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Turquía pone fin a ofensiva militar en Irak, pero amenaza con volver

Historia del Estado
http://es.wikipedia.org/wiki/Kurdo
Turquía pone fin a ofensiva militar en Irak, pero amenaza con volver29 de Febrero de 2008, 04:15pm ETBAGDAD, 29 Feb 2008 (AFP) -
La ofensiva militar de Turquía contra los separatistas kurdos en el norte de Irak terminó y las unidades invoclucradas regresaron a sus cuarteles, informó el viernes el ejército turco, que sin embargo amenazó con volver a cruzar la frontera en caso de necesidad.
"Los objetivos fijados al inicio de la operación fueron alcanzados y nuestras fuerzas (...) regresaron a sus bases el viernes por la mañana", tras ocho días de combates, indicó el estado mayor turco en un comunicado.
Al menos 240 guerrilleros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, separatista), así como 27 militares turcos perdieron la vida en los enfrentamientos, de acuerdo con el balance turco de la incursión.
La operación, iniciada el 21 de febrero, no neutralizó al PKK, pero permitió "demostrarle que el norte de Irak no es un santuario", añadió el comunicado.
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No obstante su retirada, el ejército turco amenazó entonces con volver a cruzar la frontera, si lo considerara necesario.
Ankara seguirá "vigilando de cerca" las actividades del PKK y "no permitirá ninguna amenaza contra Turquía desde esa región", afirmó ese texto.
"La lucha contra el terrorismo se proseguirá con determinación, dentro y fuera de Turquía", agregó ese comunicado.
Más tarde, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, pidió a Irak que coopere para erradicar a los independentistas kurdos del norte iraquí para que su presencia "no perjudique nuestras relaciones" pues además son "un factor de desestabilización y una amenaza en la región".
"Turquía e Irak deben trabajar juntos para terminar con este problema, no hay otra vía", afirmó Erdogan en un discurso televisado.
Ankara anunció el fin de la ofensiva luego de que Estados Unidos acentuara el jueves su presión. Sin embargo, el ejército turco aseguró que el repliegue fue decidido sin ceder a "ninguna influencia externa o interna".
El presidente estadounidense George W. Bush y su secretario de Defensa, Robert Gates, que el jueves estuvo en Ankara, llamaron al gobierno turco a poner fin a las operaciones "lo más pronto posible".
"Los turcos deben actuar rápidamente, para lograr su objetivo y luego salir (...) lo más pronto posible", dijo Bush.
Estados Unidos brindó informaciones en tiempo real al ejército turco sobre los desplazamientos de los separatistas, aunque temía que una operación larga derivase en un conflicto entre Turquía y los kurdos de Irak, sus dos aliados regionales.
El viernes, el portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndroe calificó de "selectiva y relativamente breve" la incursión militar turca en Irak y advirtió que "seguramente en el futuro, a no ser que el PKK abandone el terrorismo, estaremos obligados a seguir colaborando con los turcos y los iraquíes para combatirlo".
En estos ocho días, la aviación turca bombardeó 272 blancos y el ejército atacó 517 objetivos, principalmente en la zona de Zap, donde se localizaba un importante campamento del PKK, indicó el ejército turco.
Turquía estimaba antes de lanzar las operaciones que unos 4.000 insurgentes kurdos se movían en las montañas de Irak.
El PKK, catalogado como organización terrorista por la comunidad internacional, se levantó en armas en 1984, en el sudeste de Turquía, una zona con población mayoritariamente kurda. Unas 37.000 personas perecieron en ese conflicto.
BA/sf/js-gc/j
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La investigación sobre los atentados de Istanbul destapa el apoyo del Ejército al grupo Hezbolá

Todo sobre los Kurdos en
http://www.kurdos.org/
MANUEL MARTORELL (publicado en el diario El Mundo el 11 de diciembre de 2003)
De la investigación sobre los sangrientos atentados de Istanbul se deduce una conclusión no por esperada menos sorprendente: los autores pertenecerían al grupo Hezbolá, una siniestra organización que nació, creció y actuó durante la pasada década al amparo del Ejército y del propio Gobierno turco.
Los primeros datos de las pesquisas policiales indican que los “kamikazes” que hicieron estallar los coches-bomba frente a las dos sinagogas, el Consulado y el banco británicos de Istanbul partieron de una célula que esta organización tenía en Bingol. Concretamente, la policía habría encontrado pruebas de la participación de Feridun Ugurlu, Mesut Cabuk, Azad Ekinci y Gokhan Elaltuntas, estos dos últimos asociados a un café internet del centro de Bingol, en el que la policía se habría incautado de varios ordenadores para analizar su información.
Como ya han indicado varios medios de comunicación y analistas turcos, con este Hezbolá habría ocurrido en Turquía algo semejante al caso de los talibanes en Afganistán. Desde los servicios de inteligencia se habría alimentado a estos “escuadrones de la muerte” con el objetivo de aniquilar a dirigentes izquierdistas, kurdos o alevis para hacerlo desaparecer cuando su actuación ya no interesara a los intereses del Estado.
Entre enero y febrero del año 2000 fueron detenidos cientos de militantes, registrados decenas de pisos francos, en pocos días se resolvieron más de 400 asesinatos no aclarados, se localizaron 58 cadáveres en fosas comunes, la policía encontró cintas de vídeo donde habían grabado las salvajes torturas y ejecuciones de los desgraciados que caían en sus manos y su máximo líder, Huseyin Velioglu, murió cuando unidades especiales asaltaron su casa Beykoz (Istanbul) durante un aparatoso operativo transmitido por televisión.
La policía, entonces, prácticamente desarticuló toda la organización, pero muchos militantes lograron ponerse a salvo cruzando las fronteras de Irak e Irán, llegando hasta Afganistán y Paquistán, donde pudieron establecer contactos con la red de Al Qaeda, tal y como ya lo habían hecho antes Ekinci y Cabuk, dos de los integrantes de la célula de Bingol.
La relación del Hezbolá turco con el Ejército y los servicios secretos no es algo desconocido en Turquía; de hecho, en 1995 una comisión parlamentaria recabó evidencias de esta relación. Entre ellas figuraba el testimonio de un responsable policial de Batman, según el cual en el distrito de Gercus, entre las aldeas de Seku, Sonuhu y Cicekli, funcionaba uno campo de entrenamiento al que se le suministraba armas adquiridas en Europa del Este. Poco después de sus declaraciones, este funcionario fue destituido.
El Hezbolá turco fue utilizado fundamentalmente para combatir al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en los núcleos urbanos, donde actuaba a plena luz del día sin que sus activistas fueran molestados. Esta estrategia fue reconocida en su momento por el general Hasan Kundakci en unas declaraciones publicadas por el diario Milliyet y el dirigente socialdemócrata Fikri Saglar llegó a afirmar, en 1992, que esta política estaba basada en los planteamientos antiterroristas diseñados por el Consejo de Seguridad Nacional el año 1985.
Al menos tres periodistas turcos han sido asesinados por investigar y publicar informes sobre los vínculos entre el aparato del Estado y el grupo terrorista Hezbolá, al que en las provincias kurdas se le conocía con el nombre de Hezbo Contra, en referencia a la Contra nicaragüense. El primero de ellos fue Halit Gungen, periodista del semanario “2000’ Dorgru” (Hacia el 2000), que fue asesinado en su oficina de Diyarbakir el 18 de febrero de 1992. Solamente dos días antes había aparecido un reportaje suyo denunciando la relación entre Hezbolá y la policía. Unal Erkan, gobernador especial de las provincias bajo estado de emergencia, reconoció que el militante de Hezbolá responsable del crimen fue puesto en libertad tras permanecer detenido varios meses.
Hafiz Akdemir murió en la misma ciudad al ser alcanzado por disparos en plena calle solamente cuatro meses después –el 8 de junio-; había informado en el periódico “Ozgur Gundem” (Agenda Libre) que un hombre que había colaborado en dos asesinatos de Hizbulá fue liberado por la policía tras haber sido detenido. Finalmente, Namik Taranci, redactor del semanario “Gercek” (Realidad), fue tiroteado el 20 de noviembre de ese mismo año igualmente en Diyarbakir cuando se dirigía al trabajo. Acababa de publicar una información sobre las relaciones entre el Estado y Hezbolá.
Pese a pedirlo tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch, el Gobierno de Turquía jamás quiso realizar una investigación seria sobre estos vínculos. Ahora, en palabras de Ridvan Kizgin, representante de Asociación de Derechos Humanos en la ciudad de donde salieron los “kamikazes”, hay que tener en cuenta el pasado para comprender hasta dónde se puede llegar desde un lugar como Bingol.

La nación kurda treinta siglos en Kurdistán


HISTORIA DEL KURDISTÁN
Existido desde hace treinta siglos en Kurdistán. Los kurdos, cuya lengua es de origen indoeuropeo, se remontan a los medas que derrotaron a los asirios en el año 612 a.C., para fundar un imperio que a su vez fue vencido por los persas en el año 550 a.C. Desde entonces, el pueblo kurdo ha vivido bajo la dominación extranjera o bajo la opresión del feudalismo. Saladín, quien luchó contra los cruzados, era kurdo. En la Edad Media, los kurdos vivieron en relativa libertad bajo el reinado de sus soberanos y príncipes. Con el surgimiento del Imperio Otomano y la creciente rivalidad con el Imperio Persa, el Kurdistán se convirtió en una zona estratégicamente importante. Aunque los otomanos incorporaron al principado kurdo en 1639, los feudos kurdos fueron virtualmente autónomos durante el Imperio Otomano hasta comienzos del siglo XIX. Sin embargo, la interferencia otomana en los asuntos de los principados kurdos, causaron tales resentimientos que provocaron levantamientos que estallaron durante ese periodo. Dichas rebeliones, que se llevaron a cabo para liberar al Kurdistán del yugo otomano en 1806, 1831, 1842, 1855 y 1880, fueron derrotadas porque el tribalismo que prevaleció durante esa época impidió que se creara una conciencia nacional en el pueblo kurdo. En 1908, los Unionistas Turcos o Jóvenes Turcos tomaron el poder comprometiéndose a dar igualdad de derechos a las minorías kurda, albana, armenia y griega bajo el Imperio Otomano. Promesas que fueron incumplidas con el cierre de las escuelas y asociaciones que no fueran turcas. Los "Jóvenes Turcos" representaban una nueva clase social dominante cuya "revolución" se concretó en Mustafá Kemal. El Pan-turquismo o Pan-turianismo, ideología racista y chovinista de la nueva clase dominante, pretendía unir a los turcos sobre la base de someter a toda Asia Central. En 1914, los unionistas decidieron exterminar a todas las nacionalidades no turcas para materializar su sueño Pan-Turiano. De hecho, durante la Primera Guerra Mundial, más de un millón de armenios y miles de griegos fueron asesinados con ese fin. Una de las razones principales de las masacres contra armenios y griegos era el interés de la clase dominante turca de apropiarse del control del comercio en manos de los mercaderes cristianos que actuaban como comerciantes en nombre del capitalismo occidental. En los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, el pueblo kurdo tuvo su mejor oportunidad para instaurar su propio Estado Nacional. El ejército otomano estaba desintegrado y los unionistas estaban en desbandada. Tres cuartos del territorio turco estaba ocupado por las fuerzas inglesas, francesas y griegas. Existían diversas organizaciones kurdas, pero las serias diferencias entre tradicionalistas y modernistas, el atraso general y la incompetencia del liderazgo kurdo, los llevó a la derrota. Para entonces, se organizó un levantamiento en la región occidental del Kurdistán que logró liberar un área importante alrededor de Kotchgiri. A pesar de ello, el movimiento se quedó aislado sin extenderse al resto del Kurdistán, siendo vencido por las tropas kemalistas en marzo de 1921. Al liberar a Turquía de los ejércitos ocupantes en 1922, los kemalistas, liderados por Mustafá Kemal, convirtieron la liquidación de otras nacionalidades en una ciencia. Se declaró una política genocida contra las nacionalidades no turcas con religión cristiana o islámica, que prácticamente fueron exterminadas expulsándolas previamente de las tierras que habitaron durante milenios, para concentrarse contra los Laz, los Circacianos, y por supuesto, los Kurdos. Se impulsó una política de asimilación para destruir sus idiomas, sus culturas, sus tradiciones y sus costumbres. Por ello, afirmamos que destruir la cultura y el idioma de un pueblo, es también un genocidio, tan terrible como el genocidio físico de exterminación. Muestra clara de ello fueron las consignas chovinistas que enarbolaban afirmando: "Un turco equivale al mundo". "Cuán feliz es quien se dice turco". Estas consignas dejaron ver que quienes no fueran turcos, no tenían lugar en Turquía. Esta política fue particularmente bien articulada por el Primer Ministro Ismet Inonu, quien exclamaba: "Solamente los turcos en esta nación pueden elegir derechos étnicos y nacionales. Nadie más tiene ningún otro derecho". Aunque el Ministro de Justicia Mahmut Esat Bozkurt no se quedó atrás al arengar en un mitin en 1930 que: "Vivimos en un país llamado Turquía, la nación más libre del mundo. Como su representante, siento que puedo expresar mis convicciones reales sin reserva. Los turcos deber ser los únicos dueños y señores en este país. Aquellos que no son de origen turco puro, tienen sólo un derecho en Turquía: el de ser sirvientes y esclavos". Lo anterior explica la razón por la cual Hitler y Mussolini admiraban a Kemal. Kemal, quien prometió a los kurdos igualdad de derechos durante la Guerra de Independencia Turca, en el momento que requería el apoyo de los kurdos contra los ejércitos ocupantes se olvidó de sus promesas respondiendo con la prohibición del uso del idioma kurdo de la utilización de la palabra Kurdistán en 1925. Estos hechos provocaron el estallido de una insurrección que fue derrotada en dos meses, y los dirigentes fueron ahorcados en Diyarbakir. Cientos de poblados kurdos fueron arrasados, miles de hombres, mujeres y niños indefensos fueron masacrados y cientos de miles de kurdos fueron expulsados al occidente de Turquía donde miles murieron congelados en el camino a las montañas Taurus. Hasta 1938 con la derrota de la rebelión de Dersim -una zona montañosa del noroeste del Kurdistán- hubo insurrecciones en todo el Kurdistán. Éstas fracasaron debido a la falta de un liderazgo y a la influencia del tribalismo, que los kemalistas explotaron hábilmente, dividiendo a los kurdos y enfrentándolos entre sí. Tras la derrota de la resistencia kurda, los seguidores de Kemal ocuparon y colonizaron el Kurdistán. Esta colonización continúa en la actualidad a pesar del fin del sistema colonial en otras partes del mundo. La colonización y opresión de que han sido objeto los kurdos, refuta la tesis kemalista que afirma que su movimiento dirigió la primera lucha de liberación nacional anticolonialista que abría camino para las naciones oprimidas. Más aún, de acuerdo a la ideología kemalista oficial, en Turquía los kurdos no existen. Después de la última derrota de la resistencia del pueblo kurdo, el colonialismo turco inauguró un sistema de asimilación basado en la educación militarizada. Se construyeron escuelas en las áreas más remotas del Kurdistán, donde los niños kurdos fueron educados, o mejor dicho, adoctrinados en las ideas kemalistas, haciéndoles olvidar su origen kurdo y diciéndoles que como turcos se sentirían orgullosos de pertenecer a una raza superior. Los niños continúan siendo educados para negar sus raíces kurdas. De ahí que en los años 70 el pueblo kurdo, especialmente en las ciudades, encuentran más fácil comunicarse en turco, ya que hablar kurdo está estrictamente prohibido en las escuelas y en las oficinas públicas. Hablar kurdo implica por lo menos recibir insultos de los oficiales militares. Por ello, el PKK libra una lucha basada en los valores de su pueblo y la defensa de su idioma. Su objetivo es contribuir a construir un estado nacional moderno que acabe con los remanentes del sistema feudal que ha sobrevivido desde la Edad Media. Éste es el estado secular contemporáneo que pretende perpetuar un sistema anacrónico y conservar las redes de un orden religioso oscurantista, que ha mantenido al pueblo kurdo en la ignorancia durante siglos. SÍNTESIS HISTÓRICA El Kurdistán está situado en la estratégica parte septentrional de Medio Oriente cuyas alturas se extienden hasta los ríos Tigris y Eufrates. Los kurdos son los descendientes del pueblo indoeuropeo que habitó la región desde hace cuatro siglos: los Medas. El idioma kurdo está dividido en tres principales dialectos que tienen gran similitud con el farsi y las lenguas indoeuropeas: el kurmanji, el sorani y el zaza. El Kurdistán ha sido ocupado desde el s. VII a.C. por los imperios persa, macedonio, romano, armenio y bizantino. En el s. VII d.C. bajo el impacto de las invasiones árabes, la mayoría de la población kurda se convirtió al Islam sunita. En el s. XI los turcos Seljug, originarios de Asia Central, conquistaron la mayor parte de lo que hoy es la región este de Turquía incluyendo la zona del Kurdistán. Predominantemente nómada, el pueblo kurdo mantuvo cierta independencia bajo el liderazgo de sus propios señores feudales hasta el s. XVI, cuando el territorio se repartió entre los imperios Otomano (turco) y Savafavid (persa). Aunque los sultanes otomanos obligaron a pagar impuestos a la población kurda y reclutaron a su juventud al servicio militar, no interfirieron en su cultura y sus tradiciones islámicas. Durante este periodo, algunos líderes tribales kurdos mantuvieron vivas sus aspiraciones tratando de obtener su independencia política. Después de la derrota de los turcos en la Primera Guerra Mundial, los aliados occidentales se adueñaron del Imperio Otomano. El Tratado de Sevres de 1920, estableció el reconocimiento de un Estado Kurdo Independiente que debía asentarse en la región norte de Kurdistán (Turquía). Sin embargo, la autodeterminación del pueblo kurdo fue ignorada por el Tratado de Lausana de 1923 que da origen a la creación de la República Turca. Gran Bretaña y Francia efectuaron la partición de Kurdistán entre sus protectorados iraquí y sirio y la recién instaurada Turquía. La parte oriental del Kurdistán se mantuvo como parte de la Persia pro-occidental. Desde la perspectiva occidental, Turquía y Persia fueron vistos como estados-tapón contra la Rusia bolchevique, mientras que económicamente, Gran Bretaña tenía acceso a los campos petroleros del sur de Kurdistán. En Turquía desde la instauración de la república fundada por Mustafá Kemal "Ataturk" hasta hoy, a los kurdos les está prohibido ejercer cualquier derecho que exprese su propia identidad cultural. LOS PARTIDOS POLÍTICOS
La imposición de las reglas de poder han cerrado y silenciado la acción de los partidos políticos que se oponen a la solución militar del conflicto kurdo, que se ha cobrado ya más de 30.000 vidas en las dos últimas décadas. En particular contra los partidos que con el apoyo de la mayoría de la población kurda, han dirigido su lucha democrática dentro del marco de la legalidad. Estos partidos caminan en un campo minado compuesto por la Corte de Seguridad del Estado, surgida del Golpe Militar de 1980, los "Cuerpos Especiales", las "Guardias Rurales" y por el propio parlamento actual, que no sólo han impedido cumplir su cometido sino que pretenden hacerlos desaparecer. Como resultado de este primitivismo político, el Partido de la Labor del Pueblo (HEP), que enarbolaba una solución pacífica y que representaba las legítimas reivindicaciones del pueblo kurdo, fue clausurado. Inmediatamente después, se fundó el Partido de la Democracia (DEP), que continuó siendo objeto de las mismas arbitrariedades. El dirigente nacional, así como los diputados y miembros de la dirección del partido, fueron objeto de ataques armados en los que resultaron muertos algunos de ellos. La sede nacional del partido así como sus oficinas estatales y de distrito, fueron bombardeadas. La destrucción total de la infraestructura del partido impidió continuar con su participación en los debates que se llevaron a cabo en el parlamento. El DEP finalmente fue clausurado y expulsados del parlamento sus 13 representantes. Con el desmantelamiento del DEP, se crea el Partido de la Democracia del Pueblo (HADEP), teniendo que enfrentarse a múltiples obstáculos legales y materiales. Finalmente, el HADEP logró superar todos los impedimentos al obtener el 50 % de la votación total de la población en la zona este del país, colocándose como la primera fuerza electoral en la región. El sorprendente éxito del HADEP, que incrementó la votación obtenida con anterioridad por el DEP, convulsionó al gobierno turco. Durante el congreso del HADEP realizado el 23 de junio de 1996, al que asistieron miles de personas, se llevó a cabo un acto de provocación. La reunión estaba presidida por una bandera de la República Turca que fue arriada hasta el suelo por un grupo de desconocidos enmascarados. Este hecho fue presenciado por el Delegado Gubernamental, el Comisionado Estatal y por decenas de guardias de seguridad. A pesar de los esfuerzos desplegados por los organizadores del congreso para volver a izar la bandera a la altura en que estaba colocada, esto no fue posible. Este acto fue hecho con la clara intención de utilizarlo contra el partido. La realidad es que frente a la opinión pública está claro que los mismos procedimientos utilizados contra el DEP son ahora usados contra el HADEP. Anteriormente el DEP fue acusado de ser una organización "criminal" y sus miembros llevados a la Corte de Seguridad del Estado. Ahora toca el turno al HADEP. El presidente y sus militantes, también son acusados de "traidores a la nación" por plantear públicamente ante el parlamento la necesidad de encontrar una solución política a la Cuestión Kurda. Son acusados de "separatistas" y "terroristas". Como consecuencia de esta campaña, el caso que originalmente debía ser ventilado en un tribunal, una vez más, como en el pasado, pasó a la Corte de Seguridad del Estado. Los argumentos por irrisorios, dan cuenta de la forma en que el gobierno aborda el tema del reconocimiento de una realidad de 20 millones de habitantes, que reivindican su derecho a existir y de ejercer su legítimo derecho a expresar su identidad cultural. En Turquía existen 154 leyes que prohiben cualquier manifestación de la identidad cultural kurda, que van desde la prohibición de la palabra "Kurdistán", la edición de cualquier material escrito, auditivo o visual en el idioma kurdo o que se refiera a los kurdos. Existe una lista de "nombres turcos autorizados" en los registros civiles para impedir que los niños lleven nombres kurdos, los nombres originales de la geografía, pueblos y ciudades del Kurdistán han cambiado por nombres turcos. De lo que se trata es de borrar las raíces históricas de un pueblo que tiene tras de sí 40 siglos de existencia. Como resultado de los procedimientos para ilegalizar a los partidos políticos, la Corte de Seguridad del Estado ha sentenciado a LEYLA ZANA, ORGHAN DOGAN, SELIM SADDAK y HATIP DICLE, parlamentarios y dirigentes del DEP, a 15 años de prisión por denunciar las atrocidades perpretadas contra la población civil, llevar ante el parlamento la discusión sobre la solución pacífica del conflicto, dirigirse al parlamente en su propio idioma planteando la fraternidad turco-kurda y, en el caso de Leyla Zana, vestir los colores nacionales kurdos: rojo, verde y amarillo. Todos ellos fueron acusados de atentar contra "la integridad nacional turca". LA CUESTIÓN KURDA Y LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
La flagrante violación de los derechos humanos contra la población kurda denunciada por múltiples organizaciones internacionales defensoras de los Derechos Humanos entre las que se encuentran Amnistía Internacional y los informes presentados ante la Comisión de Derechos Humanos y la Subcomisión sobre la prevención de la Discriminación y Protección de las Minorías de la ONU, diversas instancias internacionales como la Organización de Seguridad y Cooperación Europea, el Parlamente Europeo, el Consejo de Europa y la Internacional Socialista, han exhortado al gobierno de Turquía a: · Liberar de inmediato a todos los prisioneros de conciencia. · Levantar las restricciones de libertad de expresión tanto a los ciudadanos turcos como a los kurdos para ejercer sus derechos políticos y culturales. · Permitir el acceso de la Cruz Roja Internacional y otras organizaciones humanitarias al sudeste de Turquía, para dar apoyo a las víctimas de la guerra. · Liberar de inmediato a los miembros del parlamento turco presos, acusados de "Alta Traición" por el delito de ser kurdos y defender los derechos de la población kurda ante el parlamento. · Levantar el Estado de Emergencia que prevalece en la región del Kurdistán, en reconocimiento a la voluntad expresada por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que declaró un Cese al Fuego Unilateral, para entablar un diálogo que permita llevar a cabo negociaciones para encontrar una solución política al conflicto. Llevar a cavo reformas legales que incluyan la abolición del artículo 8 de la "Ley Antiterrorista" de 1991, que establece que "todas las formas de propaganda escrita u oral, incluyendo reuniones, manifestaciones o marchas que atenten contra la "integridad territorial o nacional" de la República Turca, quedan proscritas. Cualquier violación a este artículo, implicará una sentencia de 2 a 5 años de prisión y una multa de 50 a 100 millones de liras turcas". (Ley Antiterrorista Nr. 3713, Art. 8). La Asamblea de la Unión Europea en su sesión del 24 de mayo de 1995, establece en torno a la Cuestión Kurda que: "Si no se resuelve adecuadamente la otorgación de los derechos culturales de los kurdos mediante alguna forma de autonomía política y administrativa que no afecte a la integridad territorial de Turquía, el conflicto continuará amenazando la seguridad turca, y limita las posibilidades de contar con un balance en las políticas de seguridad y defensa que le permitan integrarse en las estructuras intergubernamentales y supranacionales de la Unión Europea". EL MOVIMIENTO KURDO EN SU CONJUNTO NO PRETENDE SEPARAR A TURQUÍA DE EUROPA, ASPIRA A ENCONTRAR UNA SOLUCIÓN POLÍTICA AL CONFLICTO, QUE PERMITA A LOS 15 MILLONES DE HABITANTES KURDOS, EJERCER SU LEGÍTIMO DERECHO A PRESERVAR SU IDENTIDAD CULTURAL DENTRO DE LOS LÍMITES DE LAS FRONTERAS TURCAS RECONOCIDAS Y DENTRO DE LOS MARCOS DE LEGALIDAD INTERNACIONAL. EL RECONOCIMIENTO DE SUS DERECHOS INALIENABLES PERMITIRÁ, ADEMÁS, CONTRIBUIR AL PROCESO DE DEMOCRATIZACIÓN DEL PAÍS Y A GARANTIZAR LA ESTABILIDAD Y LA SEGURIDAD INTERNACIONALES EN LA REGIÓN.

LOS KURDOS: HISTORIA DE UN PUEBLO OLVIDADO

Por Plinio
Casi todo el mundo ha oído alguna vez hablar del Kurdistán y del conflicto kurdo. Sin embargo es muy poca la información que la opinión pública recibe sobre cual es la problemática y los procesos históricos de otros pueblos, como los kurdos, que sufren muchas de las desigualdades que conducen a muchos de los conflictos actuales.
Cuando se hace referencia al pueblo kurdo es importante tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: en primer lugar que representan la más numerosa minoría étnica sin estado del mundo (aproximadamente 22 millones); y en segundo lugar que, como pueblo, llevan décadas sobreviviendo a políticas de exterminio, lo cual hace que la historia de este ancestral pueblo sea la historia de una resistencia.
Los kurdos (parte de la gran familia de pueblos indoeuropeos) se asentaron en el espacio que actualmente ocupan hacia el 2500 A.C. El antiguo Kurdistán, es una región del suroeste de Asia que engloba territorios de distintas naciones: Irak, Irán, Turquía, Armenia, Siria (actualmente a esta región se llama “el gran Kurdistán”); espacio definido por las zonas montañosas formadas especialmente por los montes Taurus (sur de Turquía), Zagros y Elburz (suroeste y noroeste de Irán). La población actual asentada en el Kurdistán sería de unos 20 millones como pueblo kurdo. La mayor población se encuentra en Turquía (unos 15 millones de habitantes), país que, por cierto, es uno de los más férreos a la hora de actuar contra este pueblo.
En lo esencial, la estructura social de los kurdos está basada en clanes; tipo de organización social que actuó de freno para las revoluciones nacionalistas. Estos pilares de la estructura social llevaron a que la sociedad kurda fuera económicamente autosuficiente y que se mantuviese aislada (y cerrada) a todas las transformaciones que en el Oriente Medio se iban produciendo a lo largo de la historia. Se podría decir que al mundo moderno de la construcción de los Estados-Nación, el pueblo Kurdo llegó con una estructura social que no le permitió desarrollar o, mejor dicho, cumplir un proyecto nacionalista.
Las raíces de las actuales políticas represivas del pueblo kurdo se remontan a después de la Primera Guerra Mundial, de 19l5 a 1925, cuando se da un proceso de lucha por el reparto del Kurdistán. En 1925 se produce ampliación kurda del estado de Irak, se crea la Irak Petroleum Company con participación de EEUU, Gran Bretaña y Francia para el negocio petrolero. Los distintos estados fueron maniobrando con el pueblo kurdo según sus intereses, haciendo y deshaciendo sobre sus territorios, sobre sus riquezas, sin que estos fueran consultados. Las políticas represivas produjeron una gran cantidad de exiliados, refugiados y una fuerte emigración hacia Europa, sobre todo a Alemania (que cuenta con casi 1.000.000 de habitantes de etnia kurda) también a Italia, Francia, Suecia, EE.UU y Australia.
Pero, ¿por qué históricamente el pueblo kurdo ha sido perseguido? En el plano económico, el territorio del Kurdistán es una zona rica en recursos naturales, como el agua y el petróleo, así como también en grandes extensiones de robles, zonas de pastoreo y es una de las mayores zonas cerealistas de “oriente medio”, además de ser una zona de encuentro entre tres continentes y sus rutas comerciales. El subsuelo kurdo está considerado como una de las mayores reservas petrolíferas de Oriente Próximo: del territorio kurdo de Turquía se extrae la totalidad del petróleo de este país; en la zona de Irak, las reservas representan el 40% del total de la nación y en Irán son sólo el 10 %, pero en esta misma zona se ha localizado una de las principales bolsas de gas natural del país; de la zona kurda de Siria se extrae la totalidad del petróleo nacional.
En el plano político, es la consecuencia de estas riquezas, la que da origen a los conflictos y puja de intereses regionales y mundiales. Entonces, la respuesta a la pregunta inicial es sencilla: los kurdos están ocupando un territorio en una zona codiciada históricamente por diversas potencias, primero regionales y luego, en el siglo XX y XXI, mundiales.
El más claro ejemplo de represión contra este pueblo se encuentra en la política del estado Turco, la cual antes de la lucha armada ha consistido en despoblar las zonas del Kurdistán. Esta estrategia que utiliza a la tierra como instrumento de guerra junto con la guerra propiamente dicha, fomenta la inmigración kurda hacia las metrópolis turcas y europeas, después de años de sistemática destrucción de casas y aldeas enteras. Se calcula en 30000 las personas asesinadas desde 1984 a la actualidad, en millones los habitantes que emigraron y en cerca de 3000 las aldeas y pueblos destruidos, por lo cual se puede hablar de un etnocidio vigente en el tiempo.
Frente a esta represión, los kurdos se han organizado en una serie de partidos y organizaciones que luchan, tanto políticamente como militarmente, por sus derechos como pueblo.
El partido mas fuerte es el P.K.K. (partido de los trabajadores del Kurdistán) en Turquía, fundado en 1978 y que en 1984 impulsó la organización de guerrillas. Mantiene posiciones de izquierda revolucionaria, aunque respeta escrupulosamente las tradiciones culturales y religiosas del pueblo kurdo. Propugna un estado federal compuesto por turcos y kurdos, y desde 1995 organiza un parlamento kurdo en el exilio: el P.K.E., proclamado en dicho año en La Haya.Es la única representación internacional del pueblo kurdo y según su texto fundacional representa a la diáspora kurda de Europa occidental, de la ex URSS, de EEUU y de Australia. Esta compuesto por miembros del FLNK (Frente de liberación nacional del kurdistán y brazo político del PKK), del H.A.D.E.P. (representantes del movimiento islámico no fundamentalista), intelectuales, mujeres y personalidades independientes. Su inmensa mayoría procede del Kurdistán turco y se auto afirma solidario con el PKK. El P.K.E. tiene como objetivo conseguir, con el apoyo internacional, el cese del fuego en Turquía y negociar una solución política del conflicto.
En el caso de Irak, la situación de los kurdos es parecida aunque, con algunos matices propios de la historia de lucha kurda en este país, su relación con el estado es diferente. El régimen iraquí reconoce la existencia, a diferencia de Turquía, de un pueblo kurdo y puede admitir incluso un sistema autonómico siempre que quede supeditado al gobierno nacional. Las principales fuerzas kurdas en Irak son: el P.D.K. (partido democrático del kurdistán) de centro izquierda, y el UPK (unión patriótica del Kurdistán).
La política Siria fue siempre más abierta al diálogo y al entendimiento con los kurdos. Incluso en 1998 el Pte. Assad llegó a ceder a algunas demandas. Al verla postura Siria, Turquía firmó con ella un acuerdo económico: pero Siria debía dejar de apoyar al PKK.
En los últimos años los gobiernos de Siria, Turquía, Irak e Irán están cada vez más unidos en su política de persecución y represión contra los kurdos. Negociaciones como estas están siendo alentadas por los aliados occidentales para evitar la “Balcanización” de los países de Oriente Próximo. De cara a la opinión pública los gobiernos occidentales actúan con un doble lenguaje: por un lado instan a una solución política y, por otro, abastecen de todo tipo de armamento para frenar al movimiento. Un ejemplo de ello son los EEUU, que a través de su secretaría de defensa declara que "EEUU apoya los esfuerzos hechos en territorio de Turquía para reducir los efectos de este conflicto sobre la población civil” y, por otro lado, provee actualmente el 85 % de importaciones de armas de Turquía, gran parte de las cuales se utiliza para reprimir las revueltas. Por lo tanto, la ayuda que los kurdos pueden esperar ya no va a provenir de alianzas coyunturales. El miedo a la alteración del equilibrio actual de la zona, a una reconstitución de las fronteras posteriores a la 1ª Guerra Mundial, y los intereses estratégicos y petrolíferos han tenido mucho que ver con la situación actual del pueblo kurdo.
El caso del pueblo kurdo es extrapolable a muchos de los conflictos actuales, que tienen su origen en la política represiva sobre ciertas etnias o pueblos. En el caso de los kurdos, la política represiva se manifiesta principalmente sobre la cultura. Se los niega como pueblo, es decir se los niega en la lengua, en las costumbres, en la vida política e intelectual, se censuran sus producciones literarias, artísticas, y su prensa.
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El genocidio armenio fue una Yihad

Por Andrew G. Bostom
Original en
http://www.secularislam.org/articles/genocide.htm
Traducción de JMS.
El Comité de Boston Metropolitano para la Conmemoración del Genocidio Armenio publicó un comunicado de prensa el 7 de abril de 2003, anunciando que el 24 de abril de 2003 anunciaba el 88 “aniversario” del genocidio armenio. El 24 de abril de 1915, el ministerio turco del interior publicó una orden que autorizaba el arresto de todos los dirigentes políticos y sociales armenios sospechosos de anti-Ittihad (gobierno de los “Jóvenes Turcos”), o de sentimientos nacionalistas armenios. En Estambul solo, 2345 dirigentes fueron capturados y encarcelados, y la mayoría de ellos ejecutados posteriormente. La mayoría no eran nacionalistas, ni estaban metidos en política. Ninguno fue acusado de sabotaje, espionaje ni ningún otro delito, ni juzgados apropiadamente. (1) Como el escritor turco Taner Akcam ha reconocido recientemente, “So pretexto de buscar armas, o reunir soldados para la guerra, o averiguar el paradero de desertores, se había impuesto ya como rutina saquear, asaltar y asesinar sistemáticamente [a los armenios], lo que se había convertido en episodios cotidianos.” (2)
En el plazo de un mes, la fase definitiva, final, del proceso que redujo a la población armenia a la total impotencia, es decir, la deportación masiva, iba a comenzar. (3)
Un auténtico genocidio
¿El terrible destino de la minoría armenia del Imperio Otomano, al final del siglo XIX y a comienzos del XX, en particular durante la primera guerra mundial, fue debido a la “guerra civil” o fue un genocidio? Un análisis determinante del profesor Vahakn Dadrian publicado el año pasado confirma la conclusión de que los turcos otomanos cometieron un asesinato masivo centralizado, es decir, un genocidio, contra su población armenia. (4) Basándose en un amplio abanico de fuentes primarias clásicas procedentes de los aliados bélicos del Imperio Otomano, Alemania y Austria-Hungría, Dadrian evitó las insistentes disputas acerca de la seriedad y autenticidad de los documentos turcos y armenios. Esclareció la verdaderamente única naturaleza de estos testimonios: “Durante la guerra, Alemania y Austria-Hungría disponían de una vasta red de agentes consulares, militares y comerciales a lo largo del Imperio Otomano. No sólo tenían acceso a funcionarios turcos de alto rango y con poder decisorio que estaban en situación de informar a sus superiores, como observadores in situ, de muchos aspectos del trato bélico dado a los armenios otomanos. Completaron sus informes con tantos detalles como pudieron reunir de informadores serios y agentes pagados, muchos de los cuales eran musulmanes, civiles y militares.” (5)
Además, los documentos analizados gozaban de otra salvaguardia crítica: incluían correspondencia confidencial preparada y enviada a Berlín y Viena, destinada a uso sólo en la guerra. (6) Esta confidencialidad, señala Dadrian, permitió a los funcionarios alemanes o austro-húngaros cuestionar abiertamente las afirmaciones de sus aliados bélicos otomanos, cuando establecían y comunicaban los hechos con exactitud a sus superiores en Europa. Dadrian cita el ejemplo irrefutable del informe del 16 de noviembre de 1915 al canciller alemán por parte de Rossler, cónsul de Alepo. Rossler afirma: “No pretendo formular mis informes de modo que pueda favorecer a uno u otro partido. Más bien, considero que es mi deber presentarle la descripción de las cosas que han sucedido en mi distrito y que considero que son verdad.” (7)
Rossler estaba rebatiendo en concreto la alegación oficial otomana de que los armenios habían comenzado a aniquilar a la población turca en los sectores turcos de Urfa, ciudad de su distrito, después de capturarlos supuestamente. Rechazó la acusación, inequívocamente, con una sola palabra: “inventado”. (8)
Reunidos escrupulosamente por Dadrian, los testimonios de fuentes primarias de esos funcionarios alemanes y austro-húngaros –testigos neutros– conduce a esta conclusión inevitable: las medidas anti-armenias, a pesar de una multitud de intentos de ocultación y completa refutación, fueron planeadas meticulosamente por las autoridades otomanas, y fueron pensadas para destruir completamente a la población-víctima. Dadrian corrobora posteriormente esta afirmación con un capital testimonio ante la comisión de investigación Mazhar, que llevó a cabo una investigación preliminar en el periodo posbélico para determinar la responsabilidad criminal de las autoridades otomanas en la guerra con respecto a las deportaciones y matanzas de armenios. La deposición del 15 de diciembre de 1918 del general Mehmed Vehip, comandante en jefe del tercer ejército otomano, y ardiente miembro del CUP (Comité de Unión y Progreso, es decir, los “ittihadistas” o “Jóvenes Turcos”), incluía esta alegación sumaria:
“... La matanza y liquidación de los armenios y el saqueo y expropiación de sus posesiones fueron consecuencia de las decisiones del CUP... Estas atrocidades tuvieron lugar con un programa que fue fijado y suponía un claro caso de premeditación. Tuvieron lugar porque fueron ordenadas, aprobadas y realizadas primero por los delegados [provinciales] y los cuadros centrales del CUP, y segundo por las autoridades del gobierno que habían dejado de lado su conciencia, y se habían convertido en los instrumentos de los anhelos y deseos de la sociedad ittihadista.” (9)
La misma incuestionable valoración de Dadrian de este testimonio de fuente primaria se resume así: “... Por las intervenciones episódicas de las potencias europeas, el conflicto turco-armenio que históricamente evolucionaba y se intensificaba, se había convertido en un motivo de enojo y frustración para las elites y los gobernantes otomanos excitadas por un nacionalismo xenófobo. Un partido político monolítico que había conseguido eliminar a toda la oposición y se había apoderado del aparato del estado otomano, se aprovechó con eficacia de las oportunidades que le aportó la Primera Guerra Mundial. Con medios violentos y letales eliminó a la mayor parte de la población armenia de los territorios del imperio. Mediante cualquier definición ordinaria, fue un genocidio...” (10)
Yihad: Factor determinante del genocidio armenio
Los informes bélicos de los funcionarios alemanes y austro-húngaros también confirman las pruebas independientes de que los orígenes y la evolución del genocidio tenían poco que ver con las “provocaciones armenias” de la Primera Guerra Mundial.
En su lugar, se pone el énfasis en el más amplio contexto prebélico desde el fracaso de los esfuerzos de la reforma otomana del Tanzimat de mediados del siglo XIX. (11) Tales reformas, iniciadas por el decadente Imperio Otomano (es decir, en 1839 y 1856) presionado intensamente por las potencias europeas, estaban pensadas para suprimir las leyes represivas de la dhimmitud, que habían sometido a las minorías no musulmanas (sobre todo a los cristianos), incluyendo a los armenios, durante siglos, a continuación de las conquistas de la yihad turca de sus patrias nativas. (12)
Dirigidos por su patriarca, los armenios se sintieron animados por el plan de reformas del Tanzimat, y comenzaron a inundar a la Puerta (sede del gobierno otomano) con quejas y peticiones, buscando en primer lugar protección del gobierno frente a una multitud de abusos, en particular en las provincias remotas. Entre 1850 y 1870 solamente, 537 notas fueron enviadas a la Puerta por el patriarca armenio describiendo numerosos casos de robo, rapto, asesinato, impuestos confiscatorios y fraude cometidos por funcionarios. (13)Estas quejas fueron ignoradas en gran medida, y perversamente fueron consideradas incluso como signos de rebelión. Por ejemplo, el cónsul británico (de Erzurum) Clifford Lloyd informó en 1890: “El descontento, o cualquier informe de protesta es considerado por el gobierno turco local como sedicioso.” (14)
Continuó señalando que esta reacción turca tenía lugar al margen del hecho de que “la idea de revolución” no era considerada por los campesinos armenios participantes en estas protestas. (15)
El reconocido otomanista, Roderick Davison, ha observado que con la charia (ley sagrada islámica) los “infieles [dhimmis, rayas]” eran permanentemente relegados a un estatus de “inferioridad” y sometidos a una “semitolerancia ignominiosa”. Davison aseguraba después que esta ignominia derivaba de “una innata actitud de superioridad”, y era inducida por un “sentimiento musulmán innato”, inclinado a espasmos de “fanatismo abierto”. (16) Constantes y vehementes reacciones de amplios segmentos de la población musulmana contra las leyes de reforma del Tanzimat de 1839 y 1856, dirigidas por los líderes espirituales musulmanes y los militares, ilustran la afirmación de Davison. (17) Quizás la valoración más sincera y más significativa de las fatídicas reformas del Tanzimat, en particular la ley de 1856, fue aportada por Mustafa Resid, Gran Visir otomano en seis ocasiones diferentes entre 1846 y 1858. En su denuncia de las reformas, Resid sostenía que la propuesta “emancipación completa” de los súbditos no musulmanes, destinados convenientemente a ser subyugados y gobernados, era “completamente contradictoria” con “las tradiciones de seiscientos años del Imperio Otomano”. Abiertamente declaraba la parte de la iniciativa acerca de la “completa emancipación” como insincera, promulgada deliberadamente para extraviar a los europeos, que habían insistido en esa provisión. Con triste clarividencia, Resid hizo entonces la predicción fatídica de una “gran matanza” en caso de que la igualdad fuera garantizada de hecho a los no musulmanes. (18)
A pesar de su advenimiento “revolucionario”, y las comparaciones concomitantes con los ideales de la revolución francesa, el régimen de los “Jóvenes Turcos” del CUP adoptó posteriormente una actitud discriminatoria, antirreformista para con los no-musulmanes del Imperio Otomano. Durante una conferencia en Salónica, el 6 de agosto de 1910, Mehmed Talat, relevante dirigente de los Jóvenes Turcos rechazó con desprecio la noción de igualdad con los dhimmíes, sosteniendo que “... es un ideal extraño porque es enemigo de la charia y de los sentimientos de cientos de miles de musulmanes...”. (19) Roderick Davison señala que de hecho “nunca se alcanzó ninguna auténtica igualdad”, reconstruyendo el fracaso del previo periodo de reformas del Tanzimat. En consecuencia, observa, el liderazgo del CUP “... pronto cambió de la igualdad... a la turquificación...” (20)
Durante el reinado del sultán Abdul Hamid, los turcos otomanos aniquilaron más de 200.000 armenios entre 1894 y 1896. Esto fue seguido, en el régimen de los Jóvenes Turcos, por las matanzas de Adana de 25.000 armenios en 1909, y el primer genocidio formal del siglo XX, cuando solamente en 1915 fueron ejecutados de 600.000 a 800.000 armenios más. (21) Las matanzas de los años 1890 tuvieron una conexión “orgánica” con las matanzas de Adana de 1909, y lo que es más importante, con los sucesos de 1915. Como manifiesta Vahakn Dadrian, facilitaron las leyes de genocidio de 1915 preparando para los Jóvenes Turcos “una predecible impunidad”. La ausencia de consecuencias adversas para las matanzas de Abdul Hamid de los años 1890 permitieron a los Jóvenes Turcos proceder sin limitaciones. (22)
Los relatos contemporáneos de los diplomáticos europeos precisan que esas brutales matanzas fueron perpetradas en el contexto de una yihad formal contra los armenios que habían intentado sacudirse el yugo de la dhimmitud buscando igualdad de derechos y autonomía. Por ejemplo, el Dragoman Jefe (intérprete turco) de la embajada británica informaba de las matanzas de 1894-96:
... [Los autores] son guiados en su actuación general por las prescripciones de la charia. Esa ley prescribe que si los “rayah” [dhimmíes] cristianos intentan, recurriendo a las potencias extranjeras, sobrepasar los límites de los privilegios concedidos por sus amos musulmanes, y se liberan de su yugo, pierden el derecho a sus vidas y propiedades, y están a merced de los musulmanes. Para la mentalidad turca los armenios habían intentado sobrepasar esos límites apelando a potencias extranjeras, especialmente Inglaterra. En consecuencia consideraban que era su deber religioso y un acto justo destruir y apoderarse de las vidas y de las propiedades de los armenios...” (23)
La investigadora Bat Ye’or confirma este argumento, señalando que la petición armenia de reformas invalidaba su “estatuto legal”, que implicaba un “contrato” (con sus gobernantes turcos musulmanes). Esta quiebra... devolvía a la umma [comunidad musulmana] su derecho inicial de matar a la minoría subyugada, y apoderarse de sus propiedades... (24)
Un intrépido historiador y misionero protestante, Johannes Lepsius, que antes había emprendido un viaje de dos meses para examinar los escenarios de las matanzas de la era de Abdul Hamid, viajó de nuevo a Turquía durante la Primera Guerra Mundial. Con respecto al periodo durante 1914 y 1918 escribió:
“... ¿Se nos prohíbe, pues, sencillamente hablar de los armenios como perseguidos por motivo de sus creencias religiosas? Si es así, nunca ha habido ninguna persecución religiosa en el mundo... Tenemos listas ante nosotros de 559 localidades cuyos supervivientes fueron convertidos al Islam con fuego y espada; de 568 iglesias completamente expoliadas, destruidas y arrasadas; de 282 iglesias cristianas convertidas en mezquitas; de 21 ministros protestantes y 170 sacerdotes gregorianos (armenios) que fueron, después de sufrir indecibles torturas, asesinados por negarse a aceptar el Islam. Repetimos, sin embargo, que estas cifras expresan sólo la medida de nuestra información, y no alcanzan la dimensión de la realidad ni con mucho. ¿Es esto una persecución religiosa o no lo es?....” (25)
Finalmente, Bat Ye’or sitúa la escala de las matanzas desde los años 1890 hasta la Primera Guerra Mundial en un contexto general teológico y jurídico, de esta manera:
“... El genocidio de los armenios fue el resultado natural de una política inherente a la estructura político-religiosa de la dhimmitud. Este proceso de eliminación física de una nación rebelde había sido ya utilizada contra los cristianos rebeldes eslavos y griegos, librados del exterminio colectivo por la intervención europea, aunque a veces de mala gana.
El genocidio de los armenios fue una yihad. Ningún rayah tomó parte en él. A pesar de la desaprobación de muchos turcos y árabes musulmanes, y su rechazo a colaborar con el crimen, estas matanzas fueron perpetradas únicamente por musulmanes y sólo ellos se beneficiaron del botín: las propiedades, casas y tierras de las víctimas fueron adjudicadas a los muhayirun, y a ellos distribuidos mujeres y niños esclavos. La eliminación de niños varones de más de doce años estaba de acuerdo con los mandamientos de la yihad y se correspondía con la edad fijada para el pago de la yizya. Las cuatro fases de la liquidación –deportación, esclavitud, conversión forzosa y matanza– reproducían las condiciones históricas de la yihad llevada a cabo en la dar-al-harb desde el siglo séptimo en adelante. Las crónicas de diversas fuentes, de autores musulmanes en particular, aportan descripciones detalladas de las matanzas o deportación de cautivos organizadas, cuyos sufrimientos en marchas forzadas detrás de los ejércitos eran análogos a la experiencia armenia del siglo XX...” (26)
Conclusiones
La destrucción turco-otomana del pueblo armenio, comenzando a finales del XIX e intensificándose a comienzos del XX, fue un genocidio, y la ideología de la yihad contribuyó significativamente a este proceso de décadas de aniquilación humana. Estos hechos están ahora fuera de disputa. Milan Kundera, el escritor checo, ha escrito que la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. (27) En su profundo análisis del genocidio armenio, “La banalidad de la indiferencia”, el profesor Yair Auron nos recuerda de la importancia de esta lucha:
“... El reconocimiento del genocidio armenio por parte de toda la comunidad internacional, incluyendo Turquía (o quizás primero y sobre todo Turquía), es por ello una exigencia de primer orden. Comprendiendo y recordando el pasado trágico es una condición esencial, aun cuando no suficiente en ella y por ella misma, para evitar la repetición de tales actos en el futuro...” (28)
Notas
1. Uras E., The Armenians and the Armenian Question in History, 2nd ed., (Istanbul, 1976), p.612
2. Akcam T., Turkish National Identity and the Armenian Question, (Istanbul, 1992), p. 109.
3. Hovanissian R., Armenia on the Road to Independence, (Berkeley, CA, 1967), p. 51.
4. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians as Documented by the Officials of the Ottoman Empire’s World War I Allies: Germany and Austria-Hungary”,International Journal of Middle Eastern Studies, (2002), Vol. 32, Pp. 59-85.
5. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.60.
6. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.76
7. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.76, with specific primary source documentation, p.84 n.109.
8. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.76, with specific primary source documentation, p.84 n.109.
9. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.77, with specific primary source documentation, Pp.84-85 n.111.
10. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.77.
11. Davison R., "Turkish Attitudes Concerning Christian-Muslim Equality in the Nineteenth Century", The American Historical Review (1954), Vol. 54, Pp. 844-864.
12. Bat Ye'or, The Decline of Eastern Christianity Under Islam, (Cranbury, NJ: Fairleigh Dickinson University Press, 1996) 522 Pp.
13. Dadrian V., Warrant for Genocide: Key Elements of Turko-Armenian Conflict, (New Brunswick, NJ: Transaction Publishers, 1999), p. 39.
14. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.61, with specific primary source documentation p.79, n.11
15. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, p.61, with specific primary source documentation p.79, n.11
16. Davison R., "Turkish Attitudes Concerning Christian-Muslim Equality in the Nineteenth Century", p.855.
17. Bat Ye'or, The Decline of Eastern Christianity Under Islam, Reports by British Diplomats [1850-1876], Pp. 395-433.
18. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, Pp.61-62, with specific primary source documentation, p.79 n.14.
19. Dadrian V., “The Armenian Question and the Wartime Fate of the Armenians”, Pp.61-62, with specific primary source documentation, p.79 n.15.
20. Davison R, "The Armenian Crisis, 1912-1914", The American Historical Review, (1948) Vol. 53, Pp. 482-483.
21. Dadrian V., The History of the Armenian Genocide, (Providence, RI: Bergahn Books, 1997), Pp. 155, 182, 225, 233 n.44; Auron Y., The Banality of Indifference, (New Brunswick, NJ: Transaction Publishers, 2000), p. 44.
22. Dadrian V., The History of the Armenian Genocide, Pp. 113-184.
23. Dadrian V., The History of the Armenian Genocide, p. 147, with primary source documentation p. 168 n.199.
24. Bat Ye'or, The Dhimmi: Jews and Christians Under Islam, (Cranbury, NJ: Fairleigh Dickinson University Press, 1985) Pp. 48,67, 101.
25. Gabrielan M.C., Armenia: A Martyr Nation, (New York, Chicago: Fleming H. Revell, Co., 1918), p. 269.
26. Bat Ye'or, The Decline of Eastern Christianity Under Islam, p. 197.
27. Kundera M., The Book of Laughter and Forgetting, (New York, NY: Harper Collins, 1999)
28. Auron Y., The Banality of Indifference, p. 56.
Andrew G. Bostom, MD, MS is an Associate Professor of Medicine at Brown University, and freelance writer on the history ofjihad and dhimmitude.

Turquía: Genocidio contra Armenios y Kurdos


Turquía: Genocidio contra Armenios y Kurdos

Escrito por José M. Balbuena
José M. Balbuena.-

Los turcos vuelven otra vez a las andadas. Ahora le toca a los kurdos. En el pasado fueron los armenios lo que experimentaron la deportación y el genocidio. Un genocidio que el actual gobierno turco no quiere reconocer, pero del que existe constancia que costó la vida a 1.500.000 armenios, de los 2.300.000 que vivían en Turquía. El resto fue deportado o se exilió. La tragedia de los armenios, ocurrida en 1.915, fue recogida en la obra del escritor y antimilitarista austriaco Franz Werfel, titulada “Los 40 días del Musa Dagh”, que se publicó en 1.933. Los supervivientes del genocidio se refugiaron en el Cáucaso, Irán, Siria, países del occidente de Europa, e incluso en Estados Unidos.
El Kurdistán es una región de unos 400.000 kilómetros cuadrados con una población de 20 millones de habitantes que se reparten entre Anatolia (Turquía), Armenia, Azerbaijan, Irak e Irán. Es un pueblo sin patria. Unos diez millones vivían en Turquia antes de que unos 800.000 se exiliaran a Siria, y tres están establecidos al norte de Irak. Turquía está entrando en territorio iraquí para machacar a los kurdos con un bien armado ejército.
Los kurdos pertenecen en su mayoría a la secta musulmana sunni, con minorías chiis y yazidies. Son seminómadas, excepto en Irak. En 1920 se preveía ofrecer autonomía a los kurdos de Turquía. Hasta 1965 el Kurdistán turco estaba prohibido a los extranjeros. El régimen militar turco desencadenó una dura represión contra este pueblo, que se levantó en armas en 1982, tras la creación del Partido de los Trabajadores Kurdo (PKK) En 1983-83 se firmó un tratado con Irak para cruzar la frontera y perseguir kurdos, de la misma forma que se está haciendo ahora. En Irán la situación de los kurdos también es difícil. En ese país se creó el Partido Democrático Kurdo. En Siria empeoraron las relaciones con este pueblo en 1.963 al intentar el gobierno arabizar la región de mayoría kurda, donde se había encontrado petróleo. El estado confiscó sus tierras y les expulsó de ellas.
Los kurdos contribuyeron a derrocar la dinastía hachemí en 1.958. Kassem legalizó en Irak el Partido Democrático Kurdo, pero en los años 1960 y 1961 fue prohibido, sus dirigentes encarcelados y suprimida la libertad de prensa. El dirigente kurdo Barzani hostigó al gobierno de Irak y en 1970 fue reconocida una nación kurda, de 5 millones de habitantes, con el PDK en el gobierno.
Pero en 1971 los kurdos acusaron al gobierno iraquí de transferir árabes a la provincia de Kirkuk, debido al petróleo existente en esa región. El 1973 el PDK se negó a participar en el Frente Nacional. En 1974 se opuso a la Ley de Autonomía del Kurdistan. Hubo enfrentamientos entre iraquíes y kurdos. Las fuerzas de Sadam Hussein masacraron también a los kurdos. En 1975 se formó el partido Unión Patriótica del Kurdistán liderado por Talabani, que se enfrentó al constituido PDK.
En cuanto a Armenia, (en armenio Hayastan) después de vivir dispersos en varios países de Oriente Medio, se consiguió un estado armenio en 1918, que posteriormente fue sovietizado. Con la desaparición de la Unión Soviética surgió la república independiente de Armenia, cuya capital es Erevan. Armenia tiene una superficie de 29.800 kilómetros cuadrados y una población que no alcanza los 3.500.000 habitantes. Sus habitantes viven principalmente de los productos agropecuarios y de la industria.
El cantante francés Charles Aznavour, es de origen armenio (en realidad se apellida Aznavourian). También es origen armenio el escritor norteamericano William Saroyan, autor, entre otras obras, de “Mi nombre es Aram”; “El tigre de Tracy”; “La comedia humana” ; “Chicos y chicas juntos” o “Un día en la tarde del mundo”. El músico Khachaturian que destacó en la época soviética, era armenio. En Estados Unidos hay muchos descendientes de armenios relacionados con la industria cinematográfica, con las artes, con las ciencias o con la economía.
Hoy los kurdos que viven en Irak están siendo hostigados y masacrados por el ejército turco, que penetra en ese desgraciado país de Oriente Medio, convertido en un polvorín y en un estado desorganizado, gracias al señor Bush y sus aliados. No he oído a casi nadie defendiendo a esta etnia que defiende su derecho a existir como pueblo y a poseer una nación propia. Pero no: son acusados de terroristas, cuando en realidad lo que se comete contra ellos es “terrorismo de estado”, tanto por parte de Irak (con las persecuciones de Sadam Hussein) como por los turcos. Este último bendecido por los norteamericanos.
José M. Balbuena

El "terrorismo islámico" no existe lo que existe son forma inconsciente o malintencionada

El "terrorismo islámico" no existe
David Hernández CastroRebelión
Lo que existe sin ningún género de duda es la contaminación del lenguaje por expresiones sexistas, xenófobas y racistas, que de forma inconsciente o malintencionada se están introduciendo en el uso cotidiano a través de los grandes medios de comunicación o las declaraciones de representantes de instituciones públicas, y que lamentablemente contribuyen a engrosar el ya de por sí abultado vocabulario de expresiones discriminatorias en el castellano (como ocurre en todas las lenguas). No es mi intención tratar aquí este tema con la profundidad que se merece, sino salir al paso de la última de ellas, desde la brevedad de mis limitaciones personales pero también desde la urgencia de cortar por la raíz una expresión que contribuye a alimentar la espiral del racismo en una coyuntura especialmente delicada. Estas palabras están dirigidas a las personas, colectivos, y medios de comunicación que de buena fe están haciendo uso de ella sin haber valorado su contenido. Existen muchos caminos para negar la pertinencia del uso de la expresión "terrorismo islámico", pero yo me voy a centrar en el más corto, las definiciones contenidas en el diccionario de la Real Academia Española. No es que la RAE constituya la última instancia al respecto (de hecho registra numerosas entradas discriminatorias), pero en este caso sí que puede arrojar algo de luz al respecto. Para ello aceptamos como premisa la acepción "terrorismo":
"Terrorismo. 1. m. Dominación por el terror. 2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror." Pues bien, ¿es semánticamente correcto el uso de las expresiones "terrorismo islámico", "terrorismo islamista", o "terrorismo árabe"?. Veamos otras definiciones: islamismo. (De islam). 1. m. Conjunto de dogmas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma. islamista. 1. adj. Perteneciente o relativo al integrismo musulmán. 2. adj. Partidario de dicho movimiento. U. t. c. s. islámico, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo al islam. islam. (Del ár. clás. islām). 1. m.
islamismo. 2. m. Conjunto de los hombres y pueblos que siguen esta religión. -ista. 1. suf. U. en adjetivos que habitualmente se sustantivan, y suelen significar 'partidario de' o 'inclinado a' lo que expresa la misma raíz con el sufijo -ismo. Comunista, europeísta, optimista. 2. suf. Forma sustantivos que designan generalmente a la persona que tiene determinada ocupación, profesión u oficio. Almacenista, periodista, taxista. -ismo. (Del lat. -ismus, y este del gr. -ισμός). 1. suf. Forma sustantivos que suelen significar doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos. Socialismo, platonismo, impresionismo. 2. suf. Indica actitudes. Egoísmo, individualismo, puritanismo. 3. suf. Designa actividades deportivas. Atletismo, alpinismo. 4. suf. Forma numerosos términos científicos. Tropismo, astigmatismo, leísmo -́ico, ca. (Del lat. -ĭcus, y este del gr. -ικός). 1. suf. Aparece en adjetivos. Indica relación con la base derivativa. Periodístico, humorístico, alcohólico. A veces toma la forma -́tico. Sifilítico. 2. suf. En química, terminación genérica de numerosos compuestos, como los ácidos. Clorhídrico, fórmico. 3. suf. En algunos casos se refiere al grado de oxidación del ácido. Sulfúrico, fosfórico. 4. suf. Puede indicar un elemento de un compuesto. Férrico, cúprico. árabe. (Del lat. Arabs, -ăbis, este del gr. ῎Αραψ, -αβος, y este del acadio arabi). 1. adj. Natural de Arabia. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a esta región de Asia. 3. adj. Perteneciente o relativo a los pueblos de lengua árabe. 4. adj. Se dice de las lenguas semíticas habladas en los países del norte de África y del sudoeste de Asia. U. t. c. s. m. 5. adj. Perteneciente o relativo a estas lenguas. ~ clásico. 1. m. Variedad del árabe propia de la literatura antigua y del Corán, usada todavía como lengua culta común. Según estas acepciones recogidas en el diccionario de la RAE, obtendríamos las siguientes definiciones: Terrorismo islámico: 1. Terrorismo relacionado con el conjunto de dogmas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma. 2. Terrorismo relacionado con el conjunto de los hombres y pueblos que siguen esta religión. Terrorismo islamista: 1. Terrorismo de los partidarios o inclinados al conjunto de dogmas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma. 2. Terrorismo de los partidarios del conjunto de los hombres y pueblos que siguen esta religión. 3. Terrorismo de los sectores religiosos, ideológicos o políticos partidarios de la intangibilidad de la doctrina tradicional del Islam. Terrorismo árabe: 1. Terrorismo perteneciente o relativo a los naturales de Arabia. 2. Terrorismo perteneciente o relativo a los pueblos de lengua árabe. 3. Terrorismo perteneciente o relativo a la lengua árabe. Por consiguiente, todas estas expresiones son semánticamente incorrectas si lo que queremos es designar el terrorismo de Al-Qaeda u organizaciones similares. En primer lugar porque sus salvajes atentados no están en absoluto relacionados ni con "el conjunto de dogmas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma", ni "con el conjunto de los hombres y pueblos que siguen esta religión"; en segundo lugar, porque tampoco tienen nada que ver con los partidarios del Islam, o con el conjunto de los hombres y pueblos que siguen esta religión, y ni siquiera con los sectores religiosos, ideológicos o políticos partidarios de la intangibilidad de la doctrina tradicional del Islam; y por último, tampoco se pueden imputar estas tragedias a los naturales de Arabia, los pueblos que hablan lengua árabe, o a la propia lengua árabe. El islam, como el cristianismo, es una religión de paz, y así lo entienden y practican los millones de personas e iglesias que desde la pluralidad de sus interpretaciones las siguen a lo largo y ancho del mundo. Ambas han tenido que sufrir a lo largo de la historia los estragos producidos por fanáticos asesinos que, contra el contenido de sus propias doctrinas, las han utilizado para legitimar sus "hazañas" bélicas, motivadas en realidad por otros intereses inconfesables. Así ocurrió, por poner un ejemplo, con el imperialismo colonizador del Reino de España en América, que ocultaba bajo una más que discutible misión evangelizadora su afán expoliador de las riquezas de aquél continente. Sólo desde la lógica (ilógica) de un discurso racista o de una mentalidad enferma se puede sostener que los siniestros atentados de Al Qaeda tienen algo que ver con la doctrina del Islam, las personas que la practican, Arabia o las personas que hablan árabe. La inoculación racista que subyace al uso de estas expresiones queda completamente al descubierto para un europeo cuando seguimos su lógica hasta el final. Según ella, las acciones terroristas cometidas por el IRA bien podrían definirse como "terrorismo católico", "terrorismo inglés" (por la lengua que hablan sus partidarios), "terrorismo irlandés" (por su lugar de origen), "terrorismo integrista católico", y por qué no, "terrorismo evangelizador"; y por otro lado, el primer atentado contra el World Trade Center (las Torres Gemelas) podría encorsetarse dentro del "terrorismo estadounidense", "terrorismo evangelista" (o adventista, ignoro la religión que equívocamente creía practicar este asesino), y también, por supuesto, "terrorismo inglés". Naturalmente estas expresiones nos parecen absurdas, hasta risibles si no fuera por lo que hay detrás, y a nadie se le ha ocurrido utilizarlas. Y puestos ha ello, cabe decir lo mismo de otras expresiones que ya han tomado posiciones en los medios de comunicación: "terrorismo vasco" y "terrorismo anarquista". Los vascos y los anarquistas, o el nacionalismo vasco y el anarquismo, son gentes y movimientos políticos históricamente contrarios a la persecución de sus fines por medios terroristas y, tanto en el caso de los vascos nacionalistas como de los no nacionalistas, también de los anarquistas, se han caracterizado en la historia por su defensa de la paz y los valores humanos (con independencia de lo que ciertas organizaciones puedan haber hecho arrogándose las esencias del vasquismo o el anarquismo). En resumen, es nuestra obligación moral, doblemente imperativa para los responsables públicos y profesionales de la comunicación, repudiar el uso de las expresiones "terrorismo islámico", "terrorismo árabe", o "terrorismo islamista". Su uso, además de moralmente reprobable, contribuye a crispar a la sociedad y dar alas a los movimientos fascistas cuyo discurso consiste precisamente en éso, en asociar Islam con terrorismo. Lo correcto es adjetivar el terrorismo con aquellas organizaciones o personas que lo practican: terrorismo de ETA, terrorismo de Al Qaeda, o terrorismo del Ejército Estadounidense, pero eso ya, es otra historia (¿o no?).

Los judíos matan a Dios y dominan al mundo-subtitulo-


La escalada judeofóbica
Gustavo D. Perednik
De los dos mitos más recurrentes de la mitología judeofóbica, uno es medieval (que los judíos matan a Dios) y uno es moderno (que dominan el mundo). Las dos patrañas están hoy en día en efervescencia en Europa. Para Perednik la situación es alarmante, porque los medios de prensa la agravan día a día
En septiembre, desde un editorial (nunca refutado) de un popular periódico vasco, advertía José Mari Esparza: «Hay dos culturas en pugna: la humanista... y la del dinero y su perversa lógica acumulativa (que) acaba en el arma... Sus teólogos (son) los judíos, 'codiciosísima nación que no tiene otra religión que el dinero', dominan los EEUU (y) con el fantasma del terrorismo y el recurso del Holocausto se aprestan a barrer del mundo al diferente... Todo el Islam debe ser sometido. China después. África no existe. Hasta la iglesia católica molesta ahora con su retórica humanista... O los paramos o no hay mañana.» (Aclaro que no se trata de septiembre de 1280 ni de 1940, sino de 2003.)
El delirio del diario no conoce límites. El terrorismo antijudío no existe: es un fantasma. El Holocausto no existió: es un recurso. Si los judíos osáramos siquiera mencionar las agresiones, pasadas o presentes, de las que somos víctimas, la mera mención se volvería en contra de nosotros: somos manipuladores, sensibleros, hipócritas, inventores de una cortina de humo para velar la verdadera guerra que se lleva a cabo en la infraestructura de la historia: una entre la humanidad y los judíos, una guerra que vienen anunciando desde Crisóstomo hasta Wagner, desde Hitler al primer ministro de Malasia («Los judíos dominan el mundo»), desde Theodorakis («son la raíz del mal») hasta Saramago («no corresponde solidarizarse con los judíos masacrados»).
Hay que detener a los judíos para que haya mañana. En efecto, a fin de frenar la próxima hecatombe que trama el sionismo internacional, el mundo va cometiendo la obra inversa. En su campaña preventiva, destruye judíos para abortar la inminente embestida israelita contra China, África y la Iglesia, para que, en fin, haya mañana. El mensaje del nazismo ha pues quedado incólume en la Europa que lo parió.
Porque no se trata del exceso de un pasquín. Éste es excepcional sólo en la brutalidad de su lenguaje, no en su contenido. Arengas de estilo más sutil pero de coincidente recado, se leen rutinariamente en El País, El Mundo, ABC, La Razón, la prensa impresa en su conjunto. El mismo maniqueísmo chorrean las caricaturas nazis con las que Miquel Ferreres ilustra a los españoles.
Y que los judíos no nos atrevamos a objetarlas, porque esa objeción será considerada la verdadera agresión. Ferreres mismo lo ha escrito: si los judíos se disgustan por el hecho de que quien fuera responsable de su persecución y expulsión de España sea considerada una santa, pues ese disgusto es la prueba de que dominamos el mundo e incomodamos al pobre papa a quien lo inspira sólo el amor.
Estalla el edificio de la comunidad judía argentina dejando cien muertos, y al mundo no le inquieta que nunca haya culpables e Irán quede exonerado. Es parte de la campaña preventiva. No hay manifestaciones en las calles, no hay torrentes de adrenalina y editoriales como las que se destilan contra la valla que construye Israel.
Cómo iba a haberla, si tampoco hay energía para solidarizarse con curdos, ibos, tamiles, cachemiros, aimaras y chechenos. Sólo el sufrimiento de los palestinos es verdadero para Europa, no porque le interese un rábano que los árabes sufran, sino porque Arafat ha elegido al enemigo perfecto, uno que domina el mundo y libra una guerra oculta. Europa financia a Arafat para que éste coadyuve a detener a los hebreos, y se asegura así de que haya mañana.
La Vanguardia de Barcelona realizó el mes pasado una encuesta sobre si «está justificada la valla». La previsible y abrumadora mayoría respondió «¡No!» Me pregunto qué habrían respondido si se les hubiera preguntado simplemente: «¿Tienen Israel y los judíos derecho a la autodefensa?»
Pues ¡No! No hay «defensa» judía. De Israel, su mera existencia es agresiva. Sólo de la palabra «sionismo» el diccionario Espasa Calpe explica que es «terrorismo».
Así acaba de explicarlo, también en La Vanguardia, Ángel Duarte, en un artículo con el que el diario venía a ¡denunciar la judeofobia! No pudieron con su genio. De los tres artículos para reprobar la recidiva antijudía, se les filtró uno para acometer contra el judío.
Búsquese en los medios europeos palabras de condena para regímenes trogloditas como los de Irán o Arabia Saudita, misóginos, terroristas, totalitarios, represores. No han quedado palabras para denunciarlos, porque el diccionario entero se ha agotado en los reparos contra el judío de los países y el cerco que éste construye como recurso contra el terror. Ese cerco es tema de debate en la Corte Internacional de La Haya. No hay otros problemas en el mundo más que la valla (ésa valla; no las muchas de otros países).
La muerte a mansalva que nos obligó a construir la cerca, no estimula debate. ¡Ni se menciona! No olvidemos que el terrorismo es un fantasma. Los mil israelíes masacrados durante estos tres años en restoranes y en ómnibus, en fiestas de cumpleaños y en escuelas –no existen. El israelí no tiene derecho ni siquiera a la vida, es un fantasma. (La tesis fue publicada en 1882; en ella la pluma de León Pinsker acuñaba el término «judeofobia».)
En paralela proporción, debería suponerse que más o menos diez mil españoles, en su mayoría mujeres y niños, hubieran sido asesinados en sus casas o en medios de transporte, rodeados de la algarabía del agresor y la simpatía exterior. Que los terroristas que los asesinasen se hubiesen infiltrado desde Ceuta, en donde fueran financiados, entrenados, alentados y ulteriormente idolatrados. Que España decidiera construir una valla para detenerlos ¡y el mundo protestara con saña contra «el muro de la vergüenza», sin mencionar ni un asesinato!
Dicho sea de paso, España ya tiene una valla en Ceuta, pero no es judía, así que no merece condena alguna ni titulares en El País. Leed este diario y obtendréis la visión más reveladora del judío agresor por antonomasia. O sino, mirad Telecinco.
Los medios de España matan
Cuando fue el último atentado contra un ómnibus en Jerusalén (22 de febrero) que había causado «la muerte» (los judíos nunca son asesinados, sólo «mueren») de ocho personas (dos niños incluidos) y dejado decenas de heridos (muchos de ellos, para toda la vida) pues Telecinco mostró las imágenes del autobús y de los camilleros, y a continuación el vídeo del héroe, el asesino. De él sí transmitieron su nombre y datos. No de sus víctimas, que no tienen nombre. La televisión española relató su vida, la causalidad de su acción (casi justificándola) y, a continuación, las cámaras se trasladaron a la casa del terrorista. Allí sus familiares sacaban enseres antes de que su casa fuera derribada. Pobre gente. Ellos sí merecen la misericordia europea, no los viles judíos a los que hay que detener antes de que terminen dominando el mundo. De hecho, recordemos, ya lo dominan por medio del «lobby judío», reiterado bochornosamente en los medios españoles. Somos trece millones de masoquistas que dominamos a seis mil millones de almas nobles.
El eminente periodista gallego Miguel Bóo, una de esas voces solitarias que advierte a España de su judeofobia endémica, cuenta que cuando escuchó a televidentes expresar su tristeza por «esa pobre familia a la que le derribarían la casa», replicó: «¿No sabíais que el derribo de casas lo puso en práctica Gran Bretaña contra combatientes del IRA en el Ulster, sin que nadie se preocupara de ello? ¿Sabíais que en el Ulster sigue habiendo un muro que separa católicos de protestantes? Claro que lo sabíais, pero ninguno de vosotros protestó, ni protestará por ello. Sólo contra Israel hay que gritar, aun cuando es asesinado. ¿Os dais cuenta o no? No, no dais cuenta, porque los medios de comunicación y el sistema os han lavado el cerebro.»
Touché, amigo Miguel. Las marujastorres y los antoniogalas –matan. Son judeófobos como ellos los que lavan el cerebro a Europa para que se desentienda de toda víctima judía. Por eso nadie se sorprende de que no haya suspiros por los mil israelíes inmolados en ómnibus y en pizzerías. Y que en contraste haya lamentos por sus asesinos. Que a los palestinos no les incomoden la vida es una causa que justifica manifestaciones en las calles. Que a los israelíes no les permitan vivir, es lo natural. Finalmente, hay que pararlos.
¿Os imagináis a Telecinco y a Bastenier, después del asesinato de Miguel Angel Blanco, limitándose a informar que lo habían «matado» y a continuación afanándose en desgranar la vida y milagros de sus asesinos, sacando sus fotos, exhibiendo sus consignas independentistas, y reproduciendo sus mensajes políticos?
No, Miguel. No se imaginan. No pueden. Su humanismo selectivo los enceguece. Como Javier Nart, quien se opuso con uñas y dientes a la ocupación de un 10% del Líbano por parte de Israel, pero no tiene ni una palabra de condena contra la ocupación del 100% del Líbano por el régimen fascista sirio. Como el ex ministro Juan Alberto Belloch, que cree humildemente pertenecer a una pequeña elite para la que la civilización debe basarse en un Estado de derecho, pero omite que de la treintena de Estados del Medio Oriente, hay uno solo que es de derecho –precisamente el blanco de sus condenas.
Días difíciles transcurren para el pueblo judío (aun cuando pocas veces tuvimos días distintos). Nuevamente se nos acusa de dominar el mundo, pero los acusadores ya no son nazis marginales sino los medios europeos, sus intelectuales, una buena parte de su población.
El Gran Rabino de Francia exime a los judíos religiosos de usar kipá (solideo) en la calle, a los efectos de que no sean agredidos nuevamente, y los atentados judeofóbicos aumentan ante el cómplice silencio de la mayoría que no tiene para el judío sino dedos acusadores.
Y si el embuste del «dominio judío mundial» ya no era suficiente para el arsenal judeofóbico, una película de Mel Gibson reaviva el peor de los viejos mitos: el deicidio, la acusación que causó la muerte de cientos de miles de judíos, asesinados (digo «muertos») por ser réprobos de Dios.
Como con el resto de los mitos, usualmente los judeófobos son inconscientes de padecerlos: no protestarán en ningún caso por la agresión antijudía, sino solamente por la autodefensa de los judíos ante la agresión. Como hemos visto, es una de las características que permiten identificar la judeofobia.
Una segunda peculiaridad, es que es intransigente. No se contenta con ni un milímetro menos que la destrucción total del judío. No importa cuanto Israel ceda o deje de ceder. Sólo la destrucción del Estado judío satisfará a sus «críticos».
Una tercera es que, aunque el judeófobo presenta sus argumentos como muy elaborados y racionales, están éstos tan cargados de odio, que a la primera de cambio estallará en una andanada de insultos. Hace unas semanas salió en Libertad Digital un breve reportaje a Silvan Shalom. El ministro de RR.EE. israelí se limita a explicar que la cerca es temporaria y que Israel podrá desmantelarla apenas se contenga el terrorismo.
En su «reacción» ante la entrevista, los lectores escupen odio acumulado sin siquiera referirse al tema en cuestión. Hay cartas alucinantes: «los judíos somos el pueblo de la muerte», «estos nazis judíos protestan por la película de Gibson porque sólo dice la verdad».
Xavier Torrens, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona, refiere que cada vez que en sus clases pronuncia la palabra «Israel», aun si es en el marco de cátedra de política migratoria o urbana, saltan estudiantes enardecidos para soslayar todo otro tema, pues lo único que desean es insultar al judío. Hay que pararlo.
Durante los últimos Encuentros de Filosofía en Gijón que llevó a cabo la Fundación Gustavo Bueno, Javier Nart expuso aplomadamente su odio antiisraelí. Apenas escuchó la fácil refutación de sus argumentos, estalló como era de preverse y se negó a responder ninguna pregunta «porque estoy cansado del discurso sionista». Pobre Nart, los molestos judíos vinimos a interrumpir su descanso.
Y por si esto fuera poco...
Y como si el clima no estuviera suficientemente caldeado, en efecto nos faltaba la película de Mel Gibson, cuyo padre (para que no queden dudas acerca de la intencionalidad del filme) anuncia que los judíos dominan el mundo (el Vaticano incluido) y que el Holocausto es una patraña judía más. Cuando osamos cuestionarlo, Mel Gibson reclama, como Nart, que «dejemos a su padre en paz». La lógica sigue siendo la misma. El padre siembra encono y a nosotros se nos prohíbe perturbarlo. Hay que pararnos: somos el estorbo.
Gibson ha tocado el nervio judeofóbico. Hasta la época moderna, la inspiración más recurrente que halló la judeofobia fue el relato neotestamentario de la crucifixión. Éste incluye evidentes errores históricos (que no socavan, claro está, el carácter sagrado del texto para los creyentes en él).
Según el Nuevo Testamento, durante la Pascua judía (Pésaj) el Sanedrín (que era el cuerpo supremo religioso y judicial de Judea durante el período romano) sometió a Jesús a juicio y lo condenó a muerte. El procurador romano Poncio Pilatos intentó evitar la aplicación de la pena, pero se sometió al veredicto «lavándose las manos» literalmente, y Jesús fue entonces crucificado por soldados romanos.
La vastísima bibliografía al respecto señala varias imprecisiones en el relato, a saber:
El Sanedrín nunca se reunía en las festividades hebreas, y muy raramente aplicaba penas de muerte (a un Sanhedrín que aplicara una pena de muerte cada siete años, el Talmud lo llama «Sanedrín devastador», a lo que el rabí Eleazar Ben Azariá agregó: «...aun cuando lo haga una vez cada setenta años»). Y en el caso de Jesús el texto exhibe una inaudita ligereza en la aplicación de la pena.
Más grave aun es que ni siquiera se explicita la trasgresión que justificó pena de muerte alguna. Había crímenes que la ley bíblica penaba con muerte, pero no era el caso de proclamarse «hijo de Dios», que no implicaba ningún tipo de infracción. Además, los romanos solían grabar en la cruz del reo la índole de su delito. En la de Jesús, INRI (Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos) alude al crimen político de sedición: nadie podía ser rey, porque el único monarca era el César. Se trata de un crimen contra Roma, castigado con un modo de ejecución romano.
El rol que a Pilatos le atribuye el Nuevo Testamento es triplemente sospechoso. ¿Por qué el Sanedrín –que tenía autoridad para ejecutar las penas que imponía– solicita ayuda del enemigo romano a fin de «castigar» a un judío? ¿Por qué el procurador sale en defensa de un judío, cuando él era responsable de imponer el orden imperial en Judea, y en esa función ya había hecho crucificar a decenas de miles? Y por último, el conocido «lavado de manos» de Pilatos es un rito (netilat iadaim) que los judíos observan hasta hoy antes de comer, al visitar cementerios, o como signo de pureza. Extraño es, pues, que así exteriorice su pureza un militar romano a cargo de la represión.
Por todo ello, lo más probable es que quienes se «lavaran las manos» fueran los miembros del Sanedrín, en pasivo temor ante la decisión de Roma (en ese momento la mayoría de los judíos no se había rebelado contra el imperio; el partido rebelde prevaleció cuatro décadas después).
El motivo por el que los protagonistas del relato fueron intercambiados, es quizá que los redactores del Nuevo Testamento (que lo escribieron medio siglo después de que Jesús muriera) tenían como meta la expansión del cristianismo, y para cumplir con ese objeto en el imperio, la incipiente religión debía eximir de toda culpa al poderoso romano. Al mismo tiempo, podía tranquilamente depositar la culpa en quien no podría defenderse, el judío ya vencido.
Además, al evangelizar el mundo pagano, los cristianos no podían argüir que Jesús había sido el Mesías, puesto que ello no significaba nada para quienes no conocían la Biblia. El único argumento válido debía ser que el cristianismo era la religión original, la verdad universal para la humanidad. Para ello, el cristianismo debía ser el exclusivo poseedor de la historia de Israel, por lo que el judío debía ser descalificado.
A fines del siglo I, la Epístola de Barnabás sostiene que los judíos en rigor habían entendido mal lo que los cristianos llaman Antiguo Testamento, que nunca habría sido una ley a ser cumplirla, sino una prefiguración de la Iglesia.
A comienzos del siglo II, Ignacio de Antioquía lo resume así: «No fue la cristiandad quien creyó en el judaísmo, sino los judíos quienes creyeron en el cristianismo.» Así nacía el fértil tema de que la Iglesia era, y siempre había sido, el verdadero Israel. El problema era que el pueblo al que la Iglesia reclamaba haber reemplazado, continuaba coexistiendo y, más importante aun, se adjudicaba las mismas fuentes de fe, y afirmaba su anterioridad y su autoría del Antiguo Testamento.
A fin de afirmar la identidad cristiana, se procedió a vituperar al judío por medio de una vasta literatura según la cual la Iglesia precedía al Viejo Israel, remontándose hasta la fe de Abraham e incluso a Adán. La Iglesia pasaba a ser «el eterno Israel» cuyos orígenes coincidían con los de la misma humanidad. La ley mosaica era ergo sólo para los judíos, quienes con ese peso habían sido castigados por su inmerecimiento y su culto al becerro de oro. La legislación mosaica se transformaba en un yugo impuesto al «Viejo Israel» por sus pecados. Los judíos no sólo eran privados de su rol de pueblo de patriarcas y profetas, sino que además pasaban a ser una nación apóstata.
En los primeros siglos, el tratado cristiano más completo en contra de los judíos fue el Diálogo con Trifón de Justino, que explica cómo las desgracias que sufren los judíos son castigo divino. Y en ese marco, el peor de los mitos es el del «deicidio», el asesinato de Dios, explicitado por primera vez por Melito, obispo de Sardis, alrededor del ano 150: «Dios ha sido asesinado, el Rey de Israel fue muerto por una mano israelita.» Como consecuencia, «Israel yace muerto», y el cristianismo conquista toda la Tierra.
Durante siglos, esta incriminación contra el pueblo diabólico envenenó el alma europea y hasta hoy sigue teniendo consecuencias en el vocabulario, los prejuicios y las actitudes de su gente.
Esta acusación, repetida semana a semana por décadas, nunca fue la doctrina oficial de la Iglesia. Pero se arraigó de tal modo en los sermones cristianos que la Iglesia debió oficialmente rechazarla durante el Concilio Vaticano II de 1965. No se podrá ya ser buen católico y acusar a los judíos de deicidio.
Desde entonces, son muchos los cristianos que construyen un camino para librar a su religión de toda mácula judeofóbica, y para terminar de una vez con la letal imputación de que los judíos somos malditos.
Mel Gibson vino a deshacer ese camino, produciendo una obra sangrienta basada en el libelo de la monja judeofóbica Anne Emmerich (1774-1824).
En su película, no sólo se exacerban los peores motivos del Nuevo Testamento, sino que se saltean todos los positivos (como que «la salvación viene de los judíos» o que el mismo Jesús era judío, como todos sus discípulos y seguidores, algo que Gibson soslaya deliberadamente). Los judíos son los desalmados del filme, los violentos incorregibles. Gibson echa leña a un fuego que está ardiendo y matando.
A este ritmo en Europa, un nuevo atentado judeofóbico es sólo cuestión de tiempo, y bien podrá obrar de detonante la proyección de la pasión de Gibson. Al comienzo, los medios reaccionarán sorprendidos. Pero lentamente construirán su muro mental de defensa, y encontrarán las motivaciones de los agresores, comprensibles ellas. No las alabarán, pero sabrán extender su humanismo selectivo para comprender. Porque si no los comprendieran, deberían confesar que ellos mismos crearon la atmósfera judeofóbica conducente a la violencia. Y no hay nada más arduo que admitir las propias culpas en la matanza de inocentes, aun si son judíos.
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Jerusalén es esclusivad del Judaísmo por derecho milenario


La singularidad de Jerusalén
Gustavo D. Perednik
Si Jerusalén es sagrada para tres religiones, se pregunta Don Confuso algo malhumorado ¿por qué debe gobernar en ella el judaísmo en exclusividad? Parece tener razón en su reclamo. Parece. La verdad es que no solamente el judaísmo no debe gobernar, sino que de hecho no gobierna. Ni el rabinato ni una sinagoga administran la ciudad, sino el Estado del pueblo judío. La demanda judaica para con Jerusalén no es religiosa: es nacional.
Por ello, Don Confuso hallará respuestas mucho más rápidas cuando reformule su pregunta correctamente: «si el pueblo judío no es el único que exige Jerusalén, ¿por qué le asiste ese derecho en exclusividad?» Así sí, podemos encaminarnos a entender la cuestión.
Hace casi tres milenios, el profeta Isaías creó la parábola de una «Jerusalén de los cielos», ciudad a la que la tradición judaica terminó por adjudicarle dos roles: que precede a todo lo existente y que, al final de la historia, unirá a la humanidad entera. La cristiandad, que reconoce en ella su cuna, se concentró en el arquetipo.
La ciudad inspiró durante toda la Edad Media
En Francia, canciones de gesta. Además de la celebérrima Canción de Rolando, el Ciclo de Carlomagno es un grupo de poemas franceses medievales que incluyen el Peregrinaje de Carlomagno a Jerusalén.
En Inglaterra, poemas épicos. En los veinticuatro cuentos que conforman la colección de los Canterbury de Geoffrey Chaucer, el prólogo introduce a la treintena de personajes en la taberna de Sothwark. Entre ellos el párroco transformaba ese peregrinaje primaveral al sepulcro de Thomas Becket, en un viaje espiritual a Jerusalén.
En el Renacimiento italiano, epopeyas como Jerusalén Libertada de Torcuato Tasso, en la que una romantización de la Primera Cruzada alaba a los portadores del ideal religioso, siempre sintetizado en Jerusalén. La que también inspira autos sacramentales en España.
De esa aureola de santidad, la ciudad nunca logró desembarazarse. Cuando Francois de Chateaubriand, uno de los más tempranos románticos franceses, muestra su fascinación por lo exótico, lo hace en un Itinerario de París a Jerusalén. El himno nacional-religioso de Gran Bretaña lleva por título Jerusalén; es uno de los cuartetos más bíblicos y conmovedores de William Blake. Así escribió el poeta y así cantan los británicos hasta el día de hoy: «No cesaré en mi lucha mental / ni dormirá mi espada en mi mano / hasta que hayamos construído Jerusalén / en la verde y agradable tierra inglesa.»
Tanto verso y epopeya ha distorsionado la comprensión de la Jerusalén real. Sobre todo desde que la hiperespiritualización con la que arremetiera el cristianismo, virtualmente se universalizó con el Islam. Cuando se habla de Jerusalén se alza la vista a los cielos y pocas veces se piensa en la polis concreta.
Latinoamérica no divergió de esa idealización. Más de una década antes que Tasso, se conoció la más antigua poesía escrita en el Río de la Plata: el Romance Elegíaco de Luis de Miranda de Villafaña, clérigo de la expedición de Pedro de Mendoza. Un pasaje de estas coplas compara la hambruna que padeció Buenos Aires en 1537, cuando la sitiaron los querandíes, con el sitio de Jerusalén a manos de Tito el romano: «Allegó la costa a tanto / que, como en Jerusalén, / la carne de hombre también / la comieron.» Esos versos rudimentarios son el primer documento de la conquista del Río de la Plata, y muestran que aun en las letras hispanoamericanas el heroísmo, o la entereza, se hierosolimitan. También el himno nacional uruguayo trae una alusión paralela, ya que el poeta Francisco Acuña de Figueroa exhorta en el último verso de su estrofa intermedia a que «veneremos el código, como Israel veneró el arca sagrada».
Para Latinoamérica, sin embargo, la idealización no impidió un contacto más realista con la ciudad y con los exclusivos derechos nacionales (no religiosos) que posee en ella el pueblo judío. De los trece países que tenían aquí su embajada hasta fin de 1980, doce eran latinoamericanos. Igualmente lo fueron las únicas dos embajadas que se restablecieron en Jerusalén cuando ese año, las dos supremas perlas de la democracia, Irak y Arabia Saudita, encabezaron la exitosa campaña para que se retiraran las representaciones diplomáticas de Jerusalén.
También en esto Israel es especial, puesto que constituye el único Estado soberano del planeta, al que se le cuestiona su derecho de decidir la sede de su capital. En la mayor parte de los mapas, se marca Tel Aviv como capital de Israel.
País renacido o país nuevo
El motivo de esa terquedad, es complejo. Si Tel Aviv es la capital de Israel, estamos frente a un país moderno, novedoso, aceptado, aun un Estado con el que se podría llegar a convivir en paz. Pero cuando se acepta a Jerusalén como capital israelí, se admite implícitamente que aquí no hay novedad, sino un Estado renacido. La misma Jerusalén que fuera la capital de los judíos hace siglos, ha recuperado esa función. La vindicación de Jerusalén como nuestra exclusiva capital, fortalece la legitimidad del Estado judío renacido en la patria ancestral. No hace falta ser judío ni israelí para notarlo. Julián Marías lo puso de manifiesto en su libro Israel una resurrección: sin Jerusalén como capital, Israel pierde «sentido histórico».
Durante este mes los regímenes árabes han rechazado una vez más la posibilidad de reconocer a Israel como Estado judío. Se han avenido a declarar que si Israel cumpliera con todas sus demandas, llegarían a estar dispuestos a admitir su existencia (hasta el día de hoy Israel ni aparece en los mapas árabes) pero jamás a reconocer que se trata del Estado del pueblo judío. Europa tiene resistencias parecidas, y por eso abunda en el viejo continente la incomprensión hacia todo lo que Israel haga, diga, o deje de hacer.
Otra causa de la ambigua espiritualización de la ciudad, es su asombrosa antigüedad. Es lógico y natural que se envuelva en aureolas metafísicas a una urbe que se retrotrae al pasado más remoto, ya mencionada en las famosas epístolas de Tel-el-Amarna (siglo XIV a.e.c.) y aun en documentos egipcios de medio milenio antes. Después de todo, es una ciudad en la que ocurrieron eventos de trascendencia insoslayable, que los Salmos elevan hasta lo más sublime, y que en la Biblia hebrea se menciona más de setecientas veces desde el mismo libro del Génesis.
Cabe aquí recordar que por el contrario, el Corán, ni una sola vez se refiere a Jerusalén. Menciona cientos de veces a La Meca, decenas de veces a Medina, pero nunca a Jerusalén. No hay ninguna evidencia siquiera de que Mahoma haya visitado la ciudad. Algunos musulmanes citan hoy en día un vago párrafo de la decimoséptima sura, titulada «El viaje nocturno» en el que se relata que en una visión onírica Mahoma fue transportado por la noche «desde el templo sagrado hasta el templo más remoto». Parte de la exégesis islámica ha identificado a estos dos templos como los de La Meca y Jerusalén, respectivamente. Pero se trata de creencias religiosas basadas en interpretaciones, y no en eventos históricos que el mundo entero acepta y estudia, como los protagonizados antaño por escribas y profetas, macabeos y reyes hebreos.
Y cuando focalizamos la historia en la edad contemporánea, observamos que los judíos son el grupo mayoritario de la ciudad desde hace ya un siglo y medio, y que ésta nunca fue capital (ni siquiera provincial) de imperios cualesquiera, incluído el del Islam. El breve control árabe de la ciudad significó destrucción y atraso, y por su parte, la recuperación judía fue la única que garantizó libertad de cultos y protección a los lugares sagrados de todos los credos, amén de un crecimiento sostenido y visible.
Es que la aspiración israelita siempre se diferenció porque el retorno era concebido también a la Jerusalén terrena. Los caraítas que regresaron hace mil años otorgaron a los retornantes el título honorífico de «Jerusalén». Aquí regresaron desde España Iehuda Haleví en el siglo XII y Najmánides en el XIII, y desde Alemania los Jasidéi Ashkenaz, y desde Italia el exegeta Ovadia de Bertinoro en el XV. Y luego la inmigración de Jazón Sión que arribó en 1722 y las varias olas de maestros jasídicos, y los alumnos del sabio Gaón de Vilna, y finalmente los biluím, y las inmigraciones modernas que reconstruyeron el Estado judío. Todos a Jerusalén no para soñar sino para cumplir con sus sueños.
Por eso fue tan importante celebrar hace una década el cumpleaños número tres mil de la ciudad. Se ponía así de relieve que el rey David proclamó la ciudad como capital de Israel, un dato histórico que exige ser explicitado, a fin de atenuar los aspectos metafísicos y teológicos de la ciudad.
Los enemigos de Israel en Europa y el imperio árabe insisten en denominar «explanada de las mezquitas» al Monte del Templo de Jerusalén, el construido por el rey Salomón hace tres mil años, del cual el resto en pie es el Muro Occidental (durante siglos el Muro de las Lamentaciones). Se trata de historia; no de teología. Las dos mezquitas fueron construidas en el siglo VII justamente sobre el Monte del Templo, a fin de alardear la victoria del Islam sobre «la vieja religión».
Don Confuso entenderá

Decimos que la distinción entre la idealización de Jerusalén que nace en el judaísmo, por un lado, y la que hereda el resto de la humanidad por el otro, es que en el caso judío la ciudad espiritual se complementa con la reconstrucción de la manifiesta। A ella, los judíos por doquier dirigen sus rezos tres veces por día, pidiendo que Dios «regrese a Su ciudad... la reconstruya en nuestros días... y contemplen nuestros ojos ese retorno»।



El recientemente fallecido poeta israelí Iehuda Amijai, en su poema Turistas, reflejó la permanente dicotomía de las dos Jerusalén, y la opcion judía por lo terrenal. Amijai se describe a sí mismo cargando dos bolsas del mercado. Un guía turístico lo señala con el dedo y explica a su grupo: «un poco más a la derecha de aquel hombre con las bolsas se encuentra un arco de la época romana.» Amijai reflexiona: «la redención llegará sólo cuando les digan: ¿Ven el arco de la epoca romana? No importa. Pero debajo a la izquierda hay un hombre sentado que compró frutas y verduras para su casa.»
El malentendido de Don Confuso radica en mezclar dos cuestiones. La Jerusalén celestial lo es para todas las religiones que han tomado del judaísmo su santidad, y todas sin excepción tienen libertad de culto desde la reunificación. Pero ello no contradice el hecho de que la polis exhibe un solo legítimo poseedor nacional y ése es Israel. El control hebreo sobre Jerusalén, ha sido la garantía, no sólo de una soberanía fundada en derechos históricos, sino también de la libertad que el sionismo ofrece a todos los habitantes, sin distinción de religiones ni de orígenes.
Más allá del pasado tan rico envuelto en el misterio, la desinformación acerca de la ciudad tiene una causa adicional, y probablemente la principal. Es la ponzoña que difunden los enemigos de Israel tergiversando historias y religiones. El profesor Iassir Mallah, de la Universidad de Belén, insiste en que el patriarca Abraham no sólo fue musulmán, sino sido «un imán de la nación árabe». La Tierra Prometida de la Biblia, explica el erudito, es la Gran Siria. Le fue asignada al pueblo judío so condición de que siguiera las enseñanzas mosaicas, pero la promesa fue revocada con el arribo de Mahoma. (En la misma línea se habían expresado los Padres de la Iglesia, y el pueblo de Israel pasaba a ser el réprobo, una reliquia del pasado destinada a esfumarse).
No es éste un fenómeno marginal de fundamentalistas. La distorsión penetra cotidiamente en los medios de difusión. Cuando la cadena televisiva ABC proyectó un programa enteramente dedicado a Jerusalén, sentenció Dean Reynolds en pantalla: «...para obtener las negociaciones de paz, se les pide a los palestinos que renuncien a su sueño de hacer de Jerusalén la capital de un Estado palestino.» Sueño extraño, teniendo en cuenta en setecientos años de gobierno árabe, cuatrocientos de turco-musulmán y diecinueve de jordano-palestino, Jerusalén nunca fue capital de nada. Ni siquiera una sola escuela islámica de importancia fue jamás establecida aquí, ni visitó la ciudad ningún jefe de Estado árabe.
Cuando los judíos transformaron la abandonada Jerusalén en una ciudad pujante y abierta, en ese momento arremetieron los reclamos árabes sobre la ciudad, con el apoyo que sus regímenes reciben en una buena parte de Europa.
Reescribir la historia de Jerusalén trasciende los medios tradicionalmente hostiles a Israel. Aun la Encyclopedia Britannica, una de las más prestigiosas del mundo, publicó que Jerusalén es una ciudad de peregrinaje para los musulmanes (falso) y que éstos miran a ella para rezar (sus plegarias se dirigen sólo a La Meca).
La tergiversación es el instrumento de quienes intentan «resolver» la cuestión de Jerusalén bajo la absurda propuesta de «internacionalización», como si tal régimen fuera practicable o como si hubiera alguna «ciudad internacional». Curiosamente, las propuestas de cambiar el estatus de la ciudad se hicieron oir durante estas casi cuatro décadas de libertad, y no existieron durante la previas, cuando el control árabe destruyó más de treinta sinagogas, arrasó el Monte de los Olivos, promovió la emigración cristiana, prohibió la residencia de judíos, y ahogó el desarrollo de la ciudad. La usurpación jordana había sido reconocida solamente por la creadora de ese país, Inglaterra, y por Pakistán.
En el medio del bullicio sobre Jerusalén, los hombres de bien son mareados por el doble valor de la ciudad. Pero hasta Don Confuso habrá de entrar en razones. Por un lado hay un carácter religioso sagrado, naturalmente compartido, y por otro, urge el tema de su soberanía política nacional que, por derecho milenario, es del pueblo judío. Este segundo valor es precisamente la garantía del primero

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