misil antibuque moderno.

Los resultados para el Haganá no fueron muy positivos: los soldados no fueron rescatados, y Hezbolá no fue neutralizada, el grupo sigue armado y con más influencia dentro y fuera del Líbano que lo que ya tenía antes del conflicto.

Desde el 2007, la franja de Gaza se ha transformado en la prisión más grande del planeta, con la mayor densidad de población por kilómetro cuadrado del mundo. Es tan obvio el infierno que es Gaza, que hasta los sectores más conservadores del mundo se han pronunciado al respecto: el cardenal Renato Martino, principal funcionario del papa Benedicto XVI, señaló el 9 de enero del 2009 que Gaza se asemeja ahora a un "gran campo de concentración”. Un muro de hormigón armado, de nueve metros de alto, separa la franja de Gaza de Israel, todo producto del plan del Kenesset (parlamento) de Israel para la desconexión de Gaza, aprobado en octubre del 2004. Luego vino el bloqueo al tránsito de personas y bienes de primera necesidad por tierra, mar y aire, acto que castiga atoda la población de Gaza, que depende directamente del reparto de alimentos y de los servicios básicos a cargo de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA).

Desde octubre del 2007, el gobierno de la Haganá decidió interrumpir el abastecimiento de energía (electricidad y combustible) a la Franja de Gaza, declarando a la Franja como “entidad hostil” desde mediados del 2007, terminología que simplemente indica que Israel tiene el derecho de hacer lo que otro estado no puede hacer con una población acorralada.

Las imágenes de lo que pasa en Gaza desde el 27 de diciembre del 2008 y hasta hoy, bajo el nombre de “Operación Plomo Endurecido” de la Haganá, hablan por sí mismas. No exploraremos aquí un tema que casi todos los habitantes del planeta están bien al tanto. Pero si es conveniente mencionar unas cuantas observaciones. El actual Primer Ministro del estado de la Haganá, Ehud Olmert (alumno del famoso Ariel Sharon), indicó poco después del inicio de esta nueva aventura de la Haganá, que dicha respuesta militar es “la única solución” que existe al problema palestino, frase que tantas veces ha utilizado la Haganá como justificación a sus acciones desde 1936.

Aquí vemos pocas diferencias entre la Solución Final en Alemania y la Única Solución en la Palestina. Ambas tenían sus justificaciones: los judíos, supuestamente, llevaron a los europeos a dos guerras mundiales. En el Oriente Próximo, los palestinos causaron inmensas devastaciones y masacres a la población judía con sus cohetes caseros de poca exactitud y carga explosiva, los fuegos artificiales de Hamas (cohetes Qassam) que no usan ningún sistema de guía (mortalidad <0.4%). Misiles verdaderos, al impactar en zonas pobladas, tienen el efecto que los misiles de la Haganá demuestran en Gaza (1200 muertos y 6000 heridos en solo 22 días).

Las razones siempre existen, pero el resultado es el mismo: Auschwitz-Birkenau, el Sur del Líbano y la Franja de Gaza. Y como siempre, después de la masacre, la respuesta del agresor es la misma: es culpa de los judíos, pues querían destruir a Europa; o es culpa de los palestinos, pues quieren acabar con la Haganá-quienes poseen meramente 200 bombas nucleares y lo mejor del arsenal militar estadounidense-con esos “temibles” Qassams.

Pero me permito resaltar una verdadera diferencia entre los argumentos del Partido Fascista en Alemania y la Haganá en el fabricado estado de Israel, un diferencia que es un poco controversial: mientras que la Solución Final al “problema judío” era una solución a un problema que no existía, pues solo los europeos eran responsable de sus propias miserias, la única solución de la Haganá aplicada recientemente en Gaza es, verdaderamente, la única solución que le queda a la Haganá y su estado. En eso, el Primer Ministro Ehud Olmert, no miente.

Las masacres como instrumento de política y dominio es la única alternativa que le queda a la Haganá, la evolución histórica detallada en este artículo demuestra el porqué. Es la única solución, no para el problema palestino, sino al predicamento histórico de la Haganá, la razón propia de su auge y ahora de su declive. No tiene nada que ver con las razones que dan los defensores de Israel; terrorismo, extremismo, Qassams, etc. La razón es simple. El líder egipcio Gamal Abdel Nasser proclamó, después del desastre del 1967, que “lo que se toma por la fuerza no se puede restaurar sino por la fuerza”, en referencia a los territorios ocupados por la Haganá.
Me permito presentar un corolario a la idea de Nasser: lo que se toma por la fuerza no se puede mantener sino por la fuerza. Desde que empezó el flujo de judíos a la Palestina y hasta 1967, la Haganá se dedicó a robarle la tierra al pueblo que ya existía sobre las mismas. Ese era la raison d'être de la Haganá: robar tierra, utilizando todos los métodos disponibles para realizar lo que probablemente fue, y sigue siendo, el atraco a mano armada más grande de la historia moderna. La Haganá tiene el labor casi infinito de continuamente someter a los dueños de las tierras de lo que ellos llaman Israel para que paren de reclamar por lo que es justamente de ellos.

Lamentablemente para los atracadores, que ahora y desde sus inicios no pueden dormir bien, lo que robaron lo van a tener que defender a fuerza de armas por el resto de sus vidas y las vidas de las siguientes generaciones.

La Haganá no tiene otra opción que seguir con lo que está haciendo en Gaza: lo hizo antes, es como se creó, es como nació y es como sigue existiendo, es la naturaleza de la bestia. No tiene opción porque cada ciudadano del estado artificial de Israel sabe muy bien que vive sobre tierras robadas, y la sangre de los verdaderos propietarios aún sigue fresca dentro de las grietas y los espacios que le dan vida a esas tierras.

Seguirán bombardeando y masacrando, es lo único que sabe hacer la Haganá, porque todos los esfuerzos globales de legitimación del estado hebreo, toda la defensa y la ilusión de respeto que le presta la supuesta comunidad internacional, todas las organizaciones internacionales y no gubernamentales que le prestan prestigio a dicho estado, y todas las leyes de propiedad del ausente, no pueden ocultar la simple y vulgar realidad que Israel es producto de un atraco y que los verdaderos dueños de dichas tierras siguen como refugiados.

Es por esa realidad que cuando los “humanitarios” de la Haganá le informan a la población palestina en Gaza por mensajes de texto de celulares que van a bombardear para que evacúen sus hogares, el palestino no sale, se queda en lo que es suyo. Durante la guerra contra el Líbano en 2006 y ahora en el conflicto de Gaza, los colonos judíos salen corriendo al escuchar los Qassams de Hamas, desplazados de sus supuestos hogares. No van a arriesgar la vida por tierra robada.

¿Qué le pasó al ejército que no puede ser vencido? En 1948, 1956 y 1967 derrocó a los ejércitos combinados del Gran Goliat Árabe. Pero ahora unas milicias “terroristas” como ellos la llaman, un grupo de chiitas pobres del Líbano, obliga a la Haganá a retirarse, ¡y dos veces! Peor aún, un pueblo al punto del colapso por un embargo más cruel que el que sufre Cuba, con cohetes caseros y unas cuantas Kalashnikov, sin gasolina, sin electricidad, sin apoyo de ningún gobierno, y a los 22 días del inicio del genocidio aún no pueden concretar sus objetivos, que Dios sabe cuáles son ya que nunca los anunciaron para poder esconder el inevitable fracaso. ¿Qué le pasa a la Haganá? Como caen los poderosos…

Ciudadanos árabes han sido electos en cada Parlamento israelì

Escribe: Carlos Braverman*

La globalización, la mundialización y la posmodernidad, dieron lugar al protagonismo de múltiples colectivos, en la dinámica de las sociedades.
Tanto el concepto de ciudadanía, como el de identidades culturales, comenzaron a tener otra dimensión en las luchas por un una sociedad mejor.
Surgieron las denominadas “otras voces”.

La abundancia de actores como etnias, minorías diversas, conjuntos de género, las llamadas subculturas, migrantes económicos y otros, conforman un conjunto lábil y complejo que reclaman un merecido espacio en los escenarios nacionales. La gestión de los conflictos de la sociedad civil frente a los intereses estatales exige una geometría del poder que contemple la cooperación y la interdependencia, más que la coerción.
La coexistencia se define como la existencia de dos entidades o más, en forma simultánea.

Los partidos progresistas actualizados deben anotar en su agenda este item. En Israel tenemos todos estos colectivos, pero indudablemente por el peso de la cuestión nacional, la coexistencia es por excelencia, la coexistencia judeo-árabe o viceversa.

En función de estos fenómenos posnacionales, el teórico neomarxista Ernesto Laclau, señala que en las sociedades se dan múltiples tensiones y son para él sin límite, no tienen solución de continuidad.
Entiende que estos colectivos son sujetos políticos fundamentales y constituyen el motor de ellas, como así, junto a la “categoría” de clases sociales son parte indiscutible de la lucha social.
No imagina a estos, fuera de la estrategia para el cambio social.
Revisa así el pensamiento central de Marx, donde la lucha de clases es la contradicción por excelencia y a su vez, según su criterio, tiene una connotación determinista.
Aclara que las tensiones pueden ser “contradicciones”, “oposiciones reales” y “antagonismos”. A las dos primeras, las posiciona como tensiones objetivas (entre objetos conceptuales una y objetos reales, la otra) y a la tercera, como producto del fin de la objetividad. Donde el antagonista no es algo o alguien específico que complementa con su presencia nuestra identidad y para alcanzarla, debemos pujar con el otro.
Por el contrario, pensamos que con el otro, nuestra identidad es imposible y no se puede concretar.
Ésta es una hipótesis subjetiva que no favorece las solidaridades y alianzas para los cambios.
La pluralidad pasa a ser segmentación pura y contribuye a lo reaccionario.
Desde otra perspectiva de análisis, digo que no es lo mismo multiculturalismo que multiculturalidad.
Esta última es la presencia de multiplicidad y diversidad cultural en una sociedad y el primero invita a la diagramación política de la multiculuralidad, dándole una categoría explícita y pública, junto a un programa político para la sociedad.
Y de eso trata nuestra lucha por una mutua coexistencia en la sociedad israelí: que todas las pluralidades encuentren interrelación y contexto.
De esto hablamos con reciprocidad, de alcanzar un estatus claro donde el antagonismo no imponga su perspectiva, es decir, que uno impida al otro la existencia de su identidad. Esta tarea, es una larga lucha en el seno de la sociedad civil y en las estructuras estatales.
El debate societario hacia una constitución, permitiría profundizar estas contradicciones hasta encontrar un camino sustentable.
Porque de eso trata una constitución, de reflejar una realidad, de orientar por el beneficio del derecho su dinámica y generar con mecanismos de enmienda los re-acomodamientos necesarios para su actualización.
A nivel jurídico, existen algunas cuestiones sobre la Ley de Ciudadanía, relacionadas a la población árabe que deben ajustarse para mejor.
Por lo demás, la ley israelí garantiza a los ciudadanos árabes el derecho a expresarse públicamente y a participar en el proceso político.
Ciudadanos árabes han sido electos en cada Parlamento, desde el establecimiento del Estado de Israel. En la actualidad, los árabes constituyen el 10 por ciento del Parlamento, que consta de 120 miembros.
Pero, trabajar por nuestra coexistencia, es analizar el conflicto desde su perspectiva geopolítica, histórica, religiosa, legal, económica, humanitaria y de seguridad, para entender su complejidad y posibles evoluciones.
Es también conocerse mutuamente: ambos pueblos y culturas para entender las oportunidades de lo que representa la diversidad.
Es evaluar las propuestas de solución para la coexistencia y presentar distintas iniciativas ciudadanas que inspiren el activismo, para alejar las trabas no explícitas para ella.
Y debe ser mutuo, de hecho en partidos políticos diversos, como en la Asociación de Derechos Civiles y en institutos como el Israelí por la Democracia, o internacionales como el Centro Toledo por la Paz, hay convergencia de integrantes de ambos pueblos para atender estas cuestiones.
Pero no es suficiente.
Debemos interrelacionarnos más y estimo que judíos y árabes, tenemos que responsabilizarnos de esa iniciativa.
Con el antagonismo, ni la sociedad civil garantiza los logros jurídicos, ni los avances legales pueden a la inversa, promover la extinción de los conflictos en ella.
También la lucha social por el cambio, sufre graves perturbaciones y profundos retrasos.
No somos la única sociedad que vivimos este desdichado drama, pero hoy y aquí, nosotros debemos atenderlo.
Luchar por la coexistencia es legitimar en términos jurídicos y societarios, un pluralismo tajante.
La ilusión de la totalidad como unidad es ya bastante antigua.
Como dicen Diego Bermejo y Patxi López, en su libro Posmodernidad: ”…no debe confundirse totalidad con unidad, es posible la totalidad con pluralidad”.
Y a esto nos obliga la pluralidad, a conjugar las aspiraciones de todos los actores sociales y colectivos de la sociedad.
La coexistencia en la nuestra, es importante para enfrentar el conflicto geopolítico zonal.
Van a existir por fin, dos estados para dos pueblos, entiendo que el futuro Estado Palestino, no será étnicamente puro.
Tampoco lo es el Estado de Israel y habrá judíos como árabes, viviendo en uno y otro.
Otra hipótesis contraria, es dar lugar a teorías fundamentalistas.
Si me preguntan si es posible esta lucha, digo que sí.
Imposible es la palabra de los derrotados antes de tiempo.
Nosotros tenemos otro credo, el que entiende que otro mundo es posible.
El de los que nunca vamos a caminar con el horizonte a nuestras espaldas, pues siempre estará por delante nuestro, siendo éste de extensión y amplitud generosa.
Con nuestras convicciones lo veremos diáfano y claro, considerando en todo momento que para otro mundo son necesarios otros caminos.
Los actuales, estoy seguro que no.

*Carlos Braverman ( Versión en español)
Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-arabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel - Haifa).
Presidente del Instituto Campos Abiertos.

Another World is Possible para Mirador Nacional

Israel es una sociedad dinámica, democrática, multicultural y multiétnica

Por Alvaro Alba

Israel es una sociedad dinámica, democrática, multicultural y multiétnica. Es el único país del Medio Oriente en el que la modernidad ha entrado con la misma fuerza que en Europa, América Latina, África o Asia. El exilio del pueblo hebreo incluyó la palabra. Fue la lengua un elemento fundamental de la supervivencia y estímulo de superación en una nación que sabía leer en Europa Medieval cuando los reyes eran analfabetos.

Tanta importancia se le concede a la palabra que el árabe es, junto al hebreo, lengua oficial del país. Las escuelas de magisterio tienen un departamento de árabe para preparar profesores. La Histadrut, la federación sindical israelí, tiene un instituto judeo-árabe con su publicación bilingüe, además de contar con la Casa de Escritores Árabes. Cuatro universidades hebreas enseñan idioma y literatura árabe: la Hebrea de Jerusalén, Haifa, Tel Aviv y Bar Ilán. En la Universidad Ben Gurion del Neguev es asignatura suplementaria. Autores árabes han pasado a formar parte de la vida cultural israelí y hace más de una década fue llevada al teatro “Romeo y Julieta” por actores judíos y árabes donde actuaban en los dos idiomas.

A Israel se peregrina de todas partes del mundo. El Aliyá, esa peregrinación que hacen los hebreos para ascender a Jerusalén puede comenzar en Europa Oriental, Rusia, Yemen, Irak, Etiopía, Estados Unidos, Sudan, Francia, Sudáfrica o Argentina. El éxodo moderno hebreo se resume en las operaciones Escape, Alfombra Mágica, Moisés, Esdras, Josué, Salomón. En Mayo de 1991 la comunidad judía etíope emigró en 34 aviones que transportaron en 36 horas a 14.325 personas. En un Boeing 747 volaron 1122 personas por estar bajos de peso y permitir aumentar el número de pasajeros, y dos bebés nacieron en el trayecto de Addis Abeba a Tel Aviv. Viven en Israel los otkaznik o refusnik, hebreos nacidos en la URSS que el Kremlin les negaba la salida del país. Natan Sharansky se convirtió en el más emblemático de ellos. ¿Es un privilegio de los hebreos el hacer el Aliyá?

Las puertas de Israel se abren también para los necesitados, los perseguidos. En 1977 unos 200 vietnamitas del Sur, desplazados en el sureste asiático tras finalizar la guerra con Estados Unidos, recibieron asilo político por decisión del premier Benajim Begin. Desde el 2003 unos 10 mil refugiados africanos entraron ilegalmente a Israel. Unos 600 provenientes de la zona de Darfur, en Sudan han recibido el estatuto de refugiados. Vienen en busca de refugio los musulmanes sudaneses, todos africanos. Otros dos mil desplazados del conflicto entre Eritrea y Etiopía tienen residencia temporal por motivos humanitarios. Oficiales sirios han pedido asilo político en Israel y se les ha concedido.

En la posmodernidad uno de los grandes discursos es relacionado con el poder de las minorías o géneros. En Israel eso se traduce en la defensa de las minorías: sean de género, sexo o de raza. No hay otra sociedad en el Medio Oriente donde las minorías tengan tantos derechos como en Israel. A las mujeres no se les mutila genitalmente como sucede en las zonas rurales de Egipto, Libia, Omán o Yemen. Las mujeres casadas de Libia, Jordania, Marruecos, Egipto, Irak, Omán y Yemen urgen de un permiso del esposo para viajar al extranjero. En Jordania es para viajar por el país. En el tribunal de la Sharía el testimonio de un hombre vale por el de dos mujeres, y fue en mayo del 2008 que las mujeres en Kuwait pudieron votar en las elecciones. En Tel Aviv y Jerusalén se realiza cada año desfile del orgullo gay, impensable en un país árabe. Basta decir que en los Emiratos Árabes, Arabia Saudí, Yemen, Irán, Sudán y Mauritania, los gays son condenados a la pena de muerte, y en Pakistán o Afganistán con cárcel perpetua. Egipto, Etiopia, Maruecos o Libia con 20 años de prisión.

Desde los primeros meses de la independencia el legislativo israelí ha funcionado a cabalidad. El 25 de enero de 1949 se llevaron a cabo los primeros comicios. Desde entonces se eligen a 120 parlamentarios que representan a toda la nación, de manera proporcional. En las pasadas elecciones parlamentarias los árabes israelíes volvieron a estar representados en el legislativo y tres partidos: Lista Árabe Unida, Frente Democrática y la Asamblea Democrática Nacional obtuvieron entre ellas once escaños.

En Israel la pena de muerte fue abolida para delitos comunes en 1954. Sólo se permite en casos excepcionales y la última vez que se ejecutó a un individuo fue en 1962 y el ejecutado fue el OberStumbannfuhrer de las SS Adolf Eichmann. La primera ejecución por la ley palestina fue en Agosto de 1999, en Gaza y se fusilaron a dos hermanos policías, acusados de matar a otros dos hermanos por cuestiones de dinero. El Código penal palestino tiene hasta 19 tipificaciones de delitos por las cuales puede terminar lo mismo ante un pelotón de fusilamiento o en el patíbulo. Uno de los delitos puede ser el vender tierra o casa a un judío. Caso similar ocurrió en el 2007 en Hebrón. Esas son algunas de las diferencias democráticas de Israel con sus vecinos.

Shlomo Sand: “El pueblo judío fue una invención”

Tema Cultura

El último libro del historiador y catedrático judío Shlomo Sand lleva 19 semanas en la lista de bestsellers de Israel, mientras que su edición francesa se está vendiendo con tal rapidez que ya han aparecido tres reimpresiones. Su obra pone el dedo en la llaga del tabú más importante en Israel: asegura que los judíos no fueron nunca expulsados de la Tierra Santa, que la mayoría de los judíos actuales carece de cualquier conexión histórica con el territorio denominado Israel y llega al extremo de sostener que la única solución política para el conflicto que enfrenta al país con los palestinos es la abolición del Estado judío. 

Nadie está más sorprendido que el propio Shlomo Sand de que su último libro de investigación académica lleve ya 19 semanas en la lista de bestsellers de Israel. El éxito ha tocado a la puerta de este profesor de historia a pesar de que su libro pone el dedo en la llaga del tabú más importante en Israel.

Sand afirma que la idea de una nación judía -cuya necesidad de un lugar seguro en donde vivir se utilizó originalmente con el fin de justificar la fundación del Estado de Israel- es un mito inventado hace poco más de un siglo.

Este historiador, catedrático de Historia Europea en la Universidad de Tel Aviv, llevó a cabo una amplia investigación histórica y arqueológica en apoyo no sólo de esta alegación, sino de otras tesis igual de controvertidas.

Además, asegura que los judíos no fueron nunca expulsados de la Tierra Santa, que la mayoría de los judíos actuales carecen de cualquier conexión histórica con el territorio denominado Israel y que la única solución política para el conflicto que enfrenta al país con los palestinos es la abolición del Estado judío.

Es bastante probable que el éxito de When and How Was the Jewish People Invented? [¿Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío?] se repita en todo el mundo. La edición francesa, publicada el mes pasado, se está vendiendo con tal rapidez que ya han aparecido tres reimpresiones.

El libro está siendo traducido a una docena de lenguas, incluidas el árabe y el inglés. Pero su autor predice una fuerte oposición del lobby proisraelí cuando el libro salga a la luz el año próximo en los Estados Unidos, publicado por Verso.

Por el contrario, dice Sand, aunque los israelíes no lo han defendido, sí que han mostrado curiosidad por su argumentación. Tom Segev, que es uno de los periodistas más importantes del país, ha calificado el libro de “fascinante” y de “auténtico desafío”.

Lo sorprendente, añade Sand, es que la mayoría de sus colegas universitarios israelíes han evitado hacer el menor comentario. La única excepción ha sido la de Israel Bartal, profesor de Historia Judía en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Bartal, en un artículo publicado en el periódico Haartez, no hizo esfuerzo alguno por rebatir las afirmaciones de Sand, sino que dedicó buena parte de su exposición a defender a sus colegas, sugiriendo que los historiadores israelíes no son tan ignorantes sobre la naturaleza inventada de la historia judía como pretende Sand.

La idea de escribir este libro se le ocurrió hace muchos años, continúa Sand, pero tuvo que esperar hasta hace poco para empezar a escribirlo. “No puedo vanagloriarme de haber sido valiente al publicar el libro”, dice. “Porque he esperado hasta que tuve la plaza de catedrático en propiedad. En la universidad israelí hay un precio a pagar cuando se expresan opiniones como éstas.”

El principal argumento de Sand es que hasta hace poco más de un siglo, los judíos se consideraban judíos sólo porque compartían una religión común. A principios del siglo XX, dice, los judíos sionistas pusieron esta idea en entredicho y empezaron a crear una historia nacional en la que se inventaron que los judíos existían como pueblo separado de su religión.

De manera similar, la moderna idea sionista de que los judíos estaban obligados a regresar desde el exilio a la Tierra Prometida era algo totalmente ajeno al judaísmo, añade.

“El sionismo cambió la idea de Jerusalén. Antes, los lugares sagrados estaban considerados como lugares para añorar, de ninguna manera para vivir en ellos. Durante 2000 años, los judíos permanecieron lejos de Jerusalén no porque no pudiesen regresar, sino porque su religión les prohibía hacerlo hasta la llegada del mesías.”

La mayor sorpresa que tuvo durante su investigación fue cuando empezó a buscar pruebas arqueológicas de los tiempos bíblicos.

“No me educaron en el sionismo, pero al igual que los demás israelíes yo daba por descontado que los judíos eran un pueblo que había vivido en Judea y que fue expulsado al exilio por los romanos el año 70 d.C.

”Pero una vez que empecé a buscar pruebas, descubrí que los reinos de David y Salomón eran puras leyendas.

”Lo mismo pasó con el exilio. De hecho, la judeidad no puede explicarse sin el exilio. Pero cuando empecé a buscar libros de historia que me describiesen los pormenores de dicho exilio, no pude encontrar ninguno. Ni uno solo.

”La razón es que los romanos no exiliaron a nadie. De hecho, los judíos en Palestina eran mayoritariamente campesinos y todos los indicios sugieren que se quedaron en sus tierras.”

Por el contrario, Sand cree que una teoría alternativa es mucho más plausible: el exilio fue un mito promovido por los primeros cristianos para atraer judíos a la nueva fe. “Los cristianos querían que las generaciones posteriores de judíos creyesen que sus antepasados habían sido exiliados como un castigo de Dios.”

Entonces, si no hubo exilio, ¿cómo es que tantos judíos terminaron dispersos por el mundo antes de que el moderno Estado de Israel empezase a animarlos a “regresar”?

Sand dice que en los siglos que precedieron y siguieron a la era cristiana, el judaísmo fue una religión proselitista, que buscaba desesperadamente conversos. “La literatura romana de la época menciona este hecho”.

Los judíos viajaban a otras regiones a la búsqueda de conversos, particularmente en el Yemen y entre las tribus bereberes del norte de África. Siglos después, el pueblo del reino de Kazar, situado en lo que hoy es el sur de Rusia, se convirtió de forma masiva al judaísmo y esa fue la génesis de los judíos asquenazíes de la Europa central y oriental.

Sand pone de manifiesto el extraño estado de rechazo en que viven inmersos la mayoría de los israelíes, a pesar de que los periódicos han dedicado muchas páginas en fechas recientes al descubrimiento de la capital del reino de Kazar en las cercanías del Mar Caspio.

Ynet, el sitio web del periódico israelí más popular, Yedioth Ahronoth, publicó la historia con grandes titulares: “Arqueólogos rusos descubren la capital judía desaparecida desde tiempos inmemoriales”. Sin embargo, a ninguno de los periódicos, añade, se le ocurrió que este hallazgo pudiese contradecir el discurso oficial de la historia judía.

La argumentación de Sand pide a gritos una pregunta adicional, como él mismo señala: Si la mayoría de los judíos nunca se movió de la Tierra Santa, ¿qué fue de ellos?

“En las escuelas israelíes no se enseña, desde luego, pero la mayoría de los líderes sionistas iniciales, incluido David Ben Gurion [el primer primer ministro israelí] creían que los palestinos eran los descendientes de los judíos originales de la región. Creían que los judíos se habían convertido más tarde al Islam.”

Sand atribuye la reticencia de sus colegas a unirse a él a que muchos de ellos reconocen implícitamente que todo el edificio de la “Historia Judía” que se enseña en las universidades israelíes es tan inestable como un castillo de cartas.

El problema de enseñar historia en Israel, añade, se inició con una decisión de 1930, mediante la cual se separaba la historia en dos disciplinas: Historia General e Historia Judía. Se asumió que la historia judía necesitaba su propio campo de estudio porque la experiencia judía estaba considerada como algo único.

“No existen departamentos judíos de política o de sociología en las universidades. Sólo la historia se enseña de esta manera, lo cual ha permitido que los especialistas en Historia Judía vivan en un mundo muy insular y conservador, ajeno a los modernos desarrollos de investigación histórica.

“En Israel se me ha criticado que escriba sobre la Historia Judía cuando mi especialidad es la Historia Europea. Pero un libro como éste necesitaba a un historiador que sea familiar con los métodos habituales de investigación histórica que se utilizan en las universidades del resto del mundo.”

l autor es periodista del diario The National (Abu Dhabi). La traducción del inglés pertenece a Manuel Talens para Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística

La visión tergiversada de otra visión sobre palestina

Mirando en retrospectiva, mucho me temo que en las últimas semanas me he convertido en un tipo malhumorado, adusto y huraño, que no hace otra cosa que escribir desventuras y parece quejarse de todo el mundo. Efectivamente, tengo el pálpito (como dicen mis amigos argentinos) que me he puesto a borronear sucesos trágicos, garabatear protestas contra quienes no nos quieren, y en general pintarrajear un panorama tan aciago y quejumbroso que da miedo. Como no quiero ser un “pájaro de mal agüero” y estimo que la vida, por muy triste que pueda ser, ha de ser tomada un tanto a la ligera, he pensado que tendría que modificar de tema. Uno puede tener sus años, pero no por ello dejar de reírse del mundo, contar chistes y, en general, volcarse hacia el optimismo aunque cueste lo suyo.

Así andaba pensando cuando el otro día recibí un e-mail que me hizo abrir los ojos. No fue escrito ayer, sino hace unos años. Pero no por eso ha perdido actualidad. Discurre sobre mi tema preferido, pero en una luz un tanto diferente. El problema es que estaba en inglés, y cuando se traduce algo no siempre se logra mantener el sabor del original, en especial si se trata de un texto que presume ser cómico.

Ni corto ni perezoso me puse entonces a crear una versión castellana del escrito, agregando una buena ración de sal y pimienta, como suele hacer cada israelí que se respeta a sí mismo, para dar a conocer lo que dijo entonces un norteamericano. El hombre en cuestión se llama Dennis Miller, es actor y humorista y supongo que ha de ser bien conocido por allá. Lo que he podido saber es que durante años tuvo su propio programa en HBO, uno de los canales de televisión por cable más populares de EE.UU. y, lo más importante para el asunto que nos trae entre manos, reside en el hecho que no es judío. Debe de ser un “goy” para que la cosa sea más punzante, y que me perdonen todos los cristianos. No es un término peyorativo contra ellos, sino que en hebreo resulta ser (véase qué raro) precisamente “pueblo”. Pero en Israel lo usamos para indicar a los seguidores de Cristo. Mis excusas.

Nuestro hombre empieza diciendo que sería indicado hacer un servicio a los norteamericanos (yo diría a la humanidad), y presentar en apretada síntesis la historia del Medio Oriente. Se trata de una mercadería que muchos la necesitan, porque de tanto zarandeo a los israelíes, nos hemos convertido a ojos de ello en unos monstruos sin remedio. Y no creo que lo seamos. De veras.

Empieza diciendo el genio en cuestión que los palestinos desean tener su propio país, pero hay un problema: Sencillamente, no existen tales. Se trata de un vocablo artificial. Nunca ha existido semejante país. Israel se llamó Palestina durante dos milenios. Si bien parece una palabra antigua, se trata de un vocablo acuñado hace poco.

Antes que los israelíes ganaran la Guerra de los Seis Días, Gaza era de Egipto y la Margen Occidental de Jordania. En realidad, no había palestinos. (Esto ya no es fábula, sino un hecho comprobado. Se ha de reconocer que el hombre tiene visión. Véase nota al pie de este artículo).

Tan pronto como los israelíes tomaron la iniciativa en sus manos y comenzaron a convertir páramos en frutales, todo cambió. Como si otrora fueran espectros que andaban errantes en las tinieblas, aparecieron en persona en un abrir y cerrar ojos. Quejándose por su patria perdida y su nación subyugada. Y derramando lágrimas a raudales… (“Falastin, biladi ya ani, Falastin, Falastin…”)

De modo que para ser honestos, no usemos más el término palestino. Así no se puede describir a esa gente tan amena y agradable que se pone a bailar de gozo cuando nos matan. (No solamente a los norteamericanos, señor Miller, sino a gente de todo el mundo y de cualquier confesión. Aunque tienen preferencia por los judíos consideran que, en definitiva, lo más importante es degollar a gente) Claro, lo hacen hasta que alguien les advierte que les están filmando, sigue diciendo el escritor. (Y yo agrego: Entonces se van a casa a comer caramelos. Por que al fin y al cabo es fiesta, y se ha de celebrar la ocasión). Como dijera en su momento Diógenes: “Cuando más conozco los hombres, más me gustan los animales”. Me pregunto que, sin saberlo, el gran filósofo griego tal vez hubiera profetizado cierta clase de seres humanos….

En lugar de ello llamémoslos como se debe, insiste nuestro esclarecedor, y aclara lo que insinúa:

“Otros Árabes Que No Pueden Hacer Nada en la Vida y Más Bien se Arrebujan en el Seductivo Melodrama de la Lucha Eterna y la Muerte”. (Es decir, andan a la caza de grillos, o de gamusinos. O son parásitos, chupópteros, bicharracos o gusarapos. Es decir, quienes reciben subvenciones a granel de los países desarrollados, para que a cambio de ello no se quejen o les digan algún que otro improperio. Y a ello agregaría: Que Son Peritos en la Autosugestión de que Son los Más Discriminados del Mundo. Es decir, dar gato por liebre. Y eso, en menos que canta un gallo).

Ya sé que no se puede presumir escuchar eso en la CNN (ni en muchos países de Europa, señor Miller; las cosas ya no son como antes, se han vuelto peores), de modo que propongo algo diferente: “Judeófobos Colindantes” que anhelan su propio país, ¿qué les parece? Pero no, señores, no es lo que ello realmente quieren. Hubieran podido conseguir su propio país en cualquier momento de los treinta últimos años. En especial cuando se reunieron en Camp David hace un par de años. (No olviden cuando se escribió)

Pero si han de tener su propio país, deben instalar semáforos, disponer de servicio de retiro de desperdicios y cámaras de comercio y, lo que es peor, encontrar los medios para ganarse la vida.

Esto ya no es chiste. No resulta nada gracioso. De modo que lo que de hecho querían es lo que desean todos los judeófobos del mundo: recibir Israel en una bandeja y, desde luego, con una enorme pila de judíos muertos. Como dijera cualquier cantamañanas.

Que además, adolecen de una sinestesia de muy padre y señor mío, y afectados de un solipsismo sumamente grave. (Para quienes esos términos sean un tanto sospechosos, he de señalar que semejantes vocablos no son improperios. Según el diccionario de la RAE se trata solamente de “Imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente”, en el primer caso mientras que el segundo es “una forma radical de subjetivismo según la cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo”. Ahora entendieron, ¿no es cierto?)

¿Por qué quieren pasar a cuchillo a todos los judíos? Porque sí. En primer lugar, para lograr la destrucción de Israel, o sea la Entidad Sionista como se lee en sus libros de texto. Que durante los últimos 50 años ha permitido a los dirigentes árabes distraer la atención de sus pueblos de que son los más pobres, analfabetos y miserables de este sufrido planeta. Y si alguien ha sido un trotamundos, y ha echado un vistazo por aquí y por allá, bien sabe lo que ello quiere decir.

Y sigo citando al ilustre y bien informado yanqui que no tiene pelos en la boca: Confieso que me siento bien aturdido cada vez que nuestros entendidos hablan poéticamente sobre las grandes realizaciones del mundo musulmán en el pasado. A no ser que me equivoque, los árabes no han brindado al mundo nada bueno desde que le dieron el álgebra. Y, sea dicho entre paréntesis, no sé si agradecerles el hecho que nos hayan legado semejante rompecabezas.

Tengan en cuenta lo que sigue y luego recapaciten: hay 500 millones de árabes y 5 de judíos (en el Medio Oriente, se entiende). Pensemos que los países árabes llenan todo un campo de fútbol, y los judíos serían algo así como una caja de fósforos en medio. Y esos tipos aseguran que si Israel les da la mitad de esa cajita, todos volverán a ser amigos.

¿Se puede creer en ello? Eso ya es una gran noticia. Pero, cuidado, ¿cómo se entiende eso con la larga serie de guerras libradas para exterminar a ese diminuto país, y ese incesante tumulto de amenazas para echar a los judíos al mar? Ah, bueno. Es que ustedes estaban tan sólo bromeando… ¿De veras?

Mi amigo Kevin Rooney me dio el otro día una excelente idea: ¿Por qué no invertir los números? Imagínense si en el mundo hubiera 500 millones de judíos y 5 millones de árabes. Me quedé de una pieza al pensarlo. ¡Qué idea más brillante!

Acaso alguien puede imaginarse a los judíos poniéndose cinturones de dinamita y explotándose a sí mismos. Desde luego que no.

O ¿dedicando cada fibra de su ser durante generaciones para echar al mar a un diminuto Estado árabe? Ni pensarlo.

¿O bailando para celebrar la muerte de inocentes? De ningún modo.

¿O difundiendo el libelo de que los árabes prepararan sus pitas con la sangre de niños inocentes? Ni por asomo.

Lo peor que se pudiera esperar de ellos es que discutan cualquier cosa hasta la muerte. De eso sí que serían capaces. (Muy bien, señor Dennis. Qué modo tan acertado de ver las cosas. Somos capaces de hablar, y hablar y más hablar, y también de insistir sobre un punto cualquiera porque nos encanta cotorrear, de eso que no le quepa duda).

Hasta aquí el escenario que esboza el humorista yanqui que, para ser francos, no parece apartarse mucho de lo que pudiera ser en realidad. ¡Quinientos millones de judíos!

El problema podría ser que en ese caso el mundo ¿de quién sería? Si siendo 14 millones se nos acusa de todos los problemas habidos y por haber y de tener una influencia sin límites, de ser 500.000.000 (vaya número descomunal), nuestras perspectivas hubieran aumentado en forma morrocotuda. De hecho, las grandes potencias ya no tendrían nada que decir. Jerusalén sería la capital del mundo, y todos los grandes acudirían en masa a la Kiriá y a la Knéset para granjearse la amistad de “los amos del orbe”. Y a todo ello agregado el hecho que ahora hemos descubierto que tenemos gas a raudales. Por lo tanto, quién sería el “guapo” que nos retase. A ver…

La pregunta que se formula sería si en ese caso el mundo saldría ganando… o perdiendo. La pregunta es muy sencilla: Estimado mundo, ¿qué prefieres, quinientos millones de judíos o de árabes? No contesto a esta pregunta, porque reconozco que no soy objetivo. Solamente citaré un pequeño detalle: Se imaginan el problema que plantearía a los científicos “goyim” del orbe: no les quedaría apenas Premio Nóbel disponible, luego que esos desalmados hebreos se hubieran apropiado de casi todos.… Seguramente en este punto llegarían a elevar una queja ante la Corte Suprema de La Haya. Hagan justicia con nosotros, por favor. No olviden. No son como cualquier otro… Al fin y al cabo, se trata de judíos.

NOTA:

En esto tiene toda la razón. Durante el Mandato Británico la palabra “Palestina” más bien hacía referencia a la entidad judía, a la comunidad hebrea, que a los árabes locales. Para ellos, esta tierra formaba parte de la llamada “Gran Siria”, y no se mencionaba para nada a Palestina que, a propósito, era un nombre acuñado por el emperador romano Adriano, sin relación alguna con los filisteos de Gaza de la época bíblica. Estos procedían del Mar Egeo y eran de origen indoeuropeo. El anhelo supremo del hebreo en la diáspora había sido siempre regresar a Palestina, la eterna patria de su pueblo. Los judíos sionistas del mundo se autodenominaban “palestinos”. La entidad política de la comunidad judía era la Agencia Judía para Palestina, dos de los principales bancos locales eran el Anglo-Palestine Bank (ahora el Bank Leumí) y el Palestine Discount Bank y la empresa eléctrica se llamaba The Palestine Electric Corporation. El diario en inglés era el Palestine Post y la orquesta principal se llamaba the Palestine Philarmonic Orquestra. Todo el personal de esas entidades y empresas era judío. Y el destacamento procedente de este país que combatió a los franquistas en la Guerra Civil española, integrado exclusivamente por hebreos, se llamaba “Brigada Palestina”. Terminante, ¿no?

Moshé Yanai

Avigdor Liberman, líder del partido político "Israel Beyteinu"

Avigdor Liberman, líder del partido político "Israel Beyteinu" ("Israel Nuestra Casa"), se ha convertido en una de las principales figuras de la política israeí. En las últimas elecciones ha obtenido 15 bancas en la Knesset (Parlamento israelí) y ha quedado como tercera fuerza detrás del partido centrista "Kadima" ("Adelante") con 28 bancas y del derechista "Likud" ("Unión") con 27.

Pero ¿quién es este controvertido personaje que en poco tiempo se ha vuelto tan importante en Israel, al punto que es fundamental tanto para "Kadima" como para "Likud" para formar una coalición? Hay que recordar que el Estado judío todavía no tiene un nuevo Primer Ministro, ya que para llegar a serlo, uno de los partidos que más votos obtuvo tiene que formar una coalición con 61 diputados por lo menos, pues en el Parlamento hay 120 bancas. El otro deberá decidir si encabezará la oposición o se unirá a la coalición.

Liberman nació en Moldavia, en la ex Unión Sovíetica. A la edad de 20 años emigró a Israel, donde hizo el servicio militar y estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internaciones en la Universidad de Jerusalén.

Ha comenzado del lado de Benyamin Netanyahu en las filas del "Likud" y después creó su propio partido, "Israel Beyteinu". Siendo, al principio, una fuerza pequeña, se unió con otros partidos de derecha. Sin embargo, con el tiempo su popularidad fue creciendo y de cuatro mandatos en su primera elección, ha pasado a once y, en esta última votación, quince. Además de diputado, ha sido Ministro de Transporte durante el gobierno de Sharón y Ministro de Asuntos Estratégicos, para el de Olmert. Sin embargo, Liberman, abondonó el gobierno poco tiempo después.

Lo que llega a los medios de comunicación acerca de Avigdor Liberman no es real. Las malversaciones acerca de las propuestas o dichos del diputado, son tan grandes y notorias que llegan a ser mentiras. En este artículo no quiero defender a Liberman, sino aclarar cuáles son sus ideas y cuál es el verdadero perfil de este polémico político.

Liberman es acusado de racista, fascista y extremista de derecha. También aseguran que su intención es echar a todos los árabes y de causar un genocidio en los territorios palestinos. Nada de esto es cierto.

¿Por qué no es racista? Porque nunca ha expresado odio hacia los demás por el simple hecho de pertenecer a otro pueblo o religión.

¿Por qué no es fascista? Porque el fascismo es una ideología totalitaria que propone una economía dirigista. Sin embargo, Liberman, es un demócrata capitalista y liberal.

¿Por qué no pertenece a la extrema derecha? Porque algunas de sus ideas son idénticas a las de la izquierda y propone todo tipo de soluciones para llegar a la paz, o en su defecto, tranquilidad. Eso no es ser extremista.

Veamos cuáles son sus propuestas más importantes:

- Fijar, de una vez por todas, las fronteras del Estado de Israel ¿Cómo? Sin mover a nadie de su casa ni de su tierra, como muchos piensan. Lo que propone es un cambio de territorios. O sea, muchos poblados árabes que están dentro del Estado de Israel bordeando la "línea verde" (una especie de frontera entre el Estado judío y los territorios palestinos), pasarían a formar parte de un futuro Estado palestino y los asentamientos con grandes densidades de población judía dentro de Cisjordania, quedarían del lado israelí. Al contrario de lo que se oye, los que abandonarían tierras serían los judíos que viven en los pequeños asentamientos y ningún árabe deberá dejar su hogar. Lo único que perderían los árabes sería la ciudadanía israelí, pues pasarían a ser palestinos en todo sentido. La propuesta es interesante, por lo menos para el debate, ya que propone un Estado palestino más grande aún del que reclama hoy en día la Autoridad Palestina (el Hamás sólo quiere el exterminio de los judíos, no quiere negociar, por lo que no entra en este reclamo).

Analicemos este punto de la siguiente manera: la mayoría de los árabes israelíes se consideran palestinos. Ellos, los palestinos que viven en Gaza o Cisjordania y el mundo, presiona para formar el "Estado de Palestina" o como sea que quieran llamarlo.

La propuesta de Liberman, lejos de ser extremista, parece buscar, de manera seria, una solución al conflicto con la creación de dos Estados, la cual es una idea del centro y la izquierda en el mapa politico israelí y, también, de la Autoridad Palestina. Pero entonces ¿por qué es rechazada? Pues no importa cuán palestino se sienta un árabe israelí y cuán identificado con la "causa palestina" esté (quien escribe cree que el problema de esta causa es Irán, Siria, Hizballah, el Hamás y no Israel), de ninguna manera quiere perder la ciudadanía israelí, pues perdería todas las riquezas y libertades que le ofrece el Estado judío y serían negadas en el futuro gobierno palestino, más aún si suben al poder los opresores teocráticos y Yihadistas del Hamás.

Todo aquel que odie al Estado de Israel, creo que debería dejar la nacionalidad de manera voluntaria, pero claro, los beneficios que tienen gracias a ese país, pueden más que su ideología de odio.

- Dividir Jerusalén. Esta idea es una de las bases de la izquierda y sí, sin embargo, también de Liberman. En la parte oriental de Jerusalén, casi ni viven judíos. Caminar por allí es tan peligroso para un judío como caminar por Ramallah (ciudad más importante en Cisjordania, donde se encuentra el Parlamento). Todos los residentes tienen el "Documento Azul" (nombre que se le da a la cédula israelí). Incluso muchos terroristas gozan del mismo.

La division de Jerusalén es uno de los más importantes reclamos de la AP.

- Pedir fidelidad al Estado. Este es, quizás, uno de los puntos más polémicos de Avigdor Liberman. Pero creo que cualquier país que tenga dentro de su territorio gente que apoye, ayude o realice terrorismo en contra suyo, se apresuraría para tomar medidas de este tipo.

¿Cuál es el problema de pedirle fidelidad a los ciudadanos? Si nos guíamos por los dichos de los diputados de los partidos árabes del Parlamento israelí, veremos que, concordemos o no, no es una locura hacerlo. Aquí algunas frases de estos políticos: "Los palestinos deben secuestrar soldados israelíes", "Estoy orgulloso del Hamás y de todo aquel que lo apoye", "El Hizballah tuvo que secuestrar dos soldados por estupidez israelí", "Estoy preparado para ser un "Yahid" (terrorista suicida)", "que vivan los Yahid", etc, etc, etc. Todo estos personajes reciben entre 27 y 35 mil shekels por mes aproximadamente, salvo los jubilados quienes cobran unos 7 u 8 mil ¿Está mal pedirles fidelidad? ¿Qué otro país en el mundo tiene enemigos dentro de su propio Parlamento y les paga semejantes fortunas? Otro ex diputado llamado Bashara está acusado de colaborar con el Hizballah durante la Segunda Guerra del Líbano. En vez de declarar, huyó a Jordania y hoy está en el Líbano. Sin embargo, el gobierno israelí le sigue depositando 8 mil shekels por mes.

A esto hay que agregar las marchas en favor del Hamás, en pleno conflicto con la organización terrorista, realizadas en algunos poblados árabes.

Vivir con enemigos dentro de las fronteras es peligroso para cualquiera y para la existencia de un Estado. No debería haber enemigos, pero si los hay y quieren destruír el país donde residen, por razones religiosas o ideológicas, entonces, por lo menos, que estén afuera y no adentro disfrutando de los mismos derechos que otro ciudadano trabajador y leal tiene.

En los demás países del mundo, una traición se paga con prisión en las Democracias y con la muerte en las Dictaduras. Sin embargo, a pesar de que todos estos diputados, además de todo lo dicho anteriormente, se reunieron con líderes de gobiernos y organizaciones terroristas hostiles a Israel, siguen gozando de ciudadanía, sus bancas en el Parlamento y jugosos sueldos ¿Se conoce alguna situación parecida en otro país? Por lo menos yo, no supe de ninguna.

- Pasar del "asunto palestino" al "asunto iraní". O sea, Liberman considera que la fuente del terrorismo anti-israelí es el gobierno islámico fundamentalista y totalitario de Irán. Asegura que sin él, no existiría ni Hamás ni Hizballah, etc, por lo que las fronteras del país estarían mucho más seguras. Y, por supuesto, afirma que es fundamental frenar a la dictadura fascista iraní de obtener bombas atómicas, ya que el opresor Ahmadinejad llama a "borrar a Israel del mapa".

Israel es el único país judío del mundo, en el cual los judíos encontraron refugio de las persecuciones en Europa y en el Medio Oriente. Su tamaño es minúsculo y su voluntad de llegar a la paz, aunque tenga que achicar aún más su territorio, es mayúscula. En este Estado no se persigue a nadie por su religión, color o ideas. Sí deben tomarse medidas de seguridad, como lo haría (y hace) cualquier país del mundo y más cuando su existencia viva amenazada por locos extremistas. He llegado a escuchar que Israel debe sacar, incluso, los puestos de seguirdad ¿Para qué? ¿Para que los terroristas que quieren "tirar a los judíos al mar" cumplan con sus amenazas? Pueden esperar sentados.

Liberman quiere que Israel siga siendo un Estado judío y democrático ¿Es, acaso, esto repudiable? ¿Los judíos le piden a Turquía o Algeria que retiren el símbolo musulmán de sus banderas o que cambien sus himnos o no reconocen a Arabia Saudita como un Estado Islámico? Entonces ¿por qué Israel tiene que pedir disculpas por ello si se respetan los derechos de todos sus ciudadanos?

No podemos negar que hay muchísimos árabes israelíes que se oponen al terrorismo, a los diputados que dicen representarlos en la Knesset, que festejan "Iom Haatzmaut" (día de la independencia de Israel), que cantan el himno y que se sienten orgullosos de pertenecer a este país. Liberman no quiere retirarle a ellos la ciudadanía, bajo ningún punto de vista.

En las filas de "Israel Beyteinu", hay un recién electo diputado druso. Los drusos conforman una población minoritaria en Israel, así como en Jordania, Líbano y Siria. Su lengua madre es el árabe, se consideran musulmanes y, algunos de ellos, árabes también. Este pueblo se originó en el siglo diez, a raíz de una división en el Islam. Los que habitan en el Estado judío se consideran israelíes en todo sentido, incluso hacen el servicio militar y llegan a ser oficiales con altos rangos. Este diputado apoya contundentemente la propuesta de "sin lealtad, no hay ciudadanía"

El modo de expresarse de Avigdor Liberman es muy directo y, por momentos, no muy "político". Quizás por esa razón, lo acusen de extremista. Pero se ha llegado a decir que Liberman dijo que hay que "hacer con los palestinos lo que Estados Unidos hizo con Hiroyima y Nagazaki en la Segunda Guerra Mundial". Falso. Se refería al Hamás. No utilizó el término "palestinos", sino "Hamás". Destruír a este grupo terrorista es algo que, incluso, muchos palestinos quieren.

El método que quiere implementar en Israel Liberman (lo ha dicho en varias oportunidades) es el chipreota, o sea, cuando se dividió a la población griega y turca. Este sistema, dice el político israelí, no fue fácil de implementar y un tanto dramático en su realización, pero el resultado a la larga fue el fin de la violencia. Aparentemente, según Liberman, la convivencia entre ambos pueblos "bajo un mismo techo" es conflictiva, por lo que propone realizar una división (aunque no absoluta) sin echar a nadie, como he afirmado anteriormente. Los críticos de esta postura dicen que Chipre no es Israel y cada país merece su propio análisis y deben tomarse desiciones según la realidad interna y nada más. Puede ser cierto, puede que no. Puede que los opositores a Liberman tengan buenos argumentos para refutar las propuestas del polémico político o puede que el líder de "Israel Beyteinu" esté más acertado. Pero esto ya entra en un terreno de interpretaciones y opiniones personales, totalmente respetables. Lo que no se puede entender son las mentiras dichas acerca de su persona o de sus dichos.

Liberman falla a la hora de la propaganda. Su estilo habitual de no responder a las críticas infantiles que se le realizan como "fascista", "racista" o "extremista", genera que el mundo se lo crea (incluso varios israelíes). Si bien es cierto que la técnica de ignorar acusaciones infundadas y facilistas es, a veces, positiva, creo conveniente que en este caso, habrá que responder con altura y sin exagerar ni atacar verbalmente. Me parece que si Liberman quiere limpiar su nombre, deberá tomar medidas en este asunto de manera urgente. De lo contrario, no creo que vaya a superar los 15 mandatos nunca.

Ahora bien, el mundo critica a la derecha israelí y se indigna cuando les va bien en las elecciones. Sin embargo que haya ganado el grupo terrorista Hamás que llama al exterminio de los judíos, lo consideran un digno acto democrático. De todos modos, la Comunidad Internacional olvida que los que siempre trajeron paz o tranqulidad a Israel fueron líderes de los llamados "duros". Menahem Begin del partido Likud, por ejemplo, firmó la paz con Egipto a fines de los años 70. Rabin, si bien pertenecía a "Avodá" (un partido izquierdista), no era reconocido como un "blando" o una "paloma", sino hasta los tratados de Oslo en el 93 con Arafat y firmar la paz con Jordania en el 94. Lamentablemente, Rabin, fue asesinado por un extremista judío. Sharón, fue uno de los principales opositores a los acuerdos de Oslo y, sin embargo, como Premier israelí, desalojó la Franja de Gaza y algunos asentamientos de Cisjordania, habló acerca de la creación de un Estado palestino, se reunió en reiteradas posibilidades con el líder de la AP, Abú Mazen y hasta formó un partido político centrista (Kadima). Por lo tanto, los enemigos de Israel son los que deciden a los líderes del Estado judío. Siempre que hubo esperanza para la paz, la izquierda y el centro (los supuestos encargados de encabezar las negociaciones por la paz) se adjudicaban la mayoría de los votos para poder seguir con las conversaciones. No obstante, cuando los terroristas arruinaban todo proceso o avance hacia un Medio Oriente sin violencia, la derecha volvía al poder, pues la gente se cansaba de ofrecer una mano para la paz y que les claven un cuchillo por la espalda. Por esta razón, sólo los "duros" han alcanzado la paz.

Actualmente la situación no es una excepción. Después de retirarse de Gaza y de algunos asentamientos de Cisjordania y de querer seguir negociando más retiradas a cambio de paz, los terroristas no cesaron de arrojar misiles ni de realizar atentados suicidas, secuestraron tres soldados (uno en Gaza y dos en el Líbano), declarándole de esta manera, dos guerras a Israel. Toda esta caótica situación generó mucha rabia en la población israelí y el "Likud" pasó de 12 mandatos en la elección anterior a 27 en la última ¿Queda alguna duda de quién elige a los líderes en Israel?

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