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Blair sabía que Bush no tenía plan de posguerra en Irak


El primer ministro británico, apoyó la invasión del país árabe en 2003 pese a saber que los Estados Unidos no había pensado aún cómo reconstruiría luego el territorio·Así lo confirma un documental que se proyectará el próximo sábado.
Según publica hoy "The Observer", Tony Blair llegó a manifestar su preocupación por la falta de previsión de la Casa Blanca·No obstante, el líder laborista se comprometió a enviar tropas a Irak, a pesar de que el presidente estadounidense, George W Bush, le comentó personalmente que el Reino Unido podía ayudar "de cualquier otra manera". Esos detalles, publica el periódico, se darán a conocer en un documental que la cadena británica Channel 4 emitirá el próximo sábado y en el que estrechos aliados del Primer Ministro hablan de los preparativos de la guerra de Irak. Entre los participantes en el programa figura el ex ministro británico y hoy comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, quien reconoce que Blair tuvo conocimiento de la deficiente planificación estadounidense para la posguerra. "Obviamente, se debería haber prestado más atención a lo que sucedería después, a la planificación y a lo que haríamos una vez que Sadam fuera derrocado", dice Mandelson. "Pero me acuerdo de él (Blair) diciendo en aquel momento: 'Mira, yo no puedo hacerlo todo. Eso es, sobre todo, responsabilidad de los EEUU, no nuestra", explica el comisario europeo. El asunto preocupaba tanto el jefe del Gobierno, que en marzo de 2002 -justo un año antes de la invasión- decidió enviar a Washington a su asesor en política exterior David Manning, actual embajador británico en los EEUU, para sondear al Ejecutivo de Bush. Al regresar a Londres, Manning escribió en un memorándum: "Creo que hay un riesgo real de que la Administración (de Bush) subestime las dificultades. Pueden estar de acuerdo en que el fracaso no es una opción, pero eso no significa que lo vayan a evitar". Estas revelaciones suscitan también dudas sobre las garantías que Blair dio al Partido Laborista, muy dividido entonces por el problema de Irak.En el documental, el ex líder laborista Neil Kinnock señala que el primer ministro le aseguró que estaba satisfecho con el plan estadounidense para reconstruir Irak después del conflicto. "Le dije a Tony: '¿Estás seguro de que los americanos se han preparado de forma efectiva y exhaustiva para las condiciones en Irak después de la guerra?' Y él dijo: 'Estoy seguro'", declaró Kinnock.

Fuente: 17 de junio de 2007 (infobae,eg)
fuente de la imagén
Conocer historia del conflicto de Irak en :

Jugando con fuego: Estados Unidos, Irak, Irán

Cuando se es un país poderoso, es difícil no jugar con fuego. Pero el régimen de Bush ha sido particularmente temerario. Tomemos por ejemplo el triángulo Irán, Irak, Estados Unidos. La historia es bien conocida. La primera famosa intervención de la CIA en alguna parte del mundo ocurrió en Irán, allá en 1953. Irán tenía un primer ministro llamado Mohamed Mossadegh, político, laico y de clase media, que tuvo la audacia de nacionalizar el petróleo iraní. El shah se fue al exilio. Gran Bretaña y Estados Unidos estaban bastante descontentos con ello y respaldaron, de hecho inspiraron, un golpe militar para arrestar a Mossadegh y reinstaurar al shah en su trono. A partir de entonces, el Irán del shah se volvió un cercano aliado de Estados Unidos. El régimen del shah Reza Pahlevi era autoritario y muy represivo, pero eso no molestaba a Washington porque era un pilar de las fuerzas favorables a Estados Unidos en Medio Oriente. Finalmente, en 1979 el régimen del shah fue derrocado por un levantamiento popular y de nuevo el shah se fue al exilio. Esta vez las fuerzas dominantes no fueron los nacionalistas laicos, sino militantes islamitas dirigidos por el ayatollah Ruhollah Khomeini. Se proclamó una república islamita. En el lapso de un año, los militantes iraníes tomaron la embajada estadunidense y mantuvieron prisioneros a quienes hallaron dentro por 444 días. Sobra decir que Estados Unidos se molestó bastante una vez más. Irán proclamó a Estados Unidos "el Gran Satán", y a su vez este ultimo país consideró a Irán enemigo total. El intento del presidente Carter por liberar por la fuerza a los prisioneros de la embajada resultó un fiasco. Y el presidente Reagan los sacó sólo porque hizo un acuerdo secreto mediante el cual regresó activos iraníes congelados a cambio de su liberación. Estados Unidos decidió que la mejor manera de lidiar con los iraníes era animar al presidente de Irak, un tal Saddam Hussein, a invadir Irán, lo que hizo en 1980. Por supuesto, Irán es, en gran medida, un país musulmán chiíta. E Irak tiene gran cantidad de musulmanes chiítas que no obstante se veían impedidos de participar del poder por los políticos árabes sunnitas desde la creación de Irak como Estado soberano moderno. En 1983, Reagan mandó a un tal Donald Rumsfeld como enviado especial a reunirse con Saddam Hussein, para animarlo en sus esfuerzos de guerra, para ofrecerle formas de asistencia directas e indirectas (incluidos algunos elementos de guerra biológica), para retirar a Irak de la lista estadunidense de estados que apoyaban a grupos terroristas y en general para mimar a Saddam. La guerra entre Irán e Irak duró ocho años, fue extremadamente costosa para ambos bandos en bajas y en dinero, y finalmente terminó por desgaste, con las tropas de vuelta al punto de partida. Fue una tregua militar pero, por supuesto, la enemistad política persistió. Como sabemos, Saddam Hussein se vio en dificultades para pagar las deudas que había contraído con el fin de emprender esta guerra, en especial las enormes deudas de Irak con Kuwait y Arabia Saudita. Decidió cancelarlas y satisfacer los añejos reclamos nacionalistas en una sola arremetida, invadiendo Kuwait en 1990. Ahora, por fin, Estados Unidos se puso en contra de Saddam Hussein y encabezó una coalición autorizada por Naciones Unidas para sacar a Irak de Kuwait, entre otras cosas, con el respaldo tácito de Irán. La guerra llegó a su fin con varias clases de traiciones. Saddam había enviado mucha de su fuerza aérea a Irán para protegerla de los bombardeos estadunidenses. Después de la guerra, Irán se negó a regresar los aviones. En Irak los chiítas se rebelaron contra Saddam Hussein, durante la guerra del Golfo, pero Estados Unidos rehusó ayudarlos después de la tregua con Saddam. Eventualmente, Estados Unidos puso, en efecto, una zona sin navegación aérea sobre las aéreas chiítas -muy tarde, sin embargo- para evitar que Saddam cobrara venganza de los rebeldes chiítas. Todos quedaron algo insatisfechos con la tregua de facto instaurada entre 1991 y 2001. Los neoconservadores en Estados Unidos sintieron que su país estaba humillado por el hecho de que Saddam permaneciera en el poder. Hussein no estaba contento por el boicot económico encabezado por Estados Unidos y por las limitaciones a la soberanía iraquí, decretadas por Naciones Unidas, concernientes a la venta de crudo. Los chiítas iraquíes (y los kurdos) estaban insatisfechos, porque Saddam seguía en el poder y Estados Unidos los había abandonado. E Irán estaba descontento porque Saddam seguía en el poder, porque los chiítas iraquíes seguían sufriendo y porque Estados Unidos era aún una potencia demasiado grande en la región. Cuando ocurrieron los ataques del 11 de septiembre, los neoconservadores vieron la oportunidad de hacer que Bush se enfocara en una guerra contra Irak. Como sabemos, la invasión ocurriría, finalmente, en 2003, y resultó en el derrocamiento de Saddam. En ese entonces, George W. Bush denunció al "eje del mal" -trío formado por Irak, Irán y Corea del Norte. Estados Unidos había decidido ponerse al mismo tiempo en contra de ambos regímenes, el iraquí y el iraní, pero tomar primero Irak militarmente. Es bastante claro que en 2003 el régimen de Bush consideraba que emprenderla contra Irán sólo era cuestión de tiempo. Lo que Bush parecía esperar en 2003 era que Estados Unidos podría instalar, bastante rápido, un régimen amigable en Irak, para luego proceder a forzar un duelo contra Irán. Lo que no esperaban era que existiera un movimiento de resistencia bastante poderoso, uno que ahora parecen no ser capaces de contener seriamente. Lo que no esperaban era que los chiítas ejercieran una eficaz presión política para efectuar elecciones pronto, que daría a los chiítas una mayoría en el gobierno. Lo que no esperaban era que los militares estadunidenses estuvieran tan extenuados, que no hay manera de que Estados Unidos considere seriamente emprender ningún tipo de acción militar para cambiar de régimen en Irán. Y lo que menos esperaban es que Irán estuviera en posición de ser el gran ganador diplomático en la invasión estadunidense. Consideren lo ocurrido el 15 de mayo de 2005. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, realizó una visita no anunciada a Bagdad, durante la que invirtió su corta estancia en medio regañar, medio rogar al nuevo gobierno iraquí, y todo esto es público. Dijo que los iraquíes debía tratar de ser más "incluyentes", palabra clave para dar más espacio a los árabes sunitas en el gobierno. Les advirtió que no debían debaathificar "severamente", es decir, que debían incluir en el poder al menos a algunos de aquellos que simpatizaban con Saddam Hussein. Se supone que Rice piensa que ello minaría la resistencia ante la ocupación estadunidense y haría posible reducir el compromiso de las tropas estadunidenses en Irak (¿sería mejor usarlas contra Irán?). Esta es una curiosa vuelta, que hace que una secretaria de Estado estadunidense ruegue en favor de por lo menos algunos de los ex baathistas. Y hasta donde se puede ver, ante oídos medio sordos. Los análisis del actual gobierno iraquí, o más bien sus prioridades, parecen ser muy diferentes. Dos días después el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Kamal Khazzeri, arribó en visita de cuatro días, una que resultó mucho más exitosa. Lo recibió en el aeropuerto el ministro de Relaciones Exteriores de Irak, Hoshyar Zebari, él mismo sunita y kurdo, que habló en fluido farsi. Después de tres días, Irán e Irak firmaron un acuerdo para poner fin a las hostilidades entre ambos países, y el nuevo gobierno iraquí concordó con Irán en que la guerra Irak-Irán la había iniciado Saddam Hussein. Ambas naciones renovaron sus críticas hacia Israel. Si Bush piensa que el nuevo gobierno iraquí va a unirse a Estados Unidos en cruzada contra Irán, ese otro miembro del "eje del mal" debe estar mal de la cabeza. Las relaciones entre Irak e Irán se han normalizado y van en route de hacerse más amigables. No es esto lo que los neoconservadores avizoraban cuando lanzaron una escalada en favor de una "democratización" del Medio Oriente encabezada por Estados Unidos. Cuando las fuerzas estadunidenses abandonen Irak (tal vez más pronto que tarde), Irán seguirá ahí, y (gracias a Estados Unidos) estará más fuerte que nunca. Traducción: Ramón Vera Herrera

Estados Unidos y la democracia en Medio Oriente


URL de la imagen:
http://www.elnuevodiario.com.ni/pix/2006/11/250x250_1164677011_EU.jpg.jpg
La configuración del Medio Oriente post-Sadam presenta muchas interrogantes. Uno de los caballos de batalla de la administración Bush -más allá del evidente interés en el petróleo- era “liberar al pueblo iraquí de la tiranía, democratizar al país y convertirlo en un elemento de estabilidad en la región”. Según el análisis de los “halcones” en el gobierno norteamericano, la falta de condiciones democráticas, el autoritarismo de la mayoría de los regímenes de la región y la consecuente frustración de la población, serían los principales acicates del integrismo islámico; de manera que la caída de Sadam, sería la punta de lanza de la democratización del mundo musulmán. Para articular estos esfuerzos, desde diciembre del 2001, el Departamento de Estado lanzó la Middle East Partnership Initiaive, MEPI, un programa que financia proyectos de apoyo a los derechos de las mujeres, la sociedad civil y de educación para la democracia.

En un escenario regional en el que los regímenes autoritarios monárquicos o de partido único y la violación de las libertades políticas y los derechos humanos son la constante, la promoción de los valores democráticos aparece definitivamente como una tarea muy loable. Sin embargo, esta labor será mucho más complicada de lo que parece por una razón fundamental: la falta de credibilidad de los Estados Unidos.La norma casi invariable de la política norteamericana hacia la región ha sido el apoyo a “gobiernos amigos” (garantes de la seguridad norteamericana o proveedores de petróleo) sin importar la naturaleza autoritaria de sus regímenes. Después del fracaso del nacionalismo árabe a finales de los años sesenta y en el marco del posicionamiento hegemónico de los EE.UU. en la región después del desmembramiento del Imperio Británico, los norteamericanos comprendieron la necesidad de establecer una doctrina de política exterior que diera continuidad a la práctica británica de crear y mantener gobiernos de “fachada”, o policías locales (como se les denominó durante el gobierno de Richard Nixon) que garantizaran los intereses de de la potencia.De esta manera los EE.UU. iniciaron su relación histórica con monarquías autoritarias como la reinante en Arabia Saudita, país en el que a las mujeres ni siquiera se les permite conducir un automóvil, o regímenes laicos como Túnez donde el Presidente Zine al Abidine Ben Alí recibió hace un año un mandato de gobierno de por vida, o Egipto, una “dictadura perfecta” en la que el presidente Hosni Mubarak “gana” las elecciones con el 99% de los votos, mientras se reprime ferozmente cualquier oposición y al tiempo que el país recibe dos billones de dólares anuales en ayuda de los EE.UU.

Pero la política de los EE.UU. no se ha limitado a apoyar al autoritarismo, también se ha expresado en una deliberada contención de la democracia. Algunos de los pocos experimentos democráticos que el mundo islámico ha vivido fueron abortados con la complicidad de los EE.UU. Tal fue el caso del gobierno democráticamente electo de Mohamed Mossadeg en Irán en 1953, derrocado por un golpe de Estado apoyado por la CIA o recientemente, el apoyo al general golpista Pervez Musharraf en Pakistán, cuyo gobierno recibe 921 millones de dólares al año. Estos antecedentes hacen que la iniciativa de los EE.UU. sea vista con mucha suspicacia, especialmente por la prensa árabe, que no ve en este súbito interés por la democracia más que una cortina de humo para encubrir los verdaderos intereses de ese país en la región.

Si el interés por la democracia fuera verdaderamente consecuente, los EE.UU deberían exigirle cambios democráticos internos a aliados como Arabia Saudita, Pakistán y Egipto, algo difícil de imaginar en el marco de las alianzas necesarias para la “guerra contra el terrorismo”. En el fondo, Washington sabe que mayor democracia en Medio Oriente podría resultar perjudicial para sus intereses. Una apertura democrática podría significar una explosión del anti-norteamericanismo predominante en la población y que podría ser capitalizada por las alternativas fundamentalistas islámicas. En 1991, las primeras elecciones democráticas en Argelia fueron ganadas por un partido integrista islámico, lo que obligó a los militares a dar un golpe de estado con el beneplácito encubierto de los EE.UU. El año pasado partidos islámicos ganaron elecciones en Marruecos, Pakistán y Turquía. En este último país, una decisión democrática del Parlamento turco impidió que miles de soldados norteamericanos usaran el territorio turco como base de operaciones en la guerra contra Irak.

¿Están los EE.UU dispuestos a aceptar la voluntad democrática de los pueblos de Medio Oriente aun cuando ésta se exprese en apoyo a alternativas antagónicas a sus intereses? Esta es una interrogante que se empezará a dilucidar pronto. El caso de Irak y su nueva configuración política e institucional ofrecerán una muestra de hasta donde están dispuestos a llegar los norteamericanos. Promoverán la reconstrucción de un Irak verdaderamente democrático que reconozca la pluralidad de grupos religiosos y étnicos o se limitarán a instaurar otro gobierno de fachada.
(*) Profesor de Historia de las Relaciones Internacionales

Petróleo y conflicto militar en el medio oriente


Si miramos el mapa de yacimientos de hidrocarburos vemos que existe un elipse geográfico que abarca una parte de la Ex Unión Soviética y gran parte de Medio Oriente. 70% de las reservas mundiales de petróleo y 65% de las reservas mundiales de gas están concentrados en esa región. Con un solo vistazo a ese mapa nos damos cuenta que la razón verdadera de la militarización del Medio Oriente NO es el Islam, ni el fundamentalismo islámico, ni el terrorismo. La explicación para la presencia masiva de los ejércitos imperialistas se tiene que buscar en los enormes yacimientos de hidrocarburo y sus ganancias.
La imagen común del Medio Oriente es el de las mezquitas artísticas y musulmanes fundamentalistas. Es una imagen construida a propósito para encubrir otras verdades.
Si miramos el mapa de yacimientos de hidrocarburos vemos que existe un elipse geográfico que abarca una parte de la Ex Unión Soviética y gran parte de Medio Oriente. 70% de las reservas mundiales de petróleo y 65% de las reservas mundiales de gas están concentrados en esa región. Con un solo vistazo a ese mapa nos damos cuenta que la razón verdadera de la militarización del Medio Oriente NO es el Islam, ni el fundamentalismo islámico, ni el terrorismo.
La explicación para la presencia masiva de los ejércitos imperialistas se tiene que buscar en los enormes yacimientos de hidrocarburo y sus ganancias.
La región del Golfo - aparte de su importancia económica – ha adquirido una importancia estratégica para las potencias del capital mundial. El control sobre una región de producción de una materia prima tan importante como el petróleo no nada más es fuente de ganancias enormes sino también constituye un arma vital en el escenario de competencia y para la disminución de las crisis económicas. Quién domina los puntos claves de esa región tiene posibilidades infinitas para ejercer un mejor control en otros lugares, así como, desde una posición de poder, ampliar el territorio bajo su dominio.
Las ganancias provenientes del petróleo en la región del Golfo permiten además un negocio y ganancias excepcionales para los grandes consorcios de armas.
Por ejemplo, en los años 70 se duplican la venta de armas a nivel mundial, mientras que las ventas en la región del Medio Oriente se cuadriplica. “En los años ochenta, la mitad de todas las armas enviadas al Tercer Mundo, se fueron hacia esa región. Es decir, más de 25% de todas las armas en el mundo. En un lapso de menos de 20 años el gasto militar de esos países aumentó diez veces. De 4,7 mil millones de dólares en 1963 a 46,7 mil millones en 1980. Eso es 9 veces más del promedio mundial. Si se establece la relación del gasto militar con el PIB nacional en nivel mundial, 6 de los primeros países se ubican en esa región. En los 80 esos países eran Qatar, Arabia Saudita, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahrain, Irán, Omán y Kuwait.”
Entre 1970 y 1975 las armas vendidas a los países del Medio Oriente valían más de 20 mil millones de Dólares, es decir 48% de todas las armas exportadas al Tercer Mundo.
De esas armas 31% para Irán, 14% Arabia Saudita y 13% para Jordania. [Merip Report No. 112, Feb. 1983, Competición de armas en el Medio Oriente]
Entre 1980 y 1984 el 50,8% de todas las armas del mundo se encontraban en el Medio Oriente, es decir entre 1979 y 1983 los países del golfo compraron más de 37 mil millones de dólares de armamento y solo en 1980 tenían un gasto militar superior a 30 mil millones de dólares. [Ándese va Peykar No.1]
Con solo tan poquita información ya se ve el nexo entre petróleo y militarización y queda claro el significado de la democracia exportada por países de la metrópoli a la región.
Para entender lo que significa la defensa de “sus intereses”, “democracia” y “desarrollo” para los gobernantes verdaderos del Medio Oriente me gustaría darle un solo ejemplo:

Militarización en el Medio Oriente
Al contrario a lo que pretenden decir los estados imperialistas, y buena parte de los medios masivos occidentales, esas fuerzas no vinieron para cuidar la paz ni para establecer la democracia.
Esas fuerzas son los representantes de la muerte y la destrucción.
Después del último ataque israelí a Líbano en septiembre, el primer ministro Ehud Olmert fue cuestionado en la Comisión de Defensa de la Knesset (parlamento israelí) por la derrota del ejército israelí. Olmert respondió: “La mitad de Líbano quedó destruido y ustedes hablan de una derrota!” [Berliner Zeitung, 5.9.2006].
Para estos señores la victoria significa destrucción. Y militarización significa robo y explotación. Por eso cuando hablamos de la militarización en el Medio Oriente, de por si, estamos hablando del robo y explotación de recursos naturales y humanos. Sin embargo la militarización es solo un aspecto del petróleo y otros recursos naturales.
En este momento me voy a limitar a tocar el aspecto de la militarización, pero seamos concientes de que hay muchos factores más que están relacionados con el petróleo y que trastocan la vida de la gente en la región.
El primer pozo de petróleo fue encontrado en 1908 en Masdjed Soleiman, Irán, a raíz de un contrato entre Irán y el inglés William Knox D’Arcy que le autorizó la concesión de petróleo en el país. A pesar de que las guerras existían desde antes en la región, este petróleo jugó un papel fundamental y vital en el mantenimiento de la maquinaría de guerra de los ingleses durante la primera guerra mundial. Continuar..:

" los Estados Unidos tenían la obligación moral de impulsar un estado judío "

el-libertario.blogspot.com/2007_10_01_archive...
En su reseña del polémico libro de John Mearsheimer y Stephen Walt, The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (El lobby de Israel y la política exterior estadounidense), el experimentado comentarista de política internacional Les Gelb sostuvo en el New York Times que la "relación especial" entre ambos países había generado desacuerdos desde el primer momento.Los estadounidenses siempre tuvieron opiniones ambivalentes respecto de cuánto debían comprometerse en Medio Oriente en general, así como de cuánto apoyo debían brindar a Israel en particular. Como ejemplo histórico, Gelb recordó las dos posiciones opuestas que se le presentaron al presidente Harry S. Truman en el período de 1946-1947, cuando Gran Bretaña anunció su retirada de Palestina y árabes y judíos se dispusieron a luchar por ese territorio. El asesor legal del presidente, Clark Clifford, sostenía que los Estados Unidos tenían la obligación moral de impulsar un estado judío dada la negligencia del mundo en relación con el holocausto nazi. George Marshall, en cambio, el respetado secretario de Estado de Truman, opinaba que reconocer a Israel afectaría de forma permanente las relaciones de los Estados Unidos con el mundo árabe.continuar.

" La cacería de Osama se ha convertido en la mayor y más costosa campaña emprendida por un gobierno "

www.alejandropaez.net/index.php?s=madrasas
La cacería de Osama se ha convertido en la mayor y más costosa campaña emprendida por un gobierno para capturar a un solo hombre. Sumada al resultado de la cruzada militar en Irak y en Afganistán, es también el peor fracaso de Estados Unidos en política internacional, tanto así que Vietnam se ha reducido a una travesura en una casa de muñecas. El primer efecto de este desastre es que el presidente George W. Bush se encuentra hoy más acotado que nunca, y su aparato de inteligencia, utilizado con propósitos políticos (justificar la invasión de Irak), no tiene hoy calidad moral ni capacidad de convencimiento como para reunir recursos y emprender una acción masiva para capturar al terrorista. Bush invadió Afganistán para “sacarlo de su cueva y hacerlo pagar por sus crímenes”, según sus propias palabras de finales de octubre de 2001. ¿Cómo explicarle a los contribuyentes y a un Congreso adverso que el dinero gastado y las muertes provocadas en estos más de cinco años no sirvieron de nada, y que ahora sí se tiene certeza en dónde está el terrorista y que necesita que le presten un ejército y más presupuesto?Supongamos que Osama está en 36°14”45.03”N, 71°50”8.42”E. Si usamos mapas satelitales (o Google Earth) veremos que no es fácil ir por él. Tirich Mir es una cadena montañosa elevadísima con varios picos cubiertos todo el año de nieve. Los vehículos motorizados no suben, mucho menos los blindados. Estados Unidos ha peleado estos años guerras de desierto; sus soldados no son alpinistas ni espeleólogos. Se requeriría, forzosamente, una inversión extraordinaria y entrenamiento especial para que miles de hombres tiendan una red de miles de kilómetros que garantice que la aguja que buscan no se pierda en el pajar. Hablamos de una tarea titánica. ¿Alguien se imagina el costo que tendría para Estados Unidos si por alguna razón Osama no está allí (como no estuvieron las Armas de Destrucción Masiva en Irak)? O si burla el cerco, que seguro lo haría en esa región en la que la etnia pashtún le ha dado nacionalidad y lo protege.Volvamos a Tirich Mir. Si inclinamos el mapa, veremos que los pliegues montañosos además están cortados por complicadas fronteras. En el norte corre una franja de Afganistán, un brazo de montañas conocida como el Hindu Kush; y después está Tayikistán. Hacia abajo es Pakistán, y hacia el oeste, China. Cuatro países rodean la zona. ¿Se imaginan el esfuerzo para coordinar un cerco que debe incluir a esas cuatro naciones?Hace unos días, The New York Times publicaba un informe en el que decía que los Talibán han logrado el control de varias provincias. Mencionaba que Hilmand, al sur afgano, está en manos de insurgentes. Con un poco de lógica podríamos decir que Kandahar y Zabul, territorios que simpatizan con el mullá Omar –prófugo y en activo– también tendrán una mayor presencia de radicales, y no se diga Paktia, Paktika y Khost, provincias pegada a Pakistán, en donde está Tora Bora, base de Al Qaeda durante años. Si en esas regiones, que no ofrecen la protección de las montañas, la actividad rebelde ha crecido, ¿cómo debemos imaginar que estará el camino hacia Tirich Mir, en donde se esconden Osama y su pastel de cumpleaños? Porque hasta ahora, al imaginarnos la cacería, no hemos hablado de resistencia; asumimos que estará con un grupillo de guaruras. No suponemos que habrá combate. Pues si Afganistán no ha sido controlado cinco años después de la invasión, ahora quisiera que alguien me dijera cómo podrán Bush y sus estrategas convencer a los norteamericanos que de esta campaña sí saldrían victoriosos.Otro dato importante: Tirich Mir está en Pakistán. Sería meter a un tercer país en guerra. Y qué país. Recordemos que los paquistaníes son abiertos opositores de Estados Unidos –aunque su gobierno es colaboracionista– y que su territorio ha aportado, desde la resistencia (1979-1989) contra la extinta URSS, más milicianos para la causa yihadista que cualquier otro. Sería darle una patada al avispero. Tienen el mayor número de escuelas del Corán (madrasas) en el mundo: cerca de 40 mil, en las que, se calcula, viven y se educan unos 500 mil jóvenes estudiantes (talibs) que estarían dispuestos a entrar, como lo hicieron en el pasado, a defender su territorio y su causa.Una pregunta lógica es para qué enviar soldados de a pie, y por qué no un ataque aéreo. La respuesta es simple: Osama bin Laden no está parado en una piedra, esperando a que lo ubiquen. ¿Dispararle a qué? Ni modo de acabar con las montañas, o dejar caer bombas sobre los glaciares. En esta extensa región ni pueblos visibles hay, ni cuevas, ni instalaciones, como sucedía con Tora Bora, reducida a escombros por los aviones de Estados Unidos entre finales de 2001 y 2002. Sólo nieve y más nieve, piedras y ríos y bosques. En las faldas de las montañas hay pequeñas comunidades, sí, como Chitral. ¿Y eso qué? Allí no estará el terrorista, seguramente. ¿Dispararle a qué?Osama bin Laden cumple 50 años y tendrá mucho qué festejar. Los reveces de Washington en Irak y Afganistán serían motivos suficientes para apagar feliz sus velitas, pero no son los únicos. El mundo se le ha venido encima a Bush, su enemigo. Los frentes de batalla son cada vez mayores y el tiempo se le agota: justo ahora se ha visto obligado a dejar los mapas de Oriente Medio para hacer una gira por América Latina, en donde se ha reducido su influencia dramáticamente en pocos años. Afuera de su casa las cosas están de la patada, y no se diga adentro: su partido perdió la mayoría en el Congreso y los niveles de aceptación hacen ver su mandato casi insostenible.Seguro en la cueva en la que se esconde Osama habrá fiesta. También seguramente será muy discreta, porque este hombre sabe, como pocos en el planeta, que su exitosa resistencia se ha basado justamente en eso: en la discreción.

la política de Estados Unidos en Oriente Medio ha sido sometida a tal bombardeo "

Nunca, en la historia reciente, la política de Estados Unidos en Oriente Medio ha sido sometida a tal bombardeo de presiones en conflicto por parte de antiguos aliados, clientes y adversarios. Los puntos en disputa abarcan cuestiones básicas de guerra y paz, de las cuales las más importantes son las diferentes respuestas al conflicto palestino-israelí, la ocupación de Irak y la invasión y ocupación autorizada de Somalia a cargo de Etiopía y Estados Unidos.
Entre los principales aspirantes a la influencia en la política de Estados Unidos en Oriente Medio se encuentran, en un lado, el ‘partido de la guerra’, liderado por el bloque de poder sionista y sus seguidores en el Congreso y sus aliados entre los militaristas civiles de la Casa Blanca guiados por el vicepresidente Cheney, la secretaria de Estado Rice, el Consejero de Seguridad Nacional para Oriente Medio Elliot Abrams, junto a un ejército de escribas instalados en los puestos más destacados de la cobertura periodística. En el otro lado se sitúa una pequeña minoría de congresistas, ex funcionarios vinculados a Big Oil
2 , un movimiento pacifista dividido, los estados árabes del Golfo, Arabia Saudí y un número de países europeos por una serie de cuestiones específicas.
Hasta la fecha, la Zionist Power Configuration (ZPC) ha hecho que sus partidarios en el Congreso y en la Casa Blanca cierren filas y ha apisonado la oposición interna para asegurar el respaldo incondicional de Estados Unidos a las posiciones de Israel en Oriente Medio. Uno de los ejemplos recientes de la influencia política y mediática de ZPC se ilustra en su rechazo u omisión de un importante documento sobre derechos humanos y civiles en Israel publicado por el Comité de las Naciones Unidas con relación a la Eliminación de Discriminación Racial (publicado el 9 de marzo del 2007). El estudio, realizado por unos 24 expertos, hacía 19 recomendaciones para que Israel pusiera término a la discriminación racial en 25 áreas contra ciudadanos árabes de Israel. Israel rechazó el informe, la ZPC automáticamente siguió el ejemplo, así como Washington.
Sin embargo, hay signos (seguramente débiles) de que el poder visible e invisible de la ZPC está siendo sometido a un escrutinio crítico público e incluso ‘llevado a juicio’ por los clientes de Estados Unidos. El Consejo de Cooperación del Golfo, compuesto por Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudí, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, es el mayor proveedor de petróleo del mundo (por encima del 40 por ciento); se trata de regímenes conservadores y pro-estadounidenses que albergan bases militares americanas y están vinculados a las casas financieras y del petróleo estadounidenses más importantes y se encuentran entre los más destacados compradores de material militar del complejo militar-industrial estadounidense. En un encuentro celebrado a finales de marzo del 2007 instaron a los Estados Unidos a enfrentarse a Irán solo por la vía diplomática y no por la militar o imponiendo sanciones económicas. Israel optó por una posición diametralmente opuesta, presionando por el endurecimiento de las sanciones y por la confrontación militar. Automáticamente, la ZPC se hizo eco de la línea del Partido Israelí (Daily Alert 26-30, 2007). El Congreso y Bush ignoraron a Big Oil, al complejo militar-industrial, a sus clientes árabes y siguieron la línea sionista: intensificaron las sanciones, incrementaron las operaciones de comandos, aumentaron la actividad naval en torno a las costas de Irán y ofrecieron el envío de aviones de combate a Irán después de la captura de los marineros británicos implicados en operaciones de espionaje (Blair, por una vez, rechazó la provocación de guerra). Una vez más la ZPC ganó el pulso a Big Oil y al complejo industrial-militar a la hora de dictar a los Estados Unidos la política en Oriente Medio.
De Nunca, en la historia reciente, la política de Estados Unidos en Oriente Medio ha sido sometida a tal bombardeo de presiones en conflicto por parte de antiguos aliados, clientes y adversarios. Los puntos en disputa abarcan cuestiones básicas de guerra y paz, de las cuales las más importantes son las diferentes respuestas al conflicto palestino-israelí, la ocupación de Irak y la invasión y ocupación autorizada de Somalia a cargo de Etiopía y Estados Unidos.
Entre los principales aspirantes a la influencia en la política de Estados Unidos en Oriente Medio se encuentran, en un lado, el ‘partido de la guerra’, liderado por el bloque de poder sionista y sus seguidores en el Congreso y sus aliados entre los militaristas civiles de la Casa Blanca guiados por el vicepresidente Cheney, la secretaria de Estado Rice, el Consejero de Seguridad Nacional para Oriente Medio Elliot Abrams, junto a un ejército de escribas instalados en los puestos más destacados de la cobertura periodística. En el otro lado se sitúa una pequeña minoría de congresistas, ex funcionarios vinculados a Big Oil 2 , un movimiento pacifista dividido, los estados árabes del Golfo, Arabia Saudí y un número de países europeos por una serie de cuestiones específicas.
Hasta la fecha, la Zionist Power Configuration (ZPC) ha hecho que sus partidarios en el Congreso y en la Casa Blanca cierren filas y ha apisonado la oposición interna para asegurar el respaldo incondicional de Estados Unidos a las posiciones de Israel en Oriente Medio. Uno de los ejemplos recientes de la influencia política y mediática de ZPC se ilustra en su rechazo u omisión de un importante documento sobre derechos humanos y civiles en Israel publicado por el Comité de las Naciones Unidas con relación a la Eliminación de Discriminación Racial (publicado el 9 de marzo del 2007). El estudio, realizado por unos 24 expertos, hacía 19 recomendaciones para que Israel pusiera término a la discriminación racial en 25 áreas contra ciudadanos árabes de Israel. Israel rechazó el informe, la ZPC automáticamente siguió el ejemplo, así como Washington.
Sin embargo, hay signos (seguramente débiles) de que el poder visible e invisible de la ZPC está siendo sometido a un escrutinio crítico público e incluso ‘llevado a juicio’ por los clientes de Estados Unidos. El Consejo de Cooperación del Golfo, compuesto por Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudí, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, es el mayor proveedor de petróleo del mundo (por encima del 40 por ciento); se trata de regímenes conservadores y pro-estadounidenses que albergan bases militares americanas y están vinculados a las casas financieras y del petróleo estadounidenses más importantes y se encuentran entre los más destacados compradores de material militar del complejo militar-industrial estadounidense. En un encuentro celebrado a finales de marzo del 2007 instaron a los Estados Unidos a enfrentarse a Irán solo por la vía diplomática y no por la militar o imponiendo sanciones económicas. Israel optó por una posición diametralmente opuesta, presionando por el endurecimiento de las sanciones y por la confrontación militar. Automáticamente, la ZPC se hizo eco de la línea del Partido Israelí (Daily Alert 26-30, 2007). El Congreso y Bush ignoraron a Big Oil, al complejo militar-industrial, a sus clientes árabes y siguieron la línea sionista: intensificaron las sanciones, incrementaron las operaciones de comandos, aumentaron la actividad naval en torno a las costas de Irán y ofrecieron el envío de aviones de combate a Irán después de la captura de los marineros británicos implicados en operaciones de espionaje (Blair, por una vez, rechazó la provocación de guerra). Una vez más la ZPC ganó el pulso a Big Oil y al complejo industrial-militar a la hora de dictar a los Estados Unidos la política en Oriente Medio.
De igual Nunca, en la historia reciente, la política de Estados Unidos en Oriente Medio ha sido sometida a tal bombardeo de presiones en conflicto por parte de antiguos aliados, clientes y adversarios. Los puntos en disputa abarcan cuestiones básicas de guerra y paz, de las cuales las más importantes son las diferentes respuestas al conflicto palestino-israelí, la ocupación de Irak y la invasión y ocupación autorizada de Somalia a cargo de Etiopía y Estados Unidos.
Entre los principales aspirantes a la influencia en la política de Estados Unidos en Oriente Medio se encuentran, en un lado, el ‘partido de la guerra’, liderado por el bloque de poder sionista y sus seguidores en el Congreso y sus aliados entre los militaristas civiles de la Casa Blanca guiados por el vicepresidente Cheney, la secretaria de Estado Rice, el Consejero de Seguridad Nacional para Oriente Medio Elliot Abrams, junto a un ejército de escribas instalados en los puestos más destacados de la cobertura periodística. En el otro lado se sitúa una pequeña minoría de congresistas, ex funcionarios vinculados a Big Oil 2 , un movimiento pacifista dividido, los estados árabes del Golfo, Arabia Saudí y un número de países europeos por una serie de cuestiones específicas.
Hasta la fecha, la Zionist Power Configuration (ZPC) ha hecho que sus partidarios en el Congreso y en la Casa Blanca cierren filas y ha apisonado la oposición interna para asegurar el respaldo incondicional de Estados Unidos a las posiciones de Israel en Oriente Medio. Uno de los ejemplos recientes de la influencia política y mediática de ZPC se ilustra en su rechazo u omisión de un importante documento sobre derechos humanos y civiles en Israel publicado por el Comité de las Naciones Unidas con relación a la Eliminación de Discriminación Racial (publicado el 9 de marzo del 2007). El estudio, realizado por unos 24 expertos, hacía 19 recomendaciones para que Israel pusiera término a la discriminación racial en 25 áreas contra ciudadanos árabes de Israel. Israel rechazó el informe, la ZPC automáticamente siguió el ejemplo, así como Washington.
Sin embargo, hay signos (seguramente débiles) de que el poder visible e invisible de la ZPC está siendo sometido a un escrutinio crítico público e incluso ‘llevado a juicio’ por los clientes de Estados Unidos. El Consejo de Cooperación del Golfo, compuesto por Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudí, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, es el mayor proveedor de petróleo del mundo (por encima del 40 por ciento); se trata de regímenes conservadores y pro-estadounidenses que albergan bases militares americanas y están vinculados a las casas financieras y del petróleo estadounidenses más importantes y se encuentran entre los más destacados compradores de material militar del complejo militar-industrial estadounidense. En un encuentro celebrado a finales de marzo del 2007 instaron a los Estados Unidos a enfrentarse a Irán solo por la vía diplomática y no por la militar o imponiendo sanciones económicas. Israel optó por una posición diametralmente opuesta, presionando por el endurecimiento de las sanciones y por la confrontación militar. Automáticamente, la ZPC se hizo eco de la línea del Partido Israelí (Daily Alert 26-30, 2007). El Congreso y Bush ignoraron a Big Oil, al complejo militar-industrial, a sus clientes árabes y siguieron la línea sionista: intensificaron las sanciones, incrementaron las operaciones de comandos, aumentaron la actividad naval en torno a las costas de Irán y ofrecieron el envío de aviones de combate a Irán después de la captura de los marineros británicos implicados en operaciones de espionaje (Blair, por una vez, rechazó la provocación de guerra). Una vez más la ZPC ganó el pulso a Big Oil y al complejo industrial-militar a la hora de dictar a los Estados Unidos la política en Oriente Medio.
De igual ...continuar en :www.vocesdelperiodista.com.mx/165/13.htm

La UE y los derechos humanos en los países del Mediterráneo

http://www.zmag.org/spanish/wtcshal.htm
Entre los años 50 y 70, los países de la región, o bien conocían regímenes políticos (en general militares o de origen militar) estructurados en torno al papel desarrollista y redistribuidor del estado desde presupuestos nacionalistas, populistas, progresistas y secularistas sui generis (Turquía, Siria, Iraq, Egipto, Argelia, Libia, Túnez,), o bien eran gobernados por monarquías conservadoras de legitimación tradicional y religiosa (Jordania, Marruecos). Aunque habría que establecer grandes diferencias entre ambos tipos de regímenes en lo que respecta el disfrute de derechos sociales y económicos, y en al apoyo popular que llegaron a recibir, compartían el rasgo de ser regímenes autoritarios que no sólo no mantenían discursos liberal-democráticos, siquiera de fachada (con la excepción de Turquía, Líbano y Marruecos), sino que tampoco encontraban una oposición considerable que se expresara en tales términos ni los reivindicara. La situación en Israel y en Cisjordania y Gaza fue relativamente diferente: por su parte, los habitantes palestinos de Israel, musulmanes y cristianos, todos ellos ciudadanos israelíes, vivieron en una sedicente «democracia liberal» en la que sin embargo eran estatutariamente discriminados en la mayoría de los derechos de todo tipo; los habitantes de Cisjordania y Gaza vivieron bajo la administración jordana y egipcia, respectivamente, desde 1948 hasta 1967, mientras que desde 1967 hasta 1994 vivieron bajo la ocupación israelí directa (y desde la última fecha viven bajo la ocupación israelí y bajo administración local palestina, escindida en 2006 entre Cisjordania y Gaza).
Hasta finales de los años 70, la mayor parte de estos regímenes habían conseguido mantener, pese a su carácter fuertemente autoritario, importantes dosis de legitimación popular, muchos por haber surgido de la lucha nacionalista contra la colonización, algunos también por las reformas político-sociales y los logros conseguidos en los terrenos social y económico, y otros por el mantenimiento menos vigoroso de la legitimidad tradicional de unos monarcas fuertemente apoyados, por otro lado, por Estados Unidos y diversos países europeos. La represión generalizada de la oposición política en todos ellos, que incluía las formas más aberrantes de violaciones de los derechos humanos (detenciones arbitrarias prolongadas, encarcelamientos durante largos años, torturas, condenas de muerte e incluso asesinatos), encontraba la tolerancia de algunos sectores de las poblaciones porque se inscribía en el marco de la pugna entre las fuerzas «progresistas, revolucionarias y antiimperialistas» y las fuerzas «conservadoras y reaccionarias», que en algunas ocasiones esconderían meras luchas de poder. No hay que olvidar que la mayoría de los estados de los que estamos hablando no solo provenían de las «luchas (iniciales) de liberación nacional e independencia», sino que se vieron inmersos una y otra vez en enfrentamientos armados civiles, interárabes o con terceras partes, que no hacían sino reflejar la incompletitud de la liberación nacional, las rémoras del colonialismo y el enfrentamiento ideológico y de la guerra fría. Además de las guerras de los países árabes con Israel (en 1948, 1956, 1967 y 1973; en 1956, tras la nacionalización del Canal de Suez, no hay que olvidarlo, con la participación junto a Israel de Francia y Gran Bretaña; en Líbano y Jordania, los enfrentamientos internos, con los palestinos y con Israel en diversas ocasiones a lo largo de los 50 y los 60 (con respectivas intervenciones armadas norteamericana y británica en 1958), que desembocarían en el septiembre negro en Jordania en 1970 y en la guerra civil en Líbano en 1975; la invasión de este último por Israel en 1978 y 1982; la participación egipcia en la guerra civil en Yemen opuesto a Arabia Saudí (1962-1970); los conatos de guerra entre Argelia y Marruecos en 1963 y Egipto y Libia en 1977,… Si a estos datos uniéramos los golpes de estado o intentos de golpe de estado y los magnicidios o intentos de magnicidio que se han producido desde los años 50 hasta hoy en todos los países del mediterráneo árabe y en Turquía la lista sería mucho más larga, y comprenderíamos mejor que la convulsa situación vivida no era la más propicia para el florecimiento del respeto a los derechos humanos.CONTINUAR EN:
<http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61194>

Testimonio: “El año que viene, en Jerusalem”

www.marxismo.org/?q=taxonomy/term/29/0 . Opiniones respetadas
Muchas cosas, malas en su mayoría para nuestra cultura, se sucedieron durante las 20 centurias siguientes en la comarca desde que nos echaron; aunque afortunadamente no a todos, ya que una mínima parte de nuestro pueblo consiguió eludir el destierro y siguió viviendo allí perennemente. Pero mientras tanto y en el decurso del tiempo que duró nuestra (la de los expulsados) masiva ausencia, las más diversas hordas hicieron pie en la zona, algunas de las cuales consiguieron retenerla por décadas o siglos, hasta estragarla por completo. Recién entonces se iban y el sitio era ocupado por nuevos invasores, que lo dejaban aún peor. Y en el ínterin además ocurrió por esos lares el surgimiento del Islam (en el siglo VII de la era común) que llegó para quedarse y también, por medio de la conversión religiosa de los árabes que poblaban el vecindario y un afán expansionista ínsito a su filosofía, terminar por apropiarse, seguramente con la intención de que fuera para siempre, de lo que había sido y era legítimamente nuestro.
En esa larga diáspora, asimismo, tuvimos un revés tras el otro. Acusaciones, burlas, persecuciones, pogromos, ataques de la más diversa índole poblaron por entonces nuestro desventurado transcurrir, para ya en el siglo XX y como derivación del odio acumulado hacia todo lo hebreo durante dos milenios convertirnos, dentro de una guerra que devastó a la humanidad, en las únicas víctimas de un genocidio programado, industrializado y jamás visto anteriormente, mediante el cual se cercenó la vida de la mitad de nuestra gente. Con todo y haciendo honor a una definición surgida posteriormente de la pluma del historiador Paul Jonhson, cuando afirmó que “los judíos son el pueblo más tenaz de la historia” obramos de acuerdo a tal concepto y regresamos, porque ésta era nuestra casa. Antes aún de llevarse a cabo aquella matanza mencionada, llamada Shoá.
Mi familia fue parte de esos pioneros que vinieron a rebrotar el antiquísimo Reino de Israel, cuando el siglo XIX comenzaba ya a languidecer. Arribados por barco a la Bahía de Haifa, al comprobar in situ el deplorable estado que presentaba la región (contaban más tarde mis mayores), su primera reacción fue la de notar una sensible merma del entusiasmo con que iniciaron el viaje. Lo que no resultó óbice para que, sacando fuerzas de flaqueza, siguieran adelante. Primero habitaron en precarias carpas y chozas, sólo empujados por la ilusión y un sueño grande. Que les sirvieron para superar la falta de víveres, de agua y el exceso de pestes que provenían de las cercanas ciénagas; enfermedades y carencias éstas que diezmaron aquellos contingentes de adelantados, los cuales, arrinconados por el paludismo y otras enfermedades, a más de la falta de facultativos y medicamentos debieron enterrar a muchísimos de sus seres queridos, aniquilados por aquella tierra feroz. Pero así y todo no bajaron los brazos, porque tenían pendiente una promesa insoslayable e indelegable hecha a Dios, a sus ancestros y a sí mismos, y a cumplir con ella se dieron de lleno.
El regreso a casa, doloroso por las circunstancias adversas con que debieron enfrentarse, además no fue gratuito. El Imperio había dejado su herencia, en la cual preponderaba el Derecho Romano y dentro de él el Principio de Propiedad, que se hacía valer mediante la tenencia de títulos de posesión. Escrituras éstas que si en el nacimiento de la era común cuando nos echaron tenía nuestra gente, de cualquier modo a los expulsados les fueron seguramente arrebatadas o si no anuladas. Por eso mismo, los dueños legales de las tierras, aunque siendo nuestras, eran otros y hubo que recomprarlas. Y a Dios gracias, Él no nos hizo faltar filántropos tales como los Rotschild, el Barón Hirsch, Moses Montefiori y otros cuantos de su misma estirpe, quienes aportaron gran parte de los fondos necesarios para hacerlo. Mientras que otro tanto hicieron nuestros correligionarios del común en cada punto del globo, que agregaron su ayuda monetaria hasta más allá de lo que podían. Como fuere, cada palmo de tierra debió y fue en aquellos tiempos adquirido con moneda contante y sonante, por lo que no pocos terratenientes árabes hicieron un brillantísimo negocio, vendiéndonos “barro y arena” a precios cada vez más viles. Como vil y más aún fue su comportamiento posterior, cuando, anteponiendo razones religiosas pero en realidad guiados por la codicia, comenzaron, poco a poco, a exigir su devolución.
Desde luego que nuestra comunidad ya asentada en esa Tierra Santa hizo caso omiso a los tales reclamos y siguió con el recobro de su Nación. Pasado no mucho tiempo, principiaron a verse los resultados, que ya permitían vislumbrar un futuro de grandeza. Así el pueblo judío fue transformando esas tierras poco antes feroces en feraces, asomó gracias a ello la vegetación, paralelamente se iniciaron fábricas, se plantaron bosques, se edificaron pueblos y ciudades, y aquello quedó preparado para la buena vida que disfrutarían las generaciones venideras. Sin embargo, todo eso se logró sobre la base de mucho sudor y sangre. Sudor porque prácticamente no había pausa en las tareas, que se realizaban de sol a sol y sangre porque los demandantes árabes, al no ver satisfechas sus exigencias de devolución desataron una guerra sucia contra esos colonos, con el objeto de hacerlos desistir de su empeño por mejorar el sitio y conseguir así que lo abandonasen.
De tal modo, entre ataques arteros, se fue reconstruyendo la patria de los judíos. Y en respuesta a las mencionadas acometidas, traicioneras en todos los casos, hubo que armarse y luchar. Las agresiones de los “fedayines” (comandos de guerrilla árabes) se iban incrementando y no pocos “jalutzim” (adelantados) cayeron por obra de las balas o cuchillos de esos merodeadores mientras trabajaban el campo. Para reprimirlos, hubo asimismo que organizarse y a esos efectos se formó la Haganá (embrión de Tzahal o Ejército de Defensa de Israel).
Pasaron años de incertidumbre, aunque en ningún momento, pese a las circunstancias adversas, se dejó de trabajar en la construcción del futuro país. Y en medio de fatigosísimas labores mientras se resistían solapadas acometidas, llegó 1947, cuando las Naciones Unidas votaron la partición de, como la nombraron maliciosamente los romanos invasores, Palestina. Como consecuencia de ello y ya teniendo en mano el visto bueno de la comunidad internacional, el 14 de mayo del año siguiente, cuando los ingleses que administraban la zona por mandato se retiraban presurosos de ella, David Ben Gurión leyó la proclama de la Independencia de la nueva-antiquísima nación, a la que se denominó: Medinat Israel y tuvimos por fin la patria autónoma con la que soñamos por milenios.
Decía que para coronar ese “desideratum” <2> de establecernos en un país propio e independiente, tuvimos que pasar por acusaciones, burlas, persecuciones, pogromos y ataques de la más diversa índole, para ya en el siglo XX y como derivación del odio acumulado hacia todo lo hebreo convertirnos, dentro de una guerra que devastó a la humanidad, en las únicas víctimas de un genocidio programado, industrializado y jamás visto anteriormente, mediante el cual se cercenó la vida de la mitad de nuestra gente. De cualquier manera y aun tomando en cuenta semejantes funestos antecedentes, lograr la consecución del milenario sueño, no podía resultarnos de modo alguno tan sencillo. Y de hecho no lo fue. Porque casi simultáneamente a que Ben Gurión terminara de leer el acta fundacional, cinco ejércitos árabes se lanzaron sobre nosotros, aprovechando nuestra carencia de armamentos y aparente indefensión. Aunque para su decepción, se toparon con una sí que ingrata sorpresa, ya que no contaron con la determinación y unidad de nuestro pueblo y fueron derrotados. Sin embargo, con ello habían dado comienzo a una hostilidad que hasta el día de hoy no se ha detenido y gracias a la cual Oriente Medio quedó inmerso en un mar de sangre. De ellos y nuestra y sin que se vislumbre aún su final.
De cualquier manera, los israelíes tuvimos la particularidad de seguir impertérritos con nuestra forja y, mientras enfrentábamos las muchas agresiones de las que fuimos objeto, en el transcurso de pocos años conseguimos edificar una Nación modelo, que contrasta ostensiblemente con el, salvo excepcionales bolsones de riqueza producto de la posesión de abundantes reservas de petróleo que manejan unos pocos, vivir miserable de los vecinos que nos rodean y atacan. Todo ésto luchando contra rivales innobles y mezquinos, quienes prescindiendo de toda pausa intentaron, sin lograrlo, arrebatarnos nuestra creación.
Si bien sumaria, demasiado quizá, ésta fue la historia que a fuerza de trompicones por parte de sus hacedores, derivó en el plasmado de Eretz Israel. Aunque desde hace algún tiempo, lamentablemente, surgió una historia paralela fabricada por los enemigos “que no nos buscamos”, donde en lugar de los buenos de la película pasamos a ser encarnizados genocidas. Por lo cual no nos queda más alternativa que seguir esclareciendo al mundo a efectos que se conozca la verdad, esa que fue tergiversada por gobiernos hostiles y medios de comunicación aprovechadores, transformados hoy y por obra de la conveniencia “en judeófobos y anti israelíes rentados”. Mientras tanto y soslayando dichos tropezones, si Dios así lo quiere, pronto conmemoraremos los 60 años de nuestra Independencia (Haatzmaut). Y si Él lo determina también, lo celebraremos en gran forma, porque la cifra verdaderamente lo amerita.
Pero antes, en este mismo mes, nuestra Nación deberá resolver un asunto que desde la Independencia no dejó de ser su prioridad: firmar la paz. No es quizá el mejor momento, aunque tampoco está dentro de la capacidad prospectiva de la especie humana, a la que pertenecemos, determinar cuál sí lo es. Nos queda entonces esperanzarnos porque aquellos que lleven a cabo las tratativas, obren con cordura y sepan negociar con tino. Y que el Dios que nunca nos abandonó, quiera iluminarlos. Y si todo sale bien, podremos darnos entonces sí a la tarea de preparar los festejos, para en adelante seguir construyendo nuestra patria, pero esta vez sin la ominosa perspectiva de letales enfrentamientos.
Como todos saben, soy sabra desde antes de establecerse el Estado. Puedo decir con orgullo que tomé parte de su realización, trabajando sin desmayos y luchando con armas cuando se hizo necesario. Con tales antecedentes entonces, a mis casi 80 años, puedo permitirme soñar, cosa que hago habitualmente. Es un sueño modesto en el que me encuentro mezclado entre mis hermanos mientras todos celebramos la Independencia en cualquier avenida de cualquier ciudad del país y donde la multitud lo hace golpeándose inocentemente en la cabeza con martillos de plástico y encendiendo esos minúsculos palitos de los que se desprenden estrellitas luminosas, prototípicos de todos los Iom Haatzmaut. Pero, la particularidad que tiene ese sueño, es que toda esa miríada de festejantes está formada tan sólo por niños. No deja de ser un simbolismo, lo sé, puesto que los jóvenes, adultos y viejos también tenemos ese derecho, pero sí la expresión onírica de un anhelo por el que di toda mi vida. Porque las caritas cándidas de esos niños, iluminadas en medio del jolgorio y la consecuente emoción, no hace otra cosa que asegurarnos un venturoso porvenir, ese en el que invertimos tantas ilusiones y vidas.
<1>Si se lee el libro de Joan Peters: “De tiempos inmemoriales”, se comprueba, de acuerdo con la documentación contrastadísima que en él se maneja, que la tierra de Israel no ha estado poblada por palestinos en las épocas moderna y contemporánea, tal como se desprende de los relatos de viajeros de los siglos XVIII, XIX y XX, sino que era un territorio casi vacío.
Son más de cincuenta los libros y relatos de viajeros europeos manejados para afirmar que todos coinciden en no haberse encontrado nunca con nadie en el 90% de las tierras que actualmente forman el Estado de Israel, el Reino de Jordania, la República de Siria y El Líbano, que no se sabe realmente lo que es hoy, o a quien obedece. René de Chateubrand en su Viaje de París a Jerusalén expresa la extrañeza que se siente ante la desolación y la despoblación total de la Tierra Santa, y Alphonse de Lamartine, que la visitó en 1835 para meditar y tratar de armonizar su fe cristiana con el racionalismo filosófico del siglo XVIII, dice en su libro “Recuerdos de Oriente” que 'fuera de las puertas de Jerusalén no vimos ningún ser viviente ni escuchamos sonido alguno': no había gente. El estadounidense Mark Twain, que visitó la zona en 1867, afirma: 'Tal desolación existe aquí que no se puede describir; hemos llegado a Tabor... no hemos visto a ningún ser humano en todo el viaje'. Diez años antes, el cónsul británico para Palestina declaraba: 'El país está vacío de habitantes y sería necesario que tuviese alguna población'. Si se consulta el censo turco para la región, de 1882, cosa que yo tuve ocasión de hacer un siglo después, en toda la tierra de Israel, parte del Líbano, Jordania y Sinaí hay 140.000 habitantes, tanto árabes como cristianos y judíos. ¿Dónde estaba el milenario pueblo palestino?. En ninguna parte. Mejor dicho: quienes se dicen sus descendientes estaban en Jordania, Siria y Egipto. De esos países llegaron en el primer tercio del siglo XX a la Tierra Prometida. Prometida porque la presencia cada vez más numerosa de los judíos sionistas creó fábricas, saneó el suelo, creó mano de obra; al reclamo de la actividad judía se arracimaron en una tierra que nunca habían habitado por la sencilla razón de que era inhabitable por su insalubridad y pobreza. Debido a este hecho, y sobre todo a la inmigración judía de socialistas idealistas procedentes de Europa del Este, que se establecieron en kibutzim y moshavim a modo de granjas y fábricas colectivas, la población se disparó, y los árabes, que habían despreciado la tierra hasta entonces emigraron a ella en número de 650.000 en 1922, ubicándose precisamente en los lugares donde los judíos habían creado riqueza y trabajo. Aquel mismo año el gobernador británico del Sinaí puso de relieve que aquella inmigración era en su mayor parte ilegal, y que procedía de Transjordania, Egipto y Siria. En 1930 las autoridades inglesas del Mandato apoyaban el conocido y poco recordado Hope Simpson Report diciendo: 'la lista de parados está ampliándose por la constante inmigración árabe a través de Transjordania y Siria', información que se ve corroborada por fuentes árabes de la época: el informe del gobernador del distrito sirio de Hauran, Tewfik Bey El-Haurani, que escribe: 'Más de 300.000 sirios de Hauran se mudaron a la tierra de Israel en estos años de 1930'. Y el primer ministro inglés W. Churchill dijo en 1939: 'Lejos de ser perseguidos, los árabes se han desplazado al país desde sus países de origen'. Los judíos eran el polo de atracción gracias a los puestos de trabajo que estaban creando.
Pancracio Celdrán
Dr. en Filosofía y Letras. Master en Historia Comparada.

Se respeta la opinion

La Colonia Árabe en Barranquilla marcha contra Agresión al Líbano

http://www.encuentroculturalcolomboarabe.org/
Árabes marchan en Barranquilla contra"agresión brutal" de Israel al LíbanoCentenares de miembros de la comunidad árabe que vive en la costa norte de Colombia marcharon en Barranquilla en rechazo a la "agresión brutal" de Israel al Líbano y reclamaron que el Gobierno colombiano se pronuncie sobre este lamentable e indiscriminado episodio bélico.La comunidad colombiana de origen árabe reclamó en un comunicado el pronunciamiento oficial del Gobierno del presidente Álvaro Uribe "condenando los actos de barbarie cometidos por Israel, manifiestamente violatorios de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario y recientemente censurados por la Organización de las Naciones Unidas".Los manifestantes reclaman el fin de los bombardeos israelíes y el respeto por sus familiares que viven y padecen los ataques. La nota "condena de manera categórica la agresión brutal contra la sociedad civil del pueblo libanés, por parte del Ejército israelí".Alude a la "matanza indiscriminada de niños, mujeres indefensas y civiles en general, además de la destrucción masiva de la infraestructura del país como carreteras, puentes, sistemas de acueducto, estaciones de energía, casas, edificios y sedes de medios de comunicación, entre otros".Para esa comunidad, "la única solución posible es política y debe garantizar los derechos fundamentales de los pueblos libanés y palestino". Subraya que "debemos apelar a la justicia para alcanzar la paz duradera".La marcha en Barranquilla fue liderada por los consulados de Líbano y Siria, y en ella participaron la Asociación de Parlamentarios Colombo-Árabe, la Fundación Cultural Colombo Libanés, la Unión Colombo Árabe, la Cámara de Comercio Colombo Árabe, la Fundación Cultural Colombo-Palestina y el Colegio Colombo Arabe.Los manifestantes, tras recorrer en calma algunas calles, se concentraron en la Plaza de La Paz, en el centro de Barranquilla, capital del departamento de Atlántico. En esta urbe y otras ciudades y pueblos del litoral atlántico colombiano viven miles de ciudadanos de origen árabe.El pasado domingo en Bogotá cerca de mil libaneses y colombianos de origen libanés marcharon por varias calles con el objetivo de pedir el fin de los ataques israelíes al Líbano.

RCN

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